
La señora Bernarda huyó con sus cuatro hijos, uno de 12, otra de 8, una más de 6 y una bebé de 10 meses. “Nos venimos a dar lástima acá porque tengo miedo de que nos maten”. Pide que los gobiernos federal y estatal les garanticen su seguridad para regresar a su pueblo
Tlacotepec, Guerrero, 18 de mayo de 2023. Como a las 6 de la tarde del 3 de mayo, doña Bernarda, su nuera y cinco de sus hijos estaban comiendo cuando escucharon un estallido y todos salieron corriendo de su casa para ver qué era, entonces alguien les gritó: “métanse están aventando bombas con drones”.
Bernarda es una de las desplazadas de Nuevo Poblado El Caracol, municipio de Heliodoro Castillo (Tlacotepec), y el lunes narró que así comenzó “el infierno” en su pueblo, que obligó a su familia a salir de ahí al día siguiente.
A dos semanas de su desplazamiento pidió al Gobierno que “arregle las cosas” para regresar con su familia a su pueblo. “Antes ¿a qué regresamos?, ¿a qué nos maten?, ¿a qué regreso a mi pueblo si es como si fuera un infierno allá?, y ya nos dijeron que nos van a matar a toda la familia”.
Ella forma parte del grupo de 250 personas que están refugiadas en la Casa de la Cultura de esta cabecera municipal y que llegaron de Tetela del Río y Nuevo Poblado El Caracol, municipio de Heliodoro Castillo, y de Apaxtla por los enfrentamientos que iniciaron en febrero pasado en estas localidades entre integrantes de los grupos criminales La Familia Michoacana y Los Tlacos, que cuenta con el respaldo de la autollamada Policía Comunitaria de Tlacotepec.
Los enfrentamientos se intensificaron el 1 de mayo en Tetela del Río y Nuevo Poblado El Caracol donde La Familia Michoacana atacó con artefactos explosivos desde al menos siete drones que sobrevolaron esas poblaciones, según los vecinos.
“Se oía bien feo, mis hijos y nietecitas gritaban del miedo, pensamos que nos iban a matar a todos. Después que nos gritaron (sus vecinos) que estaban aventando bombas nos metimos al cuarto pero mi casa es de lámina de cartón, nos dio miedo que fuera a caer una ahí y corrimos a las escuelas”, siguió doña Bernarda.
Al otro día salió del pueblo con su nuera, su esposo y sus cinco hijos menores de edad, de 13, 11, 9, 8 y 5 años.
Contó que buscaron carro para que los trajeran a Tlacotepec, “para salvar a mis hijitos y evitar que los mataran”. Salieron a las 6 de la tarde de Nuevo Poblado El Caracol y llegaron a las 9 de la noche a Tlacotepec.
“Gracias a Dios aquí la gente nos regala comida y fruta, es buena la gente la de aquí, con eso la hemos ido pasando, pero la gente se va a enfadar, nosotros no les damos nada y ellos nos están dando lo poco que tienen”.
Bernarda reclamó la acción y la ayuda del Gobierno para que puedan regresar.
Denunció que ya son dos semanas que tienen desplazados y nadie ha ido a platicar con ellos para conocer su situación, “no nos han dicho nada, no sabemos nada y mucha gente ya se regresó arriesgando su vida y la de sus hijos, porque se enfadaron de estar aquí, quieren estar en sus propias casas”.
Dijo que ella también quiere regresar porque en su pueblo dejó sus “animalitos. No son muchos pero los dejé abandonados”.
Desplazada dos veces
A principios de febrero pasado Josefina vivía tranquila en Apaxtla. Aseguró que hasta entonces era un pueblo tranquilo porque “el profe Misael Figueroa tenía a un grupo de policías comunitarios (del grupo de Tlacotepec), pero después se alió con La Beba (Juan Carlos Flores Ascencio) y con los de La Familia Michoacana y entonces comenzó la guerra”.
Narró que fue entonces (en febrero) cuando la gente de Tlacotepec entró a “calmar las cosas que estaban muy feas”, y su esposo “se metió de comunitario con los Tlacos porque ya estábamos hartos de la violencia en Apaxtla”.
Explicó que después, los militares y policías estatales con el apoyo de La Familia Michoacana sacaron a los de Tlacotepec y comenzaron las amenazas “de la FM” a las familias que los habían apoyado, “dijeron que nos iban a matar y yo me fui a refugiar a Nuevo Poblado El Caracol”.
Según Josefina, la gente de La Familia Michoacana llegó cerca de ese poblado el 1 de mayo y arrojó desde drones seis “bombas”, la segunda vez, el 8 de mayo, lanzó otras 12 y el 9 salió desplazada por segunda vez, ahora se vino a refugiar a Tlacotepec junto con otras familias.
La mujer huyó con sus cuatro hijos; uno de 12, otra de ocho, una más de seis y una bebé de 10 meses. “Nos venimos a dar lástima acá porque tengo miedo de que nos maten”.
Su reproche es el mismo de todas y todos los desplazados: “¿Y por qué estamos aquí?, porque el Gobierno no hace nada. Ya le pedimos al presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, y no hace nada, la gobernadora tampoco hace nada porque según dicen apoya a La Familia Michoacana”.
Agregó: “Los que ya estamos grandes menos mal, ya ni modo, ¿pero los niños que culpa tienen?. Por ellos que lo hagan, son varios niños que andan dando lástima”.
Dijo que el presidente de la República tiene el poder para que mande a los militares a darles seguridad en sus pueblos, “pero siempre nos mandan a los del 41 Batallón de Teloloapan y ya sabemos que ellos están con los de La Familia”.
Josefina declaró que tiene confianza que va a volver la tranquilidad en Apaxtla para que pueda regresar con sus hijos.
“Tenemos esperanza de que todo esto (la violencia) se limpie para regresar a nuestro pueblo”, dijo sentada en las gradas del auditorio de la Casa de la Cultura, mientras su hija de seis años dormitaba recargada en su espalda.
Teme que le quiten sus bienes y quiere regresar
Aproximadamente a las 9 de la noche del 1 de mayo don Raúl escuchó un “ruidito” extraño y en seguida la explosión del otro lado, a la orilla del pueblo; “se escuchó a la gente que empezó a llorar, mi familia se espantó y esa misma noche salimos de Nuevo Poblado El Caracol mi esposa y mis cuatro hijos”, contó.
Él es otro de los desplazados que está refugiado en la Casa de la Cultura de Tlacotepec. Dijo que esa noche contrató una camioneta para que los llevara al pueblo de Carrizal donde su hija tenía un carro que estaban arreglando y en él llegaron a esta cabecera municipal.
Dijo que esa misma noche se salieron unas 100 personas.
Raúl se dedica a la siembra de maíz y calabaza, y de acuerdo a sus cálculos este año cosechó 18 cargas de maíz y todo lo dejó ya desgranado, lamentó haber dejado su maíz todas sus cosas de valor como su televisión, refrigerador, horno de microondas, camas, refrigeradores, molino de nixtamal, motosierra, y su temor es que todo se lo vayan a robar.
“Me dicen que ahorita todo está bien, que no han movido nada, pero después no sé si vayan a respetar mis cosas”.
Pidió: “Por eso queremos que las autoridades nos apoyen, que nos den seguridad para regresar, sólo queremos vivir tranquilos, no nos metemos ni estamos en contra ni a favor de nadie, yo me vine y lo dejé todo por mi familia no porque deba algo”.
Raúl, con un nudo en la garganta frotaba la espalda de su esposa, quien, volteada hacia la pared en una esquina del auditorio, no cesaba de llorar.
“Le afligen mis otros hijos que se quedaron en el pueblo”, explicó Raúl. “Afortunadamente me dicen que están bien, me hablaron apenas hace un rato. Dicen que después de que nos salimos, a los tres días (el 3 de mayo) volvieron a tirar las bombas pero ya no han vuelto hasta ahorita”.
Reprochó, sin embargo, que desde el 1 de mayo que arrojaron los explosivos desde los drones, no ha ido el gobierno (las autoridades); “el pueblo está solo, con la gente de ahí, nomás”.
Exigió que las autoridades les den garantías de seguridad para que puedan regresar a Nuevo Poblado El Caracol.
“Ahorita aquí estamos bien, gracias a Dios, pero no nos sentimos a gusto porque no tenemos nada. Estamos esperando que alguien nos ayude para regresar, aquí no tenemos ni ropa, nada. No nos trajimos nada, sólo tenemos la esperanza de que se arreglen las cosas porque queremos regresar”.
Texto: Zacarías Cervantes / Foto: Lenin Ocampo Torres


