
Ciudad de México, 17 de septiembre de 2023. De niño, Gabriel Salvador Cruz tenía un sueño recurrente: estaba enredado en una madeja de hilos con nudos de la que no podía desprenderse. Le daba mucho miedo e intentaba despertar.
Con el tiempo esas imágenes desaparecieron, pero fueron tomando forma en la realidad de una manera muy distinta, que incluso él tardó en asociar.
Después de varios cursos de pintura y dibujo en su natal Santa Cruz Xoxocotlán, en Oaxaca, creó la técnica del entramado, que consiste en ensartar hilos multicolores sobre un bastidor hasta que paisajes, edificios, personas y, todo lo que viene a su mente, cobra vida.
Sencillo y sonriente, dice que entonces supo, por fin, que aquellos sueños infantiles tenían que ver con él y su destino.
Gabriel suele alternar temporadas de trabajo en el taller y las calles, tanto en Monterrey como en Oaxaca, y cuenta que empezó a trabajar esta técnica del entramado cuando tenía 20 años.
También, que utilizaba un sistema de trueque al intercambiar sus piezas por materiales, acceso a algún taller o hasta comida.
El tiempo pasó y, casi tres décadas después, algunas de sus obras tienen como propietarios a personalidades como el magnate Elon Musk, Steve Wozniack, cofundador de Apple, y Randi Zuckerberg, empresaria de la tecnología y hermana de Mark Zuckerberg, fundador de Meta.
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Su nombre de pila es Jaime Gabriel Hernández Cruz. Su nombre artístico, Gabriel Salvador Cruz.
Es el menor de los tres hijos de Tomasa Luisa Cruz Velasco y Roberto Hernández Chávez, tiene 48 años y recuerda que, de niño, fue un poco huraño y solitario. Estudió primaria y secundaria. También trabajó en el campo.
“En la secundaria empecé a conocer el mundo de la pintura. A mí se me hizo como enervante y fascinante, a la vez. Me hizo como querer explorar todos los materiales.
“Tomé varios cursos. En particular, hay un Jardín del Arte en Oaxaca y, casualmente, un día pasé y alguien estaba pintando con las manos. Era emocionante: a partir de ahí me interesé por diversas técnicas: acuarela, pastel, dibujo, carbones…”.
Gabriel platica que estuvo a punto de entrar en la Escuela de Bellas Artes, a la que acudió como oyente dos o tres meses, pero tuvo diferencias con los maestros.
“Estaban empecinados en hacer la técnica académica y yo, por más esfuerzos que hacía, pues no me salía. Yo lo veía con mi propio ojo y eso no les parecía. Bueno, decidí salir y explorar por mi lado.
“Siempre se me hizo una exquisitez los tapetes y bordados que elaboran las mujeres en Oaxaca, y los colores muy brillantes, muy bonitos, muy puros”.
Un día que no contaba con materiales para pintar, Gabriel tomó una aguja curva, muchas hebras de colores y trató de crear alguna forma sobre el bastidor.
“Se me hizo increíble la ‘caprichez’ del hilo, la soltura de la línea y los colores. El hecho de que no se pudiera hacer como contorno, como alineado, sino como algo dinámico, ¡ajá!, y nada, eso a mí se me hace fascinante cuando lo estoy realizando”.
Conforme pasó el tiempo abordó nuevos materiales. Además de los hilos comunes de las mercerías incluyó sedas, fibras naturales, lanas pintadas e incluso alambre y líneas de plástico.
Los soportes también variaron: sobre papel arroz, papel aluminio o de china.
Entre más diversos sean los materiales y las texturas, continúa Gabriel, la imagen es más rica para el tacto, el ojo, la mente. Se nota cómo fluye.
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El primer cuadro que hizo Gabriel fue de un gato y lo entramó sobre terciopelo negro, con hilo de ese color y su propio cabello.
“A mí me han gustado los gatos por la soltura que tienen, cómo se mueven, y algún día tuve el cabello hasta a la cintura. Cuando me lo cortaron, lo guardé, y pensé que era perfecto para esa ocasión.
“A pesar de que la tela, el cabello y el hilo eran negros, tenían diferentes tonos, y yo veía cómo brillaba el cabello, así, por más natural”.
Dice que la pieza se la regaló a un amigo, pero éste se ha mudado en varias ocasiones y le dijo que no supo dónde quedó.
Tomasa Luisa, la mamá de Gabriel, se expresa con orgullo de su hijo.
“Me deja con el ojo cuadrado al ver cómo puede darle forma a los hilos. Esa técnica salió de su mente y con cualquier hebra puede hacer un monito, una figura abstracta o muy definida. Es un arte que trae en las manos y en el alma.
“Él creció con muchas carencias y le ha costado mucho dedicarse a lo que le apasiona, pero es muy trabajador, creativo y observador. Le encanta la naturaleza y coleccionar piedras”.
Gabriel comparte que el episodio que marcó un antes y un después en su carrera ocurrió en el 2013 cuando el regio Daniel Gómez Íñiguez, de apenas 21 años, aunque ya con éxito como empresario de biodiesel a nivel global, lo encontró entretejiendo hilos hábilmente ante el bastidor y el caballete, frente a la Catedral de Oaxaca.
“Él mencionaba que había visitado como 20 países y que no había visto algo similar. Se le hizo muy particular y mencionó si podía comprar el cuadro. Yo le dije que no, claro, y estuvo tan insistente que tuvo que regresar al otro día.
“Pues ya llegamos a ese acuerdo de poder hacer algún trueque. Yo estaba como queriendo un curso de encuadernación en una escuela que fue del maestro Francisco Toledo, y se hizo el trato. Quedé de mandarle la obra como en una semana y pasaron, creo, cuatro meses o más”, ríe.
Posteriormente, Daniel regresó a Oaxaca y se comprometió a impulsar a Gabriel en el medio empresarial y tecnológico en el que se desenvuelve.
“Me invitó a Monterrey y me hace una pregunta así como muy crucial: ¿Qué es lo que realmente yo quería con el trabajo?, y yo le menciono sin titubear: ‘Pues realmente que el mundo lo conozca'”.
De ese inusual pacto de confianza ha transcurrido una década, y los proyectos continúan.
Daniel, quien ha aparecido en la lista de Forbes entre los jóvenes menores de 30 años con mayor impacto global, y que lo mismo crea soluciones para mejorar la calidad del aire que da conferencias o escribe libros, relata que es un apasionado del arte y su primera intención fue adquirir una obra de Gabriel porque le pareció única. También le sorprendió que su manera de vivir fuera el trueque.
Luego pensó que sería increíble que otras personas apreciaran y valoraran su arte.
De hecho, algunos de sus cuadros ya han sido adquiridos por personalidades como el magnate Elon Musk; Steve Wozniack, cofundador de Apple, y Randi Zuckerberg, empresaria y hermana de Mark Zuckerberg, fundador de Meta.
Otra de sus creaciones de gran formato: “El dinero no es dinero, es papel”, elaborada con billetes de 20 pesos y 1 dólar, que obtuvo de la venta de una de sus piezas por 20 mil dólares, fue comprada por un banquero de Sevilla.
“Cada una de sus obras cuenta una historia, se va transformando del caos al orden porque no hay un trazo, no es como que pinta, dibuja y luego va rellenando. De lo abstracto y subjetivo se vuelve sumamente claro y objetivo.
“Esa evolución es increíble, pero requiere de mucha paciencia y persistencia. He visto cuadros en los que lleva varios años trabajando”, detalla Daniel, quien fue nombrado Innovador del Año por la Technology Review, del Massachusetts Institute Technology (MIT) en el 2013.
Él plasmó la historia de Gabriel en su libro Lo abstracto de emprender y también empezó a compartir ese testimonio en sus conferencias en universidades y empresas, aunque actualmente el artista ya lo hace por su cuenta.
Gabriel ha viajado por Estados Unidos, Francia, España y Holanda, entre otros países, y espera ir pronto a Japón e India.
“Tengo mucho interés por conocer la India. Es un país de mucho colorido. Me encantaría saber de las telas y las fibras que ahí se facturan, son como muy exquisitas”.
En el 2015 Gabriel expuso en el Museo Metropolitano de Monterrey y, en el 2019, llevó su muestra “Hilo Divisorio” al Senado de la República, con cuadros inspirados en la migración.
“Hace como tres meses presentamos en Cancún una serie de 21 piezas que simbolizan los 21 millones de bitcoins”, comenta Gabriel.
“Y hemos estado hablando con unos amigos de una serie sobre el mezcal en la que se ha trabajado como dos, tres años y, cuando se culmine, vamos a llevarla a algunas partes de la República y del mundo”.
Eduardo Díaz, comprador de arte y amigo de Gabriel, lo describe sencillo y genuino.
“Como buen artista vive en su propio mundo, pero plasma la realidad del día a día con mucha claridad y fuerza.
“Es un talento al que más gente debería conocer. Es una persona que, si no siente lo que va a hacer, no lo hace. No lo motiva el dinero, sino expresarse en libertad”.
Gabriel cuenta que a sus amigos siempre les dice que, desde que se acuerda, ha estado casado con el arte.
“Es mi manera de vivir, de disfrutar, de sentirme a plenitud: ya todo lo que venga como consecuencia es ganancia”.
Y sus creaciones asombran a cualquiera. Es increíble que, con un material tan sencillo, el maestro de los hilos entreteja maravillas.
Texto y foto: Agencia Reforma


