
Ante las críticas que instigan a que las mujeres que denuncian lleven sus casos ante la justicia, subrayan que el objetivo está en visibilizar la violencia para que deje de considerarse algo normal. Promueven la reflexión de los hombres en las agresiones contra las mujeres.
Ciudad de México, 15 de abril de 2019. Es imposible desvincular la carga sicológica y emocional en una denuncia de abuso u hostigamiento sexual, no se trata sólo de un delito sino de una vulneración a la intimidad de una persona.
“Hay denuncias que buscan una repercusión legal, pero otras sólo buscan compartir su historia, saber que alguien les cree, las escucha y las acompaña. Esto es lo más grande que nos ha dado el #MeToo”, señala Citlali Murillo, miembro del colectivo feminista Calles Sin Acoso.
Ante las críticas suscitadas en comentarios que instigan a que las mujeres que denuncian lleven sus casos ante la justicia, la activista subraya que el objetivo del movimiento está en visibilizar la violencia para que deje de considerarse algo normal.
“Lo que hacemos es invertir el ciclo: comenzamos dejando de normalizar la violencia y luego buscamos las consecuencias”, recalca Murillo.
La creadora del proyecto Clitoralia, explica que las redes sociales deben entenderse como un espacio público que se habita, que ha generado una red de confianza y confidencialidad.
“Yo me animé a contar mi historia porque sabía que había más personas que habían pasado por algo así con él, pero me sorprendió darme cuenta que eran más de las que yo pensaba”, narra una denunciante, quien prefirió mantener el anonimato.
“Es un movimiento que comenzó en lo individual, la historia personal que al compartirse públicamente, se convirtió en algo de interés colectivo”, añade Murillo.
Desde los colectivos feministas se resalta que el movimiento ha abierto oportunidades a la visibilización de la violencia, así como a la transformación del lenguaje y a que el género masculino se cuestione sus propias ideas y actitudes.
Promueven la reflexión de los hombres en las agresiones contra las mujeres
Aceptar la responsabilidad que los hombres tienen en la violencia es el primer paso para la transformación.
“Es importantísimo hablar de cómo han vivido los hombres como hombres, cómo aprendieron, cómo han construido sus masculinidades”, señala Ana Sofía Torres, Maestra en Derecho Constitucional y profesora del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO).
“El problema somos los hombres, hemos naturalizado tanto la violencia que viene de nosotros (…) desde la colonización, guerras, hasta la vida cotidiana”, coincide Héctor Robledo, integrante del colectivo No es Amor, es Higiene.
Formado hace cinco años, este colectivo realiza talleres y círculos en la Ciudad de México sobre masculinidad, en donde los hombres pueden comenzar a replantear su papel y asumir la responsabilidad de la violencia de la que son partícipes.
Este grupo realiza talleres para analizar la expresión emocional, la división sexual del trabajo, homofobia, lesbofobia, transfobia y misoginia, y busca que los hombres dejen de acosar sexualmente, de aprovecharse de espacios, diálogos y puedan ser paritarios, así como acompañarse para compartir experiencias.
“Hay que reconocer que si nos están diciendo (las mujeres) que les afecta lo que hacemos lo demos por cierto. Dejemos de decir que exageran, dejemos de negarlo”, puntualiza Robledo.
Actualmente tienen en curso un círculo de reflexión sobre desmontar el machismo. Para más información de este y otro talleres se les puede contactar a través de Facebook en No es Amor es Higiene.
Texto: Yoana Rodríguez / Jonathan Hernández / Agencia Reforma / Foto: DPA


