13 julio,2018 6:52 am

Hasta en la sopa

Andrés Juárez
Ruta de Fuga 
 
A principios de este año se confirmó lo previsible. Partículas microscópicas de plástico se hallaron en botellas de agua purificada de todo el mundo. Los gigantes del agua embotellada a nivel mundial dicen que Orb, organización que llevó a cabo el estudio, exagera. “Para el caso de las partículas de plástico de un rango de 100 micras o 0.10 milímetros de tamaño, los análisis realizados por Orb en la Universidad Estatal de Nueva York revelaron un promedio mundial de 10.4 partículas de plástico por litro. Se confirmó que estas partículas eran de plástico al utilizar un microscopio infrarrojo estándar industrial”, dice el comunicado de la organización. Otros estudios encontraron que una cantidad considerable de microplásticos llegan al estómago del ser humano (y de ahí a la sangre) mediante los mariscos y pescados. ¿qué efectos va a tener esto en la salud pública a largo plazo? Aún no lo tenemos claro. Microplásticos y tinturas flotan por doquier.
En 1917 un barco francés que transportaba municiones explotó en las playas de Nueva Escocia. El sociólogo Samuel Prince estudió entonces los efectos de peligros provocados por acciones humanas y postuló que las catástrofes traen consigo un rápido cambio social. Este planteamiento ha sido utilizado para estudiar la construcción social del riesgo de “desastres naturales”. Ahora sabemos que los desastres nunca son naturales sino provocados directamente por acción y/u omisión humana. ¿Es el asunto de los plásticos una catástrofe ambiental o desastre natural sin precedente, mayor incluso que los efectos del cambio climático? Estamos por verlo.
En las últimas décadas del siglo pasado el problema del plástico se reducía a un asunto de contaminación visual. “Ponga la basura en su lugar”, decían las campañas de concientización. En Estados Unidos los cabilderos de grandes empresas generadoras de envases plásticos convencían a la sociedad de lo horrible que era dejar los plásticos en la vía pública, pero jamás hablaban sobre lo dañino que era consumir envases de plástico. Desde entonces toda la responsabilidad fue transferida a los consumidores, sin tocar a los productores (generadores del problema).
Este año, la Semarnat inició una campaña de comunicación ambiental que ha resultado un rotuno éxito: “Sin popote está bien”. No porque el popote sea el único problema, sino que de una manera lúdica y creativa ha logrado movilizar a empresas y sociedad hacia la búsqueda de alternativas para el consumo de plásticos de un solo uso. La mesa está puesta para que ahora desde la legislación se prohíba completamente la producción y mal manejo de plásticos y se deje de responsabilizar a los consumidores.
Campañas como “Sin popote está bien” no son en sí mismas una solución sino una estrategia de construcción del riesgo. Una vez que la sociedad reconoce que estamos ante un problema de dimensiones sin precedente, los gobiernos tienen todos los elementos para imponer medidas correctivas de fondo que permitan solucionar el problema. Hacerlo al revés puede generar los efectos contrarios. No importa la buena intención con que se impongan medidas, si la sociedad no está convencida de la necesidad, la política pública está destinada al fracaso.
En la entrega pasada de esta columna escribía sobre los devaneos de un muchacho que desea desplastificarse pero se le complica. Se le complica porque todo en derredor está hecho de plástico. En sentido estricto, la vida moderna es de plástico. Por todos lados surgen ante la catástrofe iniciativas para reciclar, reducir, reusar el plástico. Yo añadiría recoger. Unos buzos imaginaron que con hacer unas pulseras para colectar fondos podrían colaborar en recoger basura del mar y las playas. Unos estudiantes inventaron una forma de hacer concreto para carreteras a base de plásticos. Alguien más ya ha construido casas con “tabiques” de botellas PET. Una señora lleva su bolsa de tela al supermecado, otra más alternativa lleva chiquihuite, una más guarda y reutiliza las bolsas de plástico que como desgracia no dejan de llegar a su casa. En fin, los consumidores, entre la culpa y la esperanza, inventamos formas de reducir la huella plástica. En Suiza todo se usa para generar energía, nos echan en cara. ¿Y la responsabilidad de la industria que no busca innovación para que sus mercancías no vengan en envases de un solo uso? Mientras tanto, la industria sigue, crece y acumula.
Con los antecedentes y las campañas exitosas, la construcción del riesgo está iniciada. La mesa está lista para que a la de ya se impongan medidas contra los productores y no se deje la responsabilidad solamente a los consumidores y a los sistemas de limpia de las ciudades. Veremos si ya tenemos la fuerza para eso o seguiremos teniendo plásticos hasta en la sopa. 
La caminera
En la trienal de arte contemporáneo en Brujas, Bélgica, un equipo de diseño fabricó una ballena de 12 metros de altura y cinco toneladas de residuos plásticos extraídos los océanos Atlántico y Pacífico sur. Esta ballena puesta en posición de saltar desde uno de los canales de la ciudad tiene la intención de hacer conciencia sobre los efectos del plástico en la vida marina. Todas las acciones contribuyen. En un país con 11 mil kilómetros de litoral entre con dos océanos, acciones así nos hacen mucha falta.