
En Copalillo el alcalde panista Julián Castro los ayudó con alimentos y les permitió dormir dos noches en los alrededores del Palacio Municipal, pero la mañana de ayer les dijo que se fueran a pedir apoyo al gobierno estatal. Identifican como Francisco Javier Cuchillo, El Espinoso, al líder del grupo criminal que tiene el pueblo bajo control.
Copalillo, Guerrero, 9 de noviembre de 2018. Huyendo de las amenazas y la represión de un grupo de civiles armados que controla su pueblo, los 70 desplazados de Tlaltempanapa, municipio de Zitlala, la mayoría niños, mujeres y adultos mayores, caminaron dos noches y dos días por cerros y barrancas para llegar a la cabecera municipal de Copalillo, en busca de refugio.
Los desplazados salieron después de las seis de la tarde del sábado pasado de Tlaltempanapa y llegaron la tarde del lunes a Copalillo. Otro grupo llegó el martes porque se perdió en los cerros, contó Víctor, uno de los que encabezó a los desplazados.
Denunció que días antes el presidente municipal de Zitlala, Rogelio Ramos Tecorral y la síndica Rosalba Sevilla Pablillo, quienes llegaron a la presidencia municipal mediante la coalición PAN, PRD y Movimiento Ciudadano, se negaron a brindarles apoyo, e incluso a gestionar que salieran de su pueblo resguardados por militares.
En tanto, ahora que llegaron a Copalillo, el alcalde panista Julián Castro Santos les ayudó con alimentos y les permitió dormir dos noches en los alrededores del Palacio Municipal, pero la mañana de ayer jueves les dijo que se fueran a pedirle apoyo al gobierno estatal.
Desde la mañana y en el transcurso del día, ayer los desplazados permanecieron alojados en una cancha techada de las instalaciones de usos múltiples en la entrada de la cabecera municipal, reguardados por policías estatales a bordo de una patrulla.
Víctor es uno de los pocos que hablan español, y denunció que en Tlaltempanapa se quedó su padre, un hermano y su tío porque fueron detenidos por los hombres armados, demandó a las autoridades estatales y federales que vayan a rescatarlos porque teme por su vida.
Narró que el sábado en la tarde ya cuando había oscurecido aprovecharon que los hombres armados se encontraban reunidos en una casa donde tenían detenidos a sus familiares, para abandonar el pueblo. No caminaron por la carretera ni utilizaron lámparas para evitar que fueran descubiertos y asesinados.
Salieron del pueblo 35 niños y niñas, 21 mujeres y 14 hombres. Entre los niños hay uno de 10 días y otro recién nacido. También un adulto de 70 años.
Víctor contó que al llegar a Copalillo al niño de 10 días tuvieron que arrancarle de sus bracitos unas espinas que se le clavaron al cruzar matorrales. Mientras que su tío de 70 años se cayó en el monte la primera noche y ayer permanecía acostado en el piso debido a los fuertes dolores en la espalda y un pie.
Agregó que ya no podían quedarse más tiempo, pues desde hace cinco años comenzó la presión de los hombres armados encabezados por Francisco Javier Cuchillo, a quien apodan El Espinoso, quien llegó al pueblo desde 2014.
Denunció que días antes de que salieran de Tlaltempanapa les dieron un plazo de cinco días para que se fueran, “si siguen aquí nos vamos a chingar a todos, o al que se quede”, les advirtieron.
Víctor dijo que aún con la amenaza no querían dejar su pueblo, pero el sábado cuando detuvieron a su padre, a su hermano y a su tío creyeron que la advertencia iba en serio y esperaron a que llegara la noche para salir por el monte.
“Caminamos por los cerros desde la nochecita del sábado hasta la tarde del lunes cuando llegamos aquí”, aseguró con un tono de incredulidad.
Explicó que fueron amenazados y presionados porque “no les gusta a ellos que nosotros trabajamos humildemente y en paz, nos negamos a hacerle daño a la gente. Ellos siembran droga y nosotros no, sembramos maíz, frijol, garbanzo y calabaza”.
Lamentó haber dejado todo, su siembra de maíz que estaba a punto de cosechar, su frijol, su garbanzo y calabazas. También, sus animalitos como gallinas y puercos, además de su casa con sus pocas pertenecías, “de seguro ahorita ya se metieron a robarse todo”, dijo nostálgico.
“Pero nos venimos por miedo, ya no quisimos seguir viviendo así”, declaró otro de los hombres adultos, quien añadió que desde antes el pueblo ya se estaba quedando solo, porque mucha gente comenzó a salirse debido a la misma causa.
Agregó que al abandonar ahora ellos Tlaltempanapa solamente se quedaron unas 30 familias, “pero ya son puros ellos”.
Narró que desde hace cinco años los civiles armados que son del mismo pueblo les quitaban sus pertenencias, sus animales, cosechas de maíz, frijol, calabaza, “nos quitan todo y no nos dejan trabajar en paz. Todos andan armados, por eso nos humillan a nosotros que no tenemos nada, nos amenazaban para que nos saliéramos”.
Aseguró que cuando no querían trabajar un día en algunos jornales para el pueblo les cobraban 500 pesos de multa.
“Si tu no ibas a trabajar tenías que pedir permiso y además te castigaban con una multa de 500 pesos. Así llevan 5 años, no había más que hacer, por eso la gente mejor se sale por el miedo que le da, ahora nos tocó salirnos a nosotros”.
Describió que permanecían encerrados en su propio pueblo, “hasta para ir a traer leña nos vigilaban”.
Aseguró que en la misma situación se encuentran otros pueblos de la zona como La Esperanza (municipio de Mártir de Cuilapan), así como Ayotzinapa, Huixcomulco, Tlapehualapa y Quetzalcoatlán de las Palmas, en donde también hay gente armada en el mismo grupo y mantienen amenazados y presionados a los habitantes de esos pueblos”.
Sólo quedan 150 habitantes en el pueblo, “ya son puros malosos
Explicó que hasta el 2016 los integrantes de ese grupo armado se decían policías comunitarios, pero que ahora ya no son policías comunitarios sino gente armada que controla al pueblo, “ahora ya son puros malosos”.
Explicó que de aproximadamente 300 familias y unos mil 800 habitantes, ahora quedan solamente unas 30 familias y unas 150 personas, y que el pueblo se ha quedado sin servicios de transporte y las escuelas de preescolar, primaria y secundaria cerraron debido a la falta de alumnos, porque la mayoría de los que se quedaron son adultos.
Contó que antes de salir pidieron apoyo al presidente municipal de Zitlala, Rogelio Ramos Tecorral y a la síndica Rosalba Sevilla Pablillo.
Declaró que mediante una tía de él que vive en Zitlala contactaron a la síndica a quien le pidieron que les ayudara para que los resguardara el Ejército durante su salida del pueblo, pero la funcionaria la mandó a las instalaciones del DIF municipal en donde la estuvo esperando más de hora y media para que al final le dijera que no había militares.
“Hoy creemos que la sindica y el presidente municipal están aliados con ellos”, y añadió que por eso se trasladaron a Copalillo a donde llegaron a pedirle comida al presidente municipal y un lugar donde quedarse, “porque el de Zitilala no nos ayudó”.
Víctor informó que cuando llegaron a Copalillo, el alcalde Julián Castro Santos, los apoyó con comida y les permitió pernoctar dos noches en los alrededores del Palacio Municipal, pero que ayer en la mañana les dijo que se fueran a pedir apoyo al gobierno estatal.
Los 70 desplazados fueron trasladados la mañana de ayer del kiosco ubicado frente al Palacio Municipal, a la cancha techada de unas instalaciones de usos múltiples del Ayuntamiento, que se encuentran en la entrada de la cabecera municipal.
Ayer la mayoría permanecía tendida en el piso, mientras personal de la Secretaría de Salud les daba consultas, sobre todo a los niños y adultos mayores.
Víctor dijo que como el alcalde ya no quiso que permanecieran cerca del Ayuntamiento, buscaron a un conocido suyo de Copalillo para que les prestara una casa y se alojaran las 70 personas, pero que el personal de Salud les dijo que en las instalaciones donde fueron alojados ayer podían quedarse mientras se resuelve su situación.
Las instalaciones aun cuando son amplias carecen de mobiliario, cuentan con baños pero no hay agua y el servicio de energía eléctrica es deficiente, puesto que solamente era utilizado por el día para entregar los apoyos a los beneficiarios de los programas federales y estatales.
Ante estas circunstancias, Víctor demandó el apoyo del gobierno estatal para que les dote de un terreno en donde puedan construir sus casas y reubicarse, pues dijo que a su pueblo ya no van a regresar, “porque queremos vivir y trabajar en paz para mantener a nuestras familias”.
También pidió que les ayuden con cobertores y colchonetas, porque las tres noches que han pernoctado ahí han sufrido frío y temen que los niños y ancianos se enfermen.
Texto: Zacarías Cervantes / Foto: Lenin Ocampo Torres
