20 marzo,2019 5:29 pm

Las “doulas” cubren un vacío en el sistema sanitario de EU

Lauren tiene 35 años y Elliot es su primer hijo. Las “doulas” son personal no médico que apoyan a las mujeres antes y después del parto.

Nueva York, EU, 20 de marzo de 2019. Lauren se sienta en el sofá gris de su apartamento con vistas a los tejados cubiertos de nubes de Brooklyn y pone al pequeño Elliot en brazos de su doula, Stephanie Heintzeler.

Elliot tiene 13 semanas, lleva un pañalero a rayas grises y gorjea feliz. “Quería hablar contigo sobre la lactancia materna”, dice Lauren. “Las tomas cada vez deberían ser más cortas, ¿verdad?”
“Sí, exactamente”, responde Heintzeler mientras sube y baja suavemente a Elliot sobre su regazo. “Quince minutos es más que suficiente, a veces incluso cinco. Cada vez será más breve y más fácil”.
Lauren tiene 35 años y Elliot es su primer hijo. Las “doulas” son personal no médico que apoyan a las mujeres antes y después del parto.
Heintzeler estuvo presente en el nacimiento de Elliot y visita de forma regular a Lauren para ver cómo se desenvuelve y ofrecerle su consejo.
Las “doulas” son comunes en muchos países, pero no en Estados Unidos donde normalmente el sistema sanitario no ofrece apoyo posparto. Si no hay complicaciones en el parto y madre e hijo están sanos, poco después del alumbramiento el hospital manda sin más a los padres y al recién nacido a casa.
En el hospital, por lo general, los padres únicamente reciben una breve introducción a la lactancia materna y al cambio de pañales.
Las mujeres que quieren una “doula” o alguien que les aconseje de forma personalizada sobre la lactancia suelen tener que pagar por ello ellas mismas, como Lauren.
“Quería que la experiencia en su conjunto fuese lo mejor, más sencillo y menos estresante posible. Por eso pensé que hacer esta inversión tenía sentido”, dice.
“A menudo hablamos por teléfono y cada vez que tengo una pregunta intercambiamos mensajes de texto. Es de una gran ayuda. Si te dedicas a leer todo lo relacionado con el parto y el cuidado a los bebés te vuelves loca”, añade.
“Tener una experta a tu lado a quien pedir consejo es muy tranquilizador. Sería bueno que todas las madres de este país pudiesen tener una”, indica.
Heintzeler sonríe a Elliot, que gorjea todavía, y se lo devuelve a su madre antes de partir. Tiene otra cita en Manhattan. Viaja en metro, siempre cargada con una pesada bolsa llena de material con ella. “Presto servicio a unos 50 padres al año y asisto a unos seis partos al mes, imparto cursos y realizo visitas a domicilio”, explica.
Aunque nació en Estados Unidos, Heintzeler se crió en la ciudad de Bad Homburg, en Alemania occidental, donde se formó como partera.
Después de algunos intentos, lanzó su agencia de “doulas” en Nueva York en 2012. “En 2014 tenía tanto trabajo que no podía hacerlo sola”, asegura. Ahora emplea a 15 personas a las que asigna distintas tareas.
La demanda y el número de “doulas” certificadas aumentó mucho en los últimos años, según The New York Times, que publicó un artículo titulado: “Si todo el mundo tuviera una ‘doula’ posparto”.
Pero en Estados Unidos este servicio sigue siendo un privilegio exclusivo para ricos.
Heintzeler cobra 4 mil dólares por su paquete estándar: disponibilidad al teléfono y mensajes de texto durante el embarazo, presencia en el parto, una visita antes del nacimiento del bebé y otra después.
Hay una gran diferencia en la forma de tratar el embarazo en Estados Unidos y en países como Alemania, afirma Heintzeler. “La cultura es diferente. Trato a las madres alemanas de forma algo distinta que a las estadunidenses. Las norteamericanas trabajan mucho hasta el momento del parto y se sienten abrumadas más rápidamente”, detalla.
“Suelen querer tener un parto natural pero después de sufrir tres contracciones cambian de opinión. No hay nada malo en ello, sencillamente es algo que he constatado”, añade Heintzeler.
“Convertirse en madre es más angustioso aquí, y a los estadounidenses sencillamente les gusta el drama. También hay que tener en cuenta todas las responsabilidades legales que cargan los médicos … Tienen mucho cuidado, a la mínima tienen un pie en la cárcel”.
Por otro lado, trabajar con “doulas” en los hospitales no siempre es fácil, dice una enfermera y comadrona del Hospital Monte Sinaí, que prefiere permanecer en el anonimato.
“Hay ‘doulas’ fantásticas con las que nos llevamos de maravilla pero otras tratan siempre de saltarse las normas del hospital, por ejemplo cuando se oponen por principio al goteo intravenoso. Esas situaciones pueden ser muy complicadas”, explica.
Pero admite que a ella le hubiera encantado tener una “doula” después de dar a luz. “Si el costo no hubiera sido un problema, habría sido importante para mí. Especialmente con mi primer hijo tuve muchos problemas con la lactancia y eso me habría ayudado a controlar mis nervios y a superar mis miedos. Pero no podía permitírmelo”.
Heintzeler corre ya a su próxima cita. “Un alumbramiento exitoso es siempre una experiencia mágica”, afirma esta mujer de 41 años. No tiene hijos propios, pero ha estado presente en más de 2 mil 600 nacimientos.
“Por eso lo hago. Eso lo compensa todo. Un buen parto es algo que una madre recordará el resto de su vida”.
Texto: Christina Horsten, DPA / Foto: DPA