
Ciudad de México, 18 de diciembre de 2023. Bajo el principio de “el mundo necesita de la ciencia, y la ciencia necesita de las mujeres”, fue otorgada un año más la distinción “Para las Mujeres en la Ciencia” de Grupo L’Oréal y la UNESCO.
En su edición 17, celebrada el pasado 28 de noviembre en el Centro Cultural Roberto Cantoral, la iniciativa alcanzó un centenar de científicas nacionales reconocidas, con cinco nuevas investigadoras jóvenes apoyadas con estímulos de 120 mil pesos, y 200 mil para tres expertas consagradas, todas ellas elegidas por un jurado establecido por la Academia Mexicana de Ciencias (AMC).
“Es súper importante este evento porque permitimos darles un poco de incentivo económico para que sigan construyendo sus programas científicos, pero también es una forma de visibilizarlas”, resaltó en entrevista previa a la ceremonia Araceli Becerril, directora de Responsabilidad Corporativa en L’Oréal México.
“Me atrevería a decir que este premio es el más importante que hay de ciencia para mujeres en el país”, agregó. “Nuestro compromiso es que siga creciendo en montos mayores que puedan seguir impulsando los proyectos de investigación de nuestras científicas mexicanas”.
Entre las cinco jóvenes merecedoras de la Beca de L’Oréal-Unesco-AMC 2023 figura la química farmacobióloga Monserrat Llaguno Munive, de 34 años, quien se dice contenta de poder sortear con este apoyo el eterno desafío de hallar financiamiento para la investigación en este país; “sí nos hace mucha falta algunos recursos”, dijo en entrevista.
“Me siento muy feliz. (Esta beca) me da todavía una gran oportunidad para poder continuar con mi proyecto y poder ofrecer algo para la sociedad”, remarcó la investigadora del Instituto Nacional de Cancerología (Incan), donde lleva a cabo desde hace un par de años el proyecto “Co-encapsulación de siRNAs-Doxorrubicina para el tratamiento de cáncer de mama metastásico”.
Y si bien Andrés Morales, representante de la UNESCO en México, celebró que a lo largo de 25 años de colaboración con la firma francesa de cosméticos se ha apoyado a 4 mil investigadoras de 110 países –siete de las cuales han ganado un Premio Nobel–, las cifras de participación de mujeres en la ciencia muestran que todavía queda mucho camino por recorrer.
“Insistimos en que las mujeres científicas juegan un crucial papel en la búsqueda de las soluciones frente a los desafíos del desarrollo sostenible, tanto global y local, y la contribución que están haciendo a la agenda 2030”, sostuvo Morales.
“No sólo porque es un imperativo frente a la equidad de género, sino porque sus aportaciones son centrales para, por ejemplo, superar las limitaciones en la producción de alimentos; asegurar recursos energéticos sostenibles, y enfrentar las necesidades médicas y sanitarias, como ya lo demostró la pandemia”, enfatizó.
“No es fácil, pero se puede”
Aunque la amplia y franca sonrisa de la doctora en ciencias Rossana Arroyo Verástegui lo dice ya todo, la investigadora del Departamento de Infectómica y Patogénesis Molecular del Cinvestav pone en palabras su alegría.
“Es una gran satisfacción recibir este Premio (de L’Oréal-Unesco-AMC 2023), un reconocimiento a la trayectoria en este campo en la investigación que no es fácil, pero sí se puede hacer”, externó en entrevista la científica de 67 años, originaria de Ocotlán, Jalisco.
“No es fácil hacer investigación en México”, subrayó. “Necesitamos más recursos, necesitamos más apoyo de las instituciones, del gobierno, para poder aportar más; a veces es falta de recursos por lo que no podemos ir más rápido”.
En su caso, con más 30 años de trabajo y 11 patentes a cuestas, Arroyo Verástegui refiere la necesidad de contar con el financiamiento suficiente para aplicar en beneficio de la sociedad todo lo que han aprendido del microorganismo responsable de la infección de transmisión sexual conocida como tricomoniasis.
“Nos hemos dedicado a estudiar un protozoario de transmisión sexual llamado Trichomonas vaginalis, el cual principalmente afecta a las mujeres, y de ahí una parte importante de por qué nos interesamos en estudiar este microorganismo.
“La idea es que conozcamos mejor al microorganismo causante de la enfermedad para encontrar forma de combatirlo, para encontrar una forma de diagnosticarlo”, señala la científica que ha apuntado hacia la posibilidad de contar con un nuevo método de diagnóstico en sangre para esta infección de transmisión sexual.
Hija de un fotógrafo y una secretaria luego dedicada al hogar, Arroyo Verástegui, la tercera de cuatro hermanos, encauzó su vida a la ciencia por “la curiosidad nunca satisfecha de lo que se ofrecía, siempre buscando la razón de las cosas”, como ella misma lo relata.
Una pasión que la investigadora y su marido, también dedicado a la ciencia, consiguieron heredar a sus dos hijos, el mayor con un doctorado en la Universidad de Oxford, y el menor ahora terminando el suyo en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés).
¿Cómo fue ser madre y científica a la vez?
Bueno, no es fácil, pero se puede. Y ese es un mensaje que sí le quiero dar a todas las mujeres que quieren dedicarse a este campo: No es privativo, puede tener uno familia, hijos, y ser científica y avanzar. Y ser exitosa.
Hay oportunidad para las mujeres
De niña, a Erika Bustos le gustaban las muñecas, aunque quizás no en el mismo sentido que a la mayoría.
“Desde que era pequeña me gustaba jugar con muñecas, pero abrirlas; me gustaba ver cómo mueven los ojos, cómo mueven los brazos, y siempre ver el funcionamiento”, comparte la hoy ingeniera ambiental, maestra en química y doctora en electroquímica, de 48 años.
Ya desde entonces, pues, parecía clara la vocación científica de quien ahora ha recibido el Premio de L’Oréal-Unesco-AMC 2023 por su destacada trayectoria en el área de la electroquímica ambiental, enfocada en el desarrollo de superficies modificadas para la remoción y detección de contaminantes con importancia económica, ambiental y social.
“Muchos contaminantes, sobre todo los recalcitrantes o los persistentes, aunque los generamos en bajas concentraciones, como por ejemplo ahora con el tema del Covid y que tomamos muchos fármacos, aunque son a nivel de nanogramos, microgramos, con el tiempo se van reteniendo en el medio ambiente.
“En las plantas de tratamiento de aguas tradicionales no son suficientes las tecnologías para removerlos”, resalta Bustos. “Nuestra propuesta es desarrollar tratamientos electroquímicos con los cuales podemos remover más fácil estos contaminantes; dependiendo el tipo de electrodos que empleemos, podemos transformarlos o degradarlos y mineralizarlos a CO2 y agua”.
Una labor de biorremediación particularmente necesaria en el actual contexto de crisis climática e hídrica, ante el cual la investigadora del Centro de Investigación y Desarrollo Tecnológico en Electroquímica, S. C. (Cideteq) destaca la importancia del Programa Nacional Estratégico (Pronace) de Conahcyt dedicado al tema del agua.
“En electroquímica ambiental no solamente tratamos agua, sino tratamos suelo. El hecho de que removamos y rehabilitemos suelo que está erosionado es importante para la recarga de los mantos freáticos”, recalca Bustos.
“Entonces, en las grandes ciudades es imperante el poder captar agua. Por eso es que desarrollamos esta rehabilitación para que haya más materia orgánica y que haya más textura en el suelo, y entonces favorezca esta retención de agua que puedan utilizar las ciudades, además del tratamiento de agua”.
Siguiendo aquella máxima de su padre acerca de que una mujer con educación siempre tendrá con qué defenderse, la electroquímica originaria de Tlalnepantla, Estado de México, impulsa la formación de jóvenes en las carreras STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas, por sus siglas en inglés), a las que aconseja “que siempre hagan lo que les gusta, que siempre estén convencidas, que no tengan duda”.
“Siempre hay oportunidad para las mujeres en el ámbito de las ciencias exactas, que son las carreras STEM”, sostiene. “Lo importante es que no tengan miedo al fracaso, sino que sean retos”.
Si es lo que te gusta, sigue
La investigadora Sandra Rodil Posada, por fortuna, no tiene anécdotas desagradables al respecto, pero sí reconoce que esa mayoría masculina en un campo como el suyo, el de la física y la ciencia de materiales, propicia una competencia dispareja.
“No es que sea un reto por ser la única mujer, sino porque te acepten. Ellos, finalmente, están acostumbrados a moverse entre hombres, y llega una mujer, y a lo mejor les cambia hasta su patrón de comportamiento. Y, entonces, es muy fácil que te quedes a un lado”, apunta la científica del Instituto de Investigaciones en Materiales (IIM) de la UNAM.
“Creo que ha ido cambiando, pero es eso: ser aceptado por una comunidad que no está acostumbrada en su medio laboral a estar trabajando con mujeres”, reitera la física de 58 años, también galardonada con el Premio de L’Oréal-Unesco-AMC 2023.
En particular, Rodil Posada ha destacado por su innovador trabajo desarrollando materiales en forma de películas delgadas, con aplicación para la industria mecánica, médica y óptica, entre otras.
“Nosotros lo que hacemos aquí es romper con muchas de las leyes de la naturaleza; con la metodología que yo trabajo me puedo brincar todas estas leyes”, dice, sencilla, la física mexicana de ascendencia colombiana que inició con esto desde su proyecto de doctorado, intentando, sin éxito, desarrollar un material teóricamente más duro que el diamante.
“Estamos forzando, de alguna manera, a cómo se hacen los enlaces entre los átomos”, detalla la científica. “Implica tomar un material base, el que sea, y modificarle su superficie; y con esa superficie modificada tengo nuevas propiedades. Ese es el chiste”.
Así es como han conseguido, por ejemplo, una película de carbono amorfo que demostró tener gran biocompatibilidad con el hueso humano, aplicable en implantes metálicos que están en contacto con hueso. Un trabajo multidisciplinario reconocido internacionalmente.
“Ahorita estamos buscando generación de hidrógeno, fuentes de energía alternas, cosas diferentes”, cuenta Rodil Posada. “Pero es la misma metodología, creando materiales diferentes”.
Tales esfuerzos en realidad resultarían inútiles sin la debida vinculación entre academia e industria, que al menos durante la presente administración ha sido muy condenada; “tiene que haber de todo: la ciencia básica, en donde yo estoy desarrollando conceptos, y una ciencia en que trato de aplicar estos conceptos, una ciencia aplicada”, insta la física del IIM.
“Y no lo puedo aplicar si no hago una unión con esta parte industrial que esté utilizando o que requiera resolver un problema en particular”, prosigue Rodil Posada.
“Tal vez los mecanismos que se habían utilizado no eran los más adecuados, tal vez se tergiversaron las cosas, etcétera, pero no lo debemos satanizar. Debemos encontrar el mecanismo para que sí funcione, para que la ciencia que estamos haciendo en el laboratorio llegue a una aplicación real con beneficios para la misma sociedad”.
La científica criada en Cartagena, pero que volvió a su natal México a los 17 años para cumplir su sueño de estudiar en la UNAM, aconseja a las jóvenes aspirantes a ser científicas no permitir que los roles que la sociedad suele imponerles las limiten.
“A lo mejor algunos los asumimos y los disfrutamos, pero no todas las mujeres lo van a disfrutar. (…) Yo creo que eso es lo que en este momento estamos viviendo: el entender que son roles que la sociedad nos ha impuesto, y que ya estamos en un momento de madurez que pudiéramos cambiarlos y decir ‘éste no es el que yo quiero’.
“Si realmente (la ciencia) es lo que te gusta, sigue buscando. Y a encontrar el equilibrio entre todo esto”, concluye.
Texto y foto: Agencia Reforma


