
Hasta mañana martes han de encontrarse los 12 miembros del jurado y los suplentes que decidirán la culpabilidad o inocencia del presunto ex jefe del Cártel de Sinaloa, el más importante de la historia de México.
Nueva York, EU, 5 de noviembre de 2018. Veintiún meses después de la extradición de Joaquín “El Chapo” Guzmán desde México, el proceso penal en su contra arrancó hoy en una corte federal de Nueva York con la selección del jurado que tendrá en sus manos el destino de quien estuvo considerado como el narco más poderoso del mundo.
Hasta mañana martes han de encontrarse los 12 miembros del jurado y los suplentes que decidirán la culpabilidad o inocencia del presunto ex jefe del Cártel de Sinaloa, el más importante de la historia de México.
Sus identidades serán anónimas y estarán protegidos y custodiados por agentes armados durante los entre tres y cuatro meses que se estima que durará el juicio para evitar coacciones del entorno de El Chapo –un apodo que el narco debe a sus poco más de 1.60 metros de estatura–.
El sexagenario Guzmán, al que las autoridades de Estados Unidos consideran responsable de la introducción de toneladas de droga en el país al frente de un “imperio criminal”, está acusado de 11 cargos de narcotráfico, conspiración y lavado de dinero.
El más importante es el de manejo de organización criminal. Pero sólo con que sea considerado culpable en uno de ellos puede ser condenado a cadena perpetua en el juicio por narcotráfico más importante de las últimas décadas en Estados Unidos.
La selección del jurado no se presenta fácil en la Corte Federal del Distrito Este de Nueva York, un tribunal que se encuentra en el extremo que el Puente de Brooklyn tiene en ese barrio de Nueva York. En el de enfrente, en Manhattan, está la cárcel de máxima seguridad en la que El Chapo ha estado en aislamiento desde su extradición a Estados Unidos, el 19 de enero de 2017.
Durante el pasado verano, la fiscalía y la defensa de El Chapo acordaron un cuestionario preliminar que, con 120 preguntas escritas sobre más de 30 páginas, permitió hacer una selección inicial entre mil potenciales jurados elegidos aleatoriamente en el distrito de Brooklyn, el correspondiente a la corte.
“¿Ve programas de televisión o lee libros sobre crimen, incluidos programas sobre tráfico o cárteles de droga, el sistema de justicia criminal o instituciones correcionales?”, inquiría una. “¿Ha leído, visto o escuchado sobre el Cártel de Sinaloa?”.
“¿Conoce usted a Jesús Malverde?”, decía otra. Es el llamado “santo de los narcos”. En una capilla en su honor en Sinaloa arrancó en 2014 una manifestación contra la extradición de El Chapo a Estados Unidos, después de su arresto tras su primera fuga. La segunda tuvo lugar en 2015.
En tiempos de Donald Trump y sus ataques a México, a los potenciales jurados se les preguntó entonces también si tenían “puntos de vista personales” sobre los mexicanos, además de si ellos o su familia habían tenido alguna experiencia con las drogas que El Chapo está acusado de distribuir: cocaína, heroína, metanfetamina y marihuana.
Así se llevó a cabo un descarte para dejarlos en aproximadamente medio centenar. Y es entre ellos que ahora se hace la selección final en una sala del tribunal. El proceso, sin embargo, no es el habitual: el interrogatorio público de los posibles jurados se ha convertido en semiprivado porque la fiscalía teme por su seguridad y el juez la ha respaldado.
Los fiscales, incluso, expresaron al magistrado Brian Cogan su temor a que entre los periodistas que cubren el mediático proceso pudieran infiltrarse miembros del Cártel de Sinaloa.
Por eso la selección final se lleva a cabo ante la presencia única del juez, la defensa, la fiscalía y cinco periodistas obligados a facilitar después toda la información y todos los detalles al resto de los miembros de la prensa que cubren el proceso.
El juicio oral en sí arrancará el martes 13 de noviembre con las exposiciones iniciales de la fiscalía y la defensa de El Chapo.
El proceso debería haber comenzado el 16 de abril, la fecha incial que fijó el juez, pero fue aplazado en dos ocasiones a petición de la defensa ante la ingente cantidad de material a manejar. Solo de la fiscalía, los abogados de El Chapo han recibido más de 340 mil páginas de documentos. (Texto: DPA)
El juez de El Chapo habla chino y tiene aspecto de general
Hasta mañana martes han de encontrarse los 12 miembros del jurado y los suplentes que decidirán la culpabilidad o inocencia del presunto ex jefe del Cártel de Sinaloa, el más importante de la historia de México.
Sus identidades serán anónimas y estarán protegidos y custodiados por agentes armados durante los entre tres y cuatro meses que se estima que durará el juicio para evitar coacciones del entorno de El Chapo –un apodo que el narco debe a sus poco más de 1.60 metros de estatura–.
El sexagenario Guzmán, al que las autoridades de Estados Unidos consideran responsable de la introducción de toneladas de droga en el país al frente de un “imperio criminal”, está acusado de 11 cargos de narcotráfico, conspiración y lavado de dinero.
El más importante es el de manejo de organización criminal. Pero sólo con que sea considerado culpable en uno de ellos puede ser condenado a cadena perpetua en el juicio por narcotráfico más importante de las últimas décadas en Estados Unidos.
La selección del jurado no se presenta fácil en la Corte Federal del Distrito Este de Nueva York, un tribunal que se encuentra en el extremo que el Puente de Brooklyn tiene en ese barrio de Nueva York. En el de enfrente, en Manhattan, está la cárcel de máxima seguridad en la que El Chapo ha estado en aislamiento desde su extradición a Estados Unidos, el 19 de enero de 2017.
Durante el pasado verano, la fiscalía y la defensa de El Chapo acordaron un cuestionario preliminar que, con 120 preguntas escritas sobre más de 30 páginas, permitió hacer una selección inicial entre mil potenciales jurados elegidos aleatoriamente en el distrito de Brooklyn, el correspondiente a la corte.
“¿Ve programas de televisión o lee libros sobre crimen, incluidos programas sobre tráfico o cárteles de droga, el sistema de justicia criminal o instituciones correcionales?”, inquiría una. “¿Ha leído, visto o escuchado sobre el Cártel de Sinaloa?”.
“¿Conoce usted a Jesús Malverde?”, decía otra. Es el llamado “santo de los narcos”. En una capilla en su honor en Sinaloa arrancó en 2014 una manifestación contra la extradición de El Chapo a Estados Unidos, después de su arresto tras su primera fuga. La segunda tuvo lugar en 2015.
En tiempos de Donald Trump y sus ataques a México, a los potenciales jurados se les preguntó entonces también si tenían “puntos de vista personales” sobre los mexicanos, además de si ellos o su familia habían tenido alguna experiencia con las drogas que El Chapo está acusado de distribuir: cocaína, heroína, metanfetamina y marihuana.
Así se llevó a cabo un descarte para dejarlos en aproximadamente medio centenar. Y es entre ellos que ahora se hace la selección final en una sala del tribunal. El proceso, sin embargo, no es el habitual: el interrogatorio público de los posibles jurados se ha convertido en semiprivado porque la fiscalía teme por su seguridad y el juez la ha respaldado.
Los fiscales, incluso, expresaron al magistrado Brian Cogan su temor a que entre los periodistas que cubren el mediático proceso pudieran infiltrarse miembros del Cártel de Sinaloa.
Por eso la selección final se lleva a cabo ante la presencia única del juez, la defensa, la fiscalía y cinco periodistas obligados a facilitar después toda la información y todos los detalles al resto de los miembros de la prensa que cubren el proceso.
El juicio oral en sí arrancará el martes 13 de noviembre con las exposiciones iniciales de la fiscalía y la defensa de El Chapo.
El proceso debería haber comenzado el 16 de abril, la fecha incial que fijó el juez, pero fue aplazado en dos ocasiones a petición de la defensa ante la ingente cantidad de material a manejar. Solo de la fiscalía, los abogados de El Chapo han recibido más de 340 mil páginas de documentos. (Texto: DPA)
El juez de El Chapo habla chino y tiene aspecto de general

El juez Brian Cogan tiene cierto aire de general de la Guerra Civil estadunidense. Es sobre todo la forma de sus patillas, unidas al mostacho y la barba blanca, lo que recuerda a aquellos tiempos de la historia norteamericana.
Pero el magistrado exhala también algo de augusto per se. En su túnica negra y con sus gafas, aparece con paso decidido, pero nunca apresurado. Habla como camina, su dicción es siempre clara y nunca en la sala levanta la voz.
A sus 64 años, está a punto de pasar a la historia de la Justicia estadunidense como el responsable de juzgar a Joaquín El Chapo Guzmán, a quien las autoridades estadunidenses llegaron a considerar el narcotraficante más poderoso del mundo. La ciudad natal del juez, Chicago, lo declaró de hecho enemigo público número uno.
Cogan es uno de los jueces de la Corte Federal del Distrito Este de Nueva York, sita en el barrio de Brooklyn, y el caso del presunto ex jefe del Cártel de Sinaloa le cayó asignado la noche del 19 de enero de 2017, cuando Guzmán aterrizó en la ciudad extraditado por México.
El magistrado ocupa su puesto allí desde 2006, cuando lo nombró el entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush.
La mayor parte de su carrera la había desempeñado hasta entonces en la firma Stroock & Stroock & Lavan, donde se centró en litigios comerciales, incluida responsabilidad contable, fraude, insolvencia y litigios transfronterizos. Además ha dado clases como profesor adjunto en la Escuela de Leyes de Brooklyn.
El Chapo se ha dirigido siempre a él con gran respeto durante las vistas orales preparatorias de su juicio que se han venido celebrando regularmente desde su extradición. Ha hablado poco el narco mexicano en ellas, sólo cuando el magistrado le ha pedido hacerlo. “Sí, señor”, le contesta Guzmán.
En ocasiones se ha permitido alguna ironía o incluso una pequeña broma con la defensa de El Chapo en la corte. Ha llegado también a amonestar elegantemente a los fiscales por no tener bien atados algunos procedimientos.
Pero lo cierto es que, aunque sin estridencias, ha sido implacable respecto a las condiciones de cautiverio de El Chapo, que se encuentra en un estricto régimen de aislamiento y con medidas especiales desde su extradición. Lo poco que ha consentido ha sido básicamente que envíe cartas a su esposa (que tardan meses en llegar porque tienen que ser traducidas y analizadas para descartar que existan mensajes ocultos).
“El Gobierno tiene el legítimo objetivo de impedir que el acusado pueda dirigir el Cártel de Sinaloa desde la cárcel, coordinar cualquier fuga u ordenar cualquier ataque contra individuos que crea que están cooperando con el Gobierno”, dijo Cogan.
Uno de los puntos curiosos en su biografía es que habla chino. Lo estudió en sus tiempos de universitario en la Universidad de Illinois Urbana-Champaign. Llegó a pasar, de hecho, tiempo en Hong Kong, según contó a medios estadunidenses uno de sus antiguos compañeros en la firma legal en la que trabajó.
El año pasado fue el juez en el caso de un estadunidense, Muhamad Mahmoud Al Farekh, condenado como miembro de Al Qaeda por haber participado en un atentado terrorista contra una base de Estados Unidos en Afganistán.
Texto: Sara Barderas, DPA
La cárcel de El Chapo: “el Guantánamo de Nueva York”
Al Metropolitan Correctional Center lo llaman “el Guantánamo de Nueva York”. La cárcel de Manhattan, situada en el extremo que tiene allí el famoso Puente de Brooklyn, es una de las de mayor seguridad de Estados Unidos.
Ha albergado por eso a terroristas de Al Qaeda en espera de juicio. También a Bernard Madoff, el gestor bursátil que hizo temblar Wall Street con su estafa piramidal. Desde la calle se aprecian, sin embargo, pocos indicios de que el gran edificio marrón sea una cárcel. Carece, por ejemplo, de perímetro acotado.
Desde enero de 2017, cuando el narcotraficante fue extraditado desde México, es la prisión en la que Joaquín El Chapo Guzmán ha estado esperando el inicio de su juicio, en el que puede ser condenado a cadena perpetua.
El proceso, que arranca este lunes, tendrá lugar justo en el otro extremo del Puente de Brooklyn, en la Corte Federal del Distrito Este de Nueva York, situada a escasos cien metros del final de la famosa pasarela, en el lado contrario del East River.
Durante el juicio, no obstante, El Chapo estará en otro lugar que no ha sido aún revelado. Su defensa consideró que su traslado a la corte desde esa cárcel jugaría en su contra porque da al jurado una imagen de culpabilidad y peligrosidad.
El dispositivo obliga a cortar el Puente de Brooklyn y consta de una decena de vehículos policiales, algunos blindados, un helicóptero que vigila desde el cielo y una ambulancia.
Guzmán ha estado en una celda en la planta 10 bajo continua vigilancia. Tiene impuestas medidas especiales que se aplican a reos peligrosos, como aislamiento e incomunicación. Todo para evitar, afirma la fiscalía, que pueda fugarse como hizo dos veces en México o seguir dirigiendo el cártel de Sinaloa desde prisión.
No tiene trato con ningún otro preso. Su celda tiene 18 metros cuadrados, está monitoreada continuamente y la luz en ella está encendida las 24 horas del día. Tiene una pequeña ventana opaca a través de la que no se ve el exterior, según contó a DPA, Eduardo Balarezo, uno de sus abogados, pero sí se intuyen los cambios de la luz como para saber si es de día o de noche.
Hay una cama, un escritorio, el retrete y un lavamanos. También una biblia y un diccionario inglés-español. Si no tiene visitas, Guzmán sale de ella sólo una hora al día, en la que lo meten en una habitación en la que hay una bicicleta y una televisión.
Sólo su defensa y sus hijas gemelas de siete años pueden ir a verlo. Se comunican a través de un cristal de seguridad. Los abogados del narco aseguran desde el principio que el estricto régimen de aislamiento ha dañado su salud física y mental.
Texto: DPA / Foto: Mark Milstein, DPA. En la imagen, el Metropolitan Correctional Center en Nueva York. Lo llaman “el Guantánamo de Nueva York”.
Ha albergado por eso a terroristas de Al Qaeda en espera de juicio. También a Bernard Madoff, el gestor bursátil que hizo temblar Wall Street con su estafa piramidal. Desde la calle se aprecian, sin embargo, pocos indicios de que el gran edificio marrón sea una cárcel. Carece, por ejemplo, de perímetro acotado.
Desde enero de 2017, cuando el narcotraficante fue extraditado desde México, es la prisión en la que Joaquín El Chapo Guzmán ha estado esperando el inicio de su juicio, en el que puede ser condenado a cadena perpetua.
El proceso, que arranca este lunes, tendrá lugar justo en el otro extremo del Puente de Brooklyn, en la Corte Federal del Distrito Este de Nueva York, situada a escasos cien metros del final de la famosa pasarela, en el lado contrario del East River.
Durante el juicio, no obstante, El Chapo estará en otro lugar que no ha sido aún revelado. Su defensa consideró que su traslado a la corte desde esa cárcel jugaría en su contra porque da al jurado una imagen de culpabilidad y peligrosidad.
El dispositivo obliga a cortar el Puente de Brooklyn y consta de una decena de vehículos policiales, algunos blindados, un helicóptero que vigila desde el cielo y una ambulancia.
Guzmán ha estado en una celda en la planta 10 bajo continua vigilancia. Tiene impuestas medidas especiales que se aplican a reos peligrosos, como aislamiento e incomunicación. Todo para evitar, afirma la fiscalía, que pueda fugarse como hizo dos veces en México o seguir dirigiendo el cártel de Sinaloa desde prisión.
No tiene trato con ningún otro preso. Su celda tiene 18 metros cuadrados, está monitoreada continuamente y la luz en ella está encendida las 24 horas del día. Tiene una pequeña ventana opaca a través de la que no se ve el exterior, según contó a DPA, Eduardo Balarezo, uno de sus abogados, pero sí se intuyen los cambios de la luz como para saber si es de día o de noche.
Hay una cama, un escritorio, el retrete y un lavamanos. También una biblia y un diccionario inglés-español. Si no tiene visitas, Guzmán sale de ella sólo una hora al día, en la que lo meten en una habitación en la que hay una bicicleta y una televisión.
Sólo su defensa y sus hijas gemelas de siete años pueden ir a verlo. Se comunican a través de un cristal de seguridad. Los abogados del narco aseguran desde el principio que el estricto régimen de aislamiento ha dañado su salud física y mental.
Texto: DPA / Foto: Mark Milstein, DPA. En la imagen, el Metropolitan Correctional Center en Nueva York. Lo llaman “el Guantánamo de Nueva York”.
