6 febrero,2020 4:49 am

Inhuman cuerpo de Ranferi y tres familiares tras examen del equipo forense argentino

“Ni perdón ni olvido, castigo a los asesinos”, dicen familiares e integrantes de organizaciones sociales a más de dos años del crimen. En marzo entregarán dictamen acerca de las causas de la muerte de las víctimas.

Chilapa, Guerrero, 6 de febrero de 2020. Con la consigna: “Ni perdón ni olvido, castigo a los asesinos”, ayer fueron inhumados los cuerpos del dirigente social Ranferi Hernández Acevedo, su esposa Lucía Hernández Dircio, su suegra Juana Dircio Barrios y el joven Antonio Pineda Patricio, en Chilapa y Ahuacuotzingo.

Familiares, normalistas y representantes de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa y de los organismos de defensa de los derechos humanos Tlachinollan y Centro Morelos exigieron a las autoridades el esclarecimiento del múltiple asesinato y castigo a los responsables para que este tipo de crímenes no se repitan.

El crimen ocurrió el 14 de octubre de 2017. Ranferi y su familia desaparecieron cuando viajaban de su natal Ahuacuotzingo a Chilapa. Sus cuerpos dentro de su camioneta incendiada fueron hallados por la noche en esa misma carretera a la altura de la comunidad de Nejapa.

A petición de la familia, los restos de las víctimas fueron exhumados el 18 de agosto de 2019 por peritos de la Fiscalía General del Estado (FGE) para que el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) les realizara una necropsia y estudios de genética para determinar las causas de la muerte, como parte del proceso de investigación.

Ayer, familiares de Ranferi Hernández informaron que los peritos argentinos concluyeron la primera etapa de la identificación de los cuerpos y que prevén que en marzo se entregue otro dictamen acerca de las causas de la muerte de las víctimas, así como uno más de criminalística que detalla el estado del vehículo y la reconstrucción de los hechos.

También indicaron que la FGE no ha entregado ni un avance de las investigaciones del caso a más de dos años con tres meses del hecho.

La primera diligencia se realizó en el panteón de la cabecera de Chilapa a las 10 de la mañana para inhumar a la señora Juana Dircio. Participaron dos peritos y personal de la Fiscalía.

A las 11 y media de la mañana, en el panteón de la comunidad de Nejapa del municipio de Chilapa, se realizó la sepultura del joven Antonio Pineda.

Y la ultima diligencia se realizó poco después de las 3 de la tarde en el panteón de la cabecera del municipio vecino de Ahuacuotzingo.

La inhumación fue acompañada por estudiantes de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, una comitiva de los padres de los 43 estudiantes desaparecidos encabezada por Melitón Ortega, Abel Barrera Hernández del Centro de Defensa de los Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, Manuel Olivares del Centro Morelos, Sayab García de la Asamblea de los pueblos, barrios y colonias de los Pedregales de Coyoacán así como por compañeros de lucha de Ranferi Hernández en el municipio de Ahuacuotzingo.

En su participación en el panteón de Chilapa, Abel Barrera dijo que la tragedia de Ranferi y su familia se enmarca en la situación de violencia de Chilapa donde se ha permitido a los grupos delictivos atentar contra luchadores sociales y contra la policía comunitaria.

Dijo que en esta región y en muchas de Guerrero existe la ingobernabilidad y los ciudadanos viven en la indefensión donde no se salvan, mujeres, menores y mucho menos los hombres que luchan por la justicia.

Dijo que despedían a Ranferi y su familia con fuerza y que continuará la lucha para que se les haga justicia. “No permitiremos que se mancille su memoria”, dijo.

En efecto, en cada inhumación familiares leyeron las biografías de Juana, Antonio, Lucía y Ranferi.

Doña Juanita, de 93 años y madre de diez hijos y una hija, rememoraron, era especialista en la cocina tradicional de Chilapa y lo mismo preparaba un adobo de puerco, un mole rojo o verde, un chilate de res hasta un socorrido de huaje y de chile seco, además de que le gustaba bailar el zopilotito en las fiestas.

 Antonio Pineda de 27 años, era también conocido como El Bulitos, un apodo que heredó de su papá El Bules, por su complexión robusta y su baja estatura. Se dedicaba a cargar carros de volteo con arena del río Nejapa y a la crianza de cerdos. Ranferi fue su padrino de bodas. Con su muerte, Antonio, dejó en el desamparo a tres hijos.

Lucía Hernández de 60 años, fue artesana, trabajadora de la Secretaria de Educación Guerrero y cuidó del hogar y los cinco hijos que tuvieron con Ranferi Hernández. El hogar que juntos construyeron en Ahuacuotzingo y en Chilapa fue también su trinchera de lucha porque ahí dieron refugio y solidaridad a familiares, campesinos, conocidos y amigos.

Ranferi Hernández de 64 años al momento de su muerte, sembró maíz, frijol, calabaza, chile y cacahuate; barbechó y a surcó la tierra con yunta de bueyes; cortó y amarró la hoja de la milpa, azotó el frijol y cargó de leña.

“En la trayectoria de Ranferi se cruzan muchas de las claves del movimiento popular guerrerense: lucha cívica, movimiento social, reivindicaciones gremiales, participación electoral y autodefensa”, explicaron.

Su historial político va desde la campaña del Frente Democrática Nacional de Cuauhtémoc Cárdenas en 1987, las candidaturas a la alcaldía de Ahuacotzingo, la codirigencia estatal del PRD, su diputación local en 1995, el exilio de tres años en Francia de 1997 a 2001 y su aspiración a una candidatura por una diputación federal para la elección presidencial del 2018.

También fundó y dirigió el Movimiento Social de Izquierda y la organización campesina Vicente Guerrero.

“A Ranferi trataron de sobornarlo en múltiples ocasiones. Su esposa fue víctima de un atentado. La persecución en su contra se tornó cada vez más fuerte. Su vida y la de su familia corrían peligro. Fue acusado de participar en el EPR, le fabricaron delitos y le obsequiaron órdenes de aprehensión. Y hace cinco años fue amenazado de muerte”, concluyeron.

Texto y foto: Luis Daniel Nava