19 marzo,2019 6:25 am

La izquierda revolucionaria y la cuarta transformación

Maclovio Sautto
 
Al finalizar un homenaje al doctor Rafael Aréstegui Ruiz, me invitaron a la construcción de un partido de Izquierda Revolucionaria, tal vez porque en mi intervención en memoria del Flaco Aréstegui, hice votos porque los políticos que se están reagrupando en Morena sean capaces de entender el momento político que estamos viviendo y dejen atrás las prácticas políticas a las que están acostumbrados. Puse como ejemplo a los aspirantes a la gubernatura, como se la pasaban poniéndose piedras entre ellos, en vez de intentar dejar a un lado sus diferencias y poner por delante el proyecto que se está impulsando bajo el emblema nacionalista de la Cuarta Transformación.
Mi respuesta a su pregunta fue no; argumenté que me encontraba en un proyecto educativo en la Costa Chica, donde me he planteado un nuevo modelo de educación que tenga un impacto social tangible, que nuestros egresados vivan de lo que aprendan en la escuela y no de taxistas con título universitario. El segundo argumento que le dije es que nos habíamos quedado en el pasado, el proletariado no solo es minoritario, sino está en peligro de extinción por la automatización de los procesos productivos. Creo que la Izquierda Revolucionaria debe ser más crítica y empezar por reconocer sus errores históricos y sus derrotas. Primero, la guerra sucia acabó con los últimos levantamientos armados en el país; la disyuntiva entre lucha armada contra lucha democrática, la perdimos, ganó el camino electoral. Segundo, la propuesta de la lucha democrática no solo se dio al interior de los grupos de izquierda; dentro del partido oficial (el PRI), se dio la lucha de, si la transformación debía darse al interior del partido o fuera de él, ellos no se planteaban la lucha armada, ahí ganaron los que plantearon la lucha fuera del partido y encabezados por Cuauhtémoc Cárdenas, fundaron junto con la izquierda electoral el PRD, al finalizar el periodo de la guerra fría, con la caída del socialismo en Europa. Nuestro presidente viene de esa fracción democrática del PRI, podremos decir muchas cosas, culpar a nuestro sectarismo, pero todas esas razones o disculpas, aunque la mayoría son ciertas, también son intrascendentes. Además de justificar nuestros errores y visión equivocada en el pasado, nos impide ver las mejores alternativas para el momento político que estamos viviendo.
La verdad cuesta trabajo reconocer nuestros errores y ver los aciertos del vecino, por muy cercano que esté. La lucha contra la corrupción, el reconocimiento de que vivíamos en una sociedad corrupta hasta los huesos, donde los políticos pasaban de una colonia proletaria a vivir una de clase media alta, al obtener una diputación y una zona de súper lujo cuando alcanzaban una presidencia municipal. El acotamiento de salarios por el del Presidente es una extraordinaria medida. Hay que estar vigilantes con los posibles cochupos de nuestros legisladores, porque los concentradores del capital estarán siempre dispuestos a comprar legisladores como en el pasado. El sistema judicial, como el resto del sistema se encuentra en la misma situación de putrefacción apoyado por leyes diseñadas para proteger a los señores del dinero, de ahí que liberen con mucha facilidad a los personajes de la corrupción. El camino elegido, exige la modificación de la ley, para acabar con todos estos males. Creo que este camino establecido por la Cuarta Transformación es correcto y que llevarlo a cabo lo mejor posible, dependerá mucho de la participación de los grupos políticos. Finalmente me pidieron mi opinión sobre el qué hacer, en este momento político. Mi respuesta sería integrarse a luchar dentro de Morena, pugnando por hacer a un lado las viejas prácticas, como andar poniendo piedritas en el camino a sus competidores y conformar un frente para avanzar en consolidar el combate a la corrupción, construir juntos nuevas políticas de desarrollo social, de educación, etc. Todas las áreas de desarrollo requieren de una reingeniería capaz de vencer todos los vicios que nos heredó la sociedad neoliberal impulsada por el PRI y el PAN, donde la concentración de la riqueza aumentó en detrimento de las empresas como Pemex, la privatización de Telmex y la Comisión Federal de Electricidad.
En resumen, la izquierda revolucionaria debe reconocer sus errores y debe integrarse a la lucha de transformar este país haciendo a un lado el sectarismo y apoyando, promoviendo y generando iniciativas que contribuyan a la construcción de un México más justo, donde se dé una mejor distribución de la riqueza generada.