6 abril,2019 6:16 am

El expediente Acapulco

Efrén E. García Villalvazo
Mar de Fondo
 
Sería un error tratar de escribir del evento del hundimiento en Puerto Marqués como un hecho aislado, aunque para propósitos de inmediatez es el trato que le será aplicado. Y no se trata del desgastado recurso de buscar culpables, genuinos o fabricados, para beneficiarse aprovechando la oportunidad. El equivalente a aventarse de panza cuando se rompe la piñata para ganar todos los dulces de la olla de barro rota en mil pedazos.
Sin embargo, en el recuento más reciente de lo que ha pasado en el mar en nuestro estado se asoma una verdad que es innegable: estamos firmemente sujetos con el oceano y tenemos responsabilidad para con él, pues todo lo que hagamos en tierra firme tarde que temprano va a llegar allá. Y nos cuesta trabajo reconocerlo y aceptarlo.
Iniciando hace un mes o poco más, nos enteramos de que una de las causas de la pérdida de las certificaciones Blue Flag fue la descarga directa de aguas residuales al mar en múltiples puntos de la bahía de Acapulco.  A la flamante directora de Ecología municipal le tocó  bailar con la más fea y le entró al tema por demás difícil y peligroso de eliminar las descargas en el puerto, pero que tiene una importancia tal que si solo este problema resolviera durante su gestión pasaría a la historia como una de las mejores funcionarias cumpliendo con su encargo.
Hace unas semanas fueron tortugas marinas que llegaban muertas a las playas. Un trato descuidado por parte de la autoridad ambiental para ofrecer una explicación del hecho– como si nos debieran una explicación– nos obligó como asociación ambientalista a presentar una denuncia ciudadana ante la Profepa para asegurarnos de que se le diera un tratamiento de acuerdo a la gravedad de lo que en aquel momento se avizoraba. Rueda de prensa, preguntas por parte de medios, interés súbito y a continuación el olvido. Lanzamos una campaña para que la gente reportara si encontraba algún ejemplar en su playa y pudimos comprobar que solo hubo una participación morbosa de 2 mil 600 personas para ver fotos de las tortugas muertas que pusimos como ejemplo, pero no recibimos un solo reporte para ayudar a resolver la interrogante de porqué morían. Aún no sabemos con certeza cuál fue la causa de muerte de estos animales.
Siguió el tema de playa Manzanillo, tan manoseado y con tantas opiniones que se presentan como calificadas pero que tienen sustentos tan débiles que cualquier acapulqueño de cepa las echa abajo con la simple comparación contra sus recuerdos de la infancia. La playa no estaba así, ni servía sólo para ser varadero. Era una playa en que las familias acapulqueñas iban a nadar, a esquiar y a bucear. Y lo digo porque yo vivía enfrente y ahí aprendí todas esas habilidades mínimas que teníamos los niños de esa época. Y efectivamente había callos de hacha, peces y pulpos… pero en aquella época. Ahora me permito dudar mucho que se encuentren ejemplares como para dar de comer a 150 buzos que, ahora me entero, laboran en la zona mencionada. Nuevamente, ningún acapulqueño que sepa de mar se la cree.
Rematando la semana nos enteramos del hundimiento de un chalán en la bahía de Puerto Marqués. Esa bahía bella, que robaba el aliento al bajar por la avenida Escénica por lo delicado del trazo de la línea costera arenosa que ahora se ve cruzada por la cicatriz de concreto del muelle de la Marina Majahua.  Esa marina que está rodeada de tantas historias como estudios ambientales que advertían del cambio probable de la línea de costa si se alteraba el arribo del oleaje a la playa, tal como finalmente sabemos que ocurrió. El último testarazo a la playa fue el descuidar el siniestro chalán y permitir que se hundiera con su carga de combustible a bordo, el cual escapó a la superficie con el consecuente daño ecológico.  Afortunadamente la intervención oportuna de la Semar con equipo, personal y entrenamiento especial para el control de derrames evitó que esta mancha se expandiera tanto como sabemos que se expanden las manchas de aceite sobre la superficie del agua. ¿Que tanto daño ambiental habrá producido este derrame?  Dependerá de cuánto alcanzó a escapar del cerco tendido por el personal de la Armada y sobre el tema será interesante saber este dato pues será de mucha utilidad a la autoridad para determinar la responsabilidad por daño ambiental en que incurrió la empresa propietaria del chalán de acuerdo a la Ley Federal de Responsabilidad Ambiental que en su artículo 10 menciona que: Toda persona física o moral que con su acción u omisión ocasione directa o indirectamente un daño al ambiente, será responsable y estará obligada a la reparación de los daños, o bien, cuando la reparación no sea posible a la compensación ambiental que proceda. De la misma forma estará obligada a realizar las acciones necesarias para evitar que se incremente el daño ocasionado al ambiente”.
Esta responsabilidad por daño ambiental aplica para lo que ocurrió en Puerto Marqués, lo que ocurrió en Playa Manzanillo, lo que ocurrió –si es el caso– con las tortugas marinas y finalmente en los sitios en los que empresarios que con mínima visión turística y con absoluto desprecio por la salud pública descargan sus aguas residuales directamente al mar. Es una ley que aplica para proteger a todos.
Confirmamos que estamos firmemente sujetos con el mar y hay una responsabilidad para con él. No es una pose ñoña de conservacionismo a toda costa. Es por conservar los servicios ambientales que provienen de él por un asunto de la más egoísta conveniencia. Es por respirar y comer de los frutos que vienen del eternamente presente mar. Es para mantener la fórmula mínima del éxito turístico de Acapulco que es: arena limpia, mar limpio y palmeras en las playas.
*El autor es oceanólogo, ambientalista y cofundador del recientemente creado Museo de la Isla de La Roqueta