
Presenta en el festival Cervantino Como un ruido de grandes aguas y anuncia que ya trabaja en un texto de unas 500 páginas, su gran novela.
Guanajuato, 19 de octubre de 2019. Federico Vite está al borde de un gran cambio, pero paradójicamente, sabe que la literatura no lo hará rico ni famoso.
Porque siempre ha ido contracorriente de las modas, de las mafias, del glamour que buscan miles y miles de escritores para que el aparato de los mass media los haga destacar.
No, Federico Vite no busca eso.
Aunque los que han seguido su carrera al detalle saben que ha sido desde siempre, hoy lo enfrenta con entereza y valor al decir que buscará dar otro paso como contador de historias, va por el Big Fish, el Pez Grande, la gran novela.
Así lo contó el viernes durante la presentación de su volumen de cuentos Como un ruido de grandes aguas en la Casa Guerrerense de esta ciudad, como parte del programa literario que se presenta en la 47 edición del Festival Internacional Cervantino.
Acompañado de su avezado colega, el chilpancinguense Andrés Acosta, encargado de hacer la presentación de rigor, el hidalguense por nacimiento, guerrerense por convicción y poblano por conveniencia (aunque él se asume como acapulqueño pues su voz como tal destaca en su obra y el puerto es el escenario de muchas de sus historias), aguantó a pie firme los elogios de su colega: “Es uno de los mejores escritores de Guerrero; “ha ido construyendo poco a poco una sólida carrera”; “se le reconoce más en otros estados que en Guerrero” y otros obuses disparados a su ego que, por supuesto, no hacen mella en el corazón de quien ha recibido más decepciones que otra cosa en el mundillo de la literatura mexicana.
Autor de 13 libros, 12 de los cuales se ambientan en Acapulco, Vite dijo que comenzó escribiendo cuentos, que fue con lo que se dio a conocer y ganó varios premios, y luego dio el paso a la nouvelle o noveleta, novela de corto alcance, en la que se sintió cómodo y lo demostró con obras como Entonces las bestias (2003), Fisuras en el continente literario (2006), Parábola de la cizaña (2012) y Carne de cañón y Bajo el cielo de AK-pulco (2015).
Sobre su relación personal y literaria con el puerto, comenta que precisamente está en un punto de abandonarlo como eje referencial de sus historias: “No me interesa ya buscar más posibilidades de agotar el tema de una ciudad como Acapulco”, comenta, dejando entrever esa relación de amor-odio que siempre lo ha unido con la ciudad, pues si bien ahí se siente a gusto tejiendo sus historias, también le fastidia la naturaleza de un puerto con notables carencias en ciertos sentidos y con una dinámica faraónica en materia turística que nunca ha logrado sacar al puerto del hoyo en que se encuentra.
También se reconoció como un lector de bibliotecas públicas que disfruta el ritual de ir a ellas, leer o sacar un libro para disfrutar de él.
Sin embargo –agregó–, Acapulco ha sido un imán para autores a lo largo de los años: Tennessee Williams, Bruno Traven o incluso, Lucía Berlin, cuya obra está siendo rescatada por las editoriales españolas y que encuentra en Acapulco y Zihuatanejo ejes temáticos de algunas de sus historias.
Andrés Acosta fue más allá, y al defender a los escritores del sur del país, dijo que su desarrollo muchas veces ha dependido de salir del terruño y buscar nuevos horizontes, a diferencia de los autores del centro y del norte del país, que siempre han contado con distintos tipos de apoyos.
Acá por ejemplo, ¿“cómo podríamos generar lectores y posteriores escritores si en el estado de Guerrero no se cuenta con bibliotecas decentes?”. El estado tiene la obligación de promover la lectura y la literatura y no lo hace adecuadamente.
Hemos llegado al extremo –agrega– de que de pronto una famosa revista literaria o una editorial, se dan cuenta que no hay voces de Acapulco o de Guerrero y se ven forzados a publicar materiales temáticos sobre esta parte de la geografía nacional, pero resulta que quienes escriben en ellas ¡no son guerrerenses!, sino autores ya reconocidos que responden a la intención.
Y de ahí que ambos autores lanzaran una propuesta: crear una verdadera recopilación de autores guerrerenses, que cumpliera con los objetivos de dar a conocer a quienes se han visto limitados por la forma en que se administra la literatura en México.
Desde joven, Federico Vite encontró en la literatura de José Agustín su aspiración como escritor. “desde que leí Se está haciendo tarde, me dije: ‘quiero escribir como él’, pero con el tiempo fui encontrando una voz propia.
“Desgraciadamente he comprendido que los criterios de las editoriales no siempre son literarios y por eso digo ahora que la literatura no me hará rico ni famoso.
“Por eso creo que es el momento de dar un paso adelante y avanzar hacia un estado más complejo de mi escritura. Y creo que con la confección de una gran novela de unas 500 páginas me muevo hacia adelante. No sé si alguna editorial se interese en ella, pero lo hago como una necesidad de autor”.
A fin de cuentas, la verdadera literatura pasa por otros filtros que no son los comerciales, remata el Vite de siempre.
Texto: Juan Carlos Moctezuma R / Enviado / Foto: @IMACP (Twitter)
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