
Anituy Rebolledo Ayerdi
(Segunda de tres partes)
El intervencionismo
La injerencia en el asunto coprero de dos secretarios de Estado y aspirantes a la Presidencia de la República, le dará al mismo una perspectiva extraña y, por qué no decirlo, sospechosa. Uno ellos era el profesor Juan Gil Preciado, secretario de Agricultura, cuyo adelantado en la entidad era el diputado César del Ángel Fuentes. El otro era Luis Echeverría Álvarez, secretario de Gobernación, cuyo cuñado, diputado Rubén Zuño Arce, asesoraba a la URPC y no gratuitamente.
La rebelión
Durante el Octavo Congreso Coprero, Jesús Flores Guerrero, de San Marcos, le gana la presidencia de la URPC a Julio Berdeja Guzmán, con las protestas enérgicas de Eligio Serna Maciel y Lucio Ríos. El primero denuncia irregularidades y acusa a Zuno Arce de haber amañado la elección en su calidad de “árbitro” del proceso. La Secretaría de Agricultura la encuentra efectivamente adulterada y niega por ello el registro de la Unión encabezada por Flores Guerrero.
Julio Berdeja, asesorado por César del Ángel, se proclama entonces presidente auténtico de la URPC y levanta una verdadera rebelión coprera a lo largo de toda la Costa Grande. Se denuncia como un gran fraude el combate contra la “fungosis” –se llega a afir-mar que las palmas son rocia-das no con fungicidas sino con agua y cal– y se exigen cuentas claras y la derogación del impuesto de trece centavos por kilogramo de copra. El ya incontenible movimiento opositor anuncia su primera asamblea para el 20 de agosto de 1967 en el edificio de La Coprera de Acapulco, a las 10 de la mañana.
La agenda de la reunión matutina contiene dos puntos esenciales: rendición de cuentas de 40 millones de pesos erogados en el combate de una enfermedad del cocotero y la derogación del impuesto de 13 centavos por kilogramo de copra, ¡Una bomba!
Guateque costeño
La reacción de la Unión Regional de Productores de Copra (URPC) resulta tan sobria como eructo en el comedor. No cuestiona la legitimidad de la convocatoria ni califica de absurda su agenda. Tampoco llama a los disidentes a la unidad y al diálogo conciliador. Anuncia, por el contrario, un guateque costeño con música, barbacoa y chupe para celebrar “un aniversario más” de la organización. Fecha: 20 de agosto de 1967. Lugar: La Coprera de Acapulco. Hora: 10:00. Cautos, no advierten que será de “traje”: “Yo traje mi .45, yo mi M1”.
Frente a presagio tan ominoso, se producen pronunciamientos, condenas y advertencias que finalmente nadie escuchará.
Quienes confiaban en que todo estaba bajo control y que el gobierno del estado encontraría al conflicto una solución salomónica, desconocían la tozudez etílica del gobernador Raymundo Abarca Alarcón.
El gobernador
El doctor Raymundo Abarca Alarcón llega a gobernar Guerrero con la idea de encabezar un Club de Leones y una visión política de comisario municipal de Salsipuedes. Más tarde entregará el mazo y la campana a una camarilla truhanesca al mando de su cuñado, Bulmaro Tapia Terán, mientras él vivirá interminables días de vino y mujeres. A nadie sorprenderá entonces que un gobierno así se caracterice por su insensibilidad frente a los problemas sociales y por una incontrolable violencia institucional.
Muchos cocos… pocos huevos!
El gobernador Abarca Alarcón eleva la voz ante un grupo de copreros de la URPC dirigida por el sanmarqueño Jesús Flores Guerrero.
Se los digo señores y esta es una decisión irrevocable: ni policía ni ejército custodiarán la reunión del 20 de agosto en La Coprera. Muy lúcido estaría yo gestionando ante la Zona Militar vigilancia de soldados para una juerga de borrachos. Porque de eso se trata la dizque asamblea, de una pachanga, ¿no es cierto? Están jodidos si creen que por ustedes voy a hacer el ridículo y comprometer a mi gobierno. Queda en sus manos celebrar o suspender la reunión, lo que sí les digo una cosa: “¡ustedes tendrán muchos cocos pero les faltan güevos!”.
Si tienen miedo, insistirá Abarca Alarcón, suspendan el festejo pero a mi no me involucren… acabo de hablar con el secretario de Gobernación (Luis Echeverría Álvarez) y me dio la razón. Me dijo: “Usted, señor gobernador, como el chinito: nomás milando”, mientras César del Ángel se apodere del edificio. A ver quién lo saca: ¡yo no! Ese hijo de puta se vale del fuero para alborotar en Guerrero, ello en lugar de ir a Veracruz a chingar a su madre. ¡Vamos a ver si el fuero le quita los chingadazos!”.
Abarca cuelga el teléfono y vuelve a su diatriba con los copreros siendo interrumpido por una nueva llamada telefónica y que al tomarla los copreros adjudican su laconismo a que tiene trabadas las quijadas por el coraje. Su conversación transcurre a base de monosílabos y concluye con un parlamento casi escénico: “sí señor, cómo no, señor, a sus órdenes señor”. Cuelga y vuelve con ellos ya relajado para preguntar al grupo;
–¿Y qué me dicen de los amigos? (subrayado). El gobernador aplica una carga maliciosa al referirse a “los amigos”. ¿No han pensado en ellos para solucionar el problema? ¿No se les ha ocurrido invitarlos?. De seguro que no porque a ustedes nada bueno se les ocurre. ¿Para cuándo son entonces los amigos sino para cuando se les necesita? Los amigos son para los momentos difíciles y este es uno de ellos. Los amigos, estoy seguro, pondrán las cosas en orden y en su lugar, mejor aún que la policía y el ejército juntos. Anden, llámenlos y salúdenlos de mi parte… (Aunque con fama de parco, el doctor RAA sabía monologar de corridito).
Los amigos
“Los amigos” sugeridos por el gobernador de Guerrero formaban la “Hermandad del Gatillo”, integrada por los más efectivos pistoleros de la entidad, matones, pues. Buena parte de ellos tenían un corrido trovado y otros hacían méritos para tenerlo. Veneraban en calidad de santo laico al Chante Luna, un asesino despiadado autor de medio centenar de homicidios. Al grupo compacto y nada hermético se le conocía en la Costa Grande como La Gamba y en la Costa Chica como La Brosa. Una convocatoria nunca imaginada incluso por la mafia italiana. Allí estaban El Animal, El Chacal, La Yegua, El Alacrancito, El Perro con Rabia, El Coyote, El Zanatón y El Toro sin Cerca.


