
Germán Reyes estará aislado en la cárcel de Chilpancingo. Los principales testigos de la Fiscalía son un comerciante ya muerto y un policía municipal anónimo. Éste escribió un correo en el que dice que tras la negativa de Arcos a nombrar en Obras Públicas a un enviado de Los Ardillos el detenido dijo que tenía que saber que “aquí mandamos nosotros”
Chilpancingo, Guerrero, 14 de noviembre de 2024. La jueza Yolanda Mora Silva dictó la medida cautelar de prisión preventiva a Germán Reyes Reyes, aislado de los reos por seguridad, y dio un plazo de 144 horas para determinar si el encargado de despacho de la Secretaría de Seguridad Pública Municipal es vinculado o no a proceso por el asesinato del alcalde Alejandro Arcos Catalán, ocurrido el pasado 6 de octubre.
En la audiencia inicial de formulación de imputación que se realizó en el Juzgado de Control y Enjuiciamiento Penal, con sede en la Ciudad Judicial, la cual inició a las 5:30 de la tarde del martes y terminó a las 5:50 de la madrugada del miércoles, la agente del Ministerio Público de la Fiscalía General del Estado (FGE) basó la acusación en contra de Germán Reyes como autor intelectual del asesinato del alcalde en dos testimonios.
El principal es del comerciante Domitilo Cándido Pila, quien fue hallado muerto en su casa en la capital hace ocho días; el segundo es de un policía municipal que envió un correo electrónico de manera anónima, horas después de la detención de Germán Reyes.
Los dos testimonios son parte de una serie de pruebas que la agente presentó divididas en dos segmentos: las que confirman que Alejandro Arcos existió y murió por causas que él no pudo impedir ni provocarse a sí mismo, y las que sostienen que fue Germán Reyes quien ordenó el crimen.
Dichas pruebas son credenciales oficiales del político afiliado al PRD, entrevistas con sus familiares, colaboradores y “testigos”; reportes forenses, análisis de criminalística de videos obtenidos de cámaras de seguridad, la camioneta donde fue hallado el cuerpo de Alejandro Arcos y geolocalizaciones que fueron ubicadas a través del celular del alcalde asesinado.
En ambos segmentos la necropsia que se le practicó por ley al alcalde fue contundente para probar su asesinato, pero también que éste fue premeditado, con ventaja, traición, alevosía y saña, debido a que Alejandro Arcos fue privado de su libertad y se determinó que la causa de su muerte fue “hemorragia masiva por decapitación”, es decir estaba vivo cuando le cortaron la cabeza, la cual fue exhibida en la vía pública sobre el toldo de su camioneta.
Los “testigos”
En su testimonio, Domitilo afirmó que se dedicaba a la venta de diversos productos como frutas y encendedores en la capital, pero al obtener pocas ganancias decidió ir a Petaquillas el pasado 27 de octubre.
Al llegar al poblado se instaló frente a la “iglesia central”, donde a las 10 de la mañana dos hombres vestidos con playeras negras, pantalón de mezclilla y gorras negras, una de ellas con la figura de un gallo, que se identificaron como integrantes de la Policía Comunitaria, le indicaron que, para vender ahí tenía que pagar una cuota de 500 pesos.
Domitilo expuso que no podía pagar la cuota. En medio de la discusión, un tercer hombre identificado como Marco Antonio Osorio Castrejón, El Michoacano, llegó al lugar en una camioneta, acompañado de otros individuos y les indicó a los sujetos de gorra que El Patrón los estaba reuniendo.
Los hombres de gorra explicaron que el comerciante no quería pagar la cuota y El Michoacano ordenó que lo subieran a la camioneta.
Domitilo contó que identificó al sujeto de la gorra con la figura de gallo como El Jimmy y a otro más como El Junior.
En el trayecto desde Petaquillas hasta un rancho en Quechultenango, El Michoacano dijo que El Patrón quería advertirles que anduvieran con cuidado porque “los verdes”, en alusión a los militares, estarían rondando la zona debido al asesinato del alcalde.
Aunque en un principio El Michoacano se rehusaba a hablar por la presencia de Domitilo, finalmente señaló que el comerciante sería uno más del grupo y los hombres empezaron a hablar abiertamente del crimen.
El Jimmy y El Junior, según el testimonio, fueron quienes asesinaron al alcalde en el rancho de Quechultenango porque “no entendió el mensaje” que representaban las ejecuciones del secretario general del Ayuntamiento, Francisco Tapia Gutiérrez, y de Ulises Hernández Martínez, capitán en activo del Ejército y ex director de la Unidad de Fuerzas Especiales de la Policía Estatal, quien sería nombrado titular de la Secretaría de Seguridad Pública Municipal.
Mientras que El Michoacano reveló que fue El Jefe Germán quien ordenó el asesinato del alcalde y afirmó que El Patrón estaba “bien parado” en el Ayuntamiento, lo que comprobó llamando por celular a Germán Reyes, frente al grupo y Domitilo.
En la llamada, El Michoacano le pidió a Germán Reyes ingresar al Ayuntamiento para trabajar y el funcionario, supuestamente, se comprometió a buscarle un espacio. Al llegar al rancho, El Patrón –a quien el comerciante no vio porque no bajó de la camioneta– se molestó por la presencia de Domitilo y ordenó su liberación, los hombres armados lo soltaron bajo amenaza de muerte si decía algo.
De acuerdo con la defensa legal de Germán Reyes, Domitilo es el mismo comerciante que fue encontrado en una casa ubicada en la colonia Obrera de la capital muerto y su cuerpo en avanzado estado de descomposición, el pasado 6 de noviembre.
Sobre el hallazgo del cuerpo de Domitilo hay dos versiones: una indica que murió en su casa por un paro cardiaco y otra, que la vivienda estaba abandonada y el hombre tenía signos de golpes, por lo que se presume fue asesinado.
Por su parte, el presunto policía municipal que envió su testimonio vía correo electrónico informó que dos días antes del asesinato de Alejandro Arcos, escuchó a Germán Reyes hablar por teléfono con una persona, molesto, a gritos, y pidió a su interlocutor que juntara a El Michoacano y otros hombres para que mataran al alcalde.
Según este escrito, Germán Reyes pidió expresamente “la cabeza” del alcalde como un escarmiento porque se negó a nombrar como titular de la Secretaría de Obras Públicas a un funcionario que fuera aprobado por Los Ardillos y las autoridades tenían que entender que “aquí mandamos nosotros”.
6 de octubre, el día del crimen
De acuerdo con la narrativa de los hechos, que la FGE elaboró con base en entrevistas que hizo a Carlos y Leonel Arcos Catalán, hermanos del alcalde, su viuda Sandra Elena Solís Peralta, el responsable de su seguridad, Promotor Siberiano Román, entre otras personas, tras los asesinatos de Ulises Hernández y Francisco Tapia, Alejandro Arcos implementó medidas de seguridad.
Para empezar, convocó a Promotor Siberiano, quien fue escolta del ex gobernador Ángel Aguirre Rivero, a formar su cuerpo de seguridad personal que integraron 18 personas; esto porque “no confiaba en los policías municipales de Chilpancingo de los Bravo”; también se mudó a casa de su hermano Carlos en el centro de la capital.
El 6 de octubre a las 11 de la mañana, el alcalde salió rumbo a una gira por Tepechicotlán y Petaquillas para entregar víveres a los damnificados del huracán John; fue acompañado de seis escoltas, cinco de sus colaboradores y funcionarios del gabinete, quienes se dividieron en tres vehículos.
Al mediodía, decidió que iría solo a repartir víveres a sus conocidos, dejando a su equipo y escoltas. A partir de este punto no quedó claro el lugar donde Alejandro Arcos fue privado de su libertad, sólo se informó que fue detenido y trasladado a un rancho en Quechultenango donde fue asesinado, presuntamente por miembros de Los Ardillos.
Fue a las 4:40 de la tarde cuando El Michoacano llegó a la capital en la camioneta aún cargada con víveres que el alcalde manejaba, con su cuerpo dentro. La Fiscalía informó que a este hombre lo seguía uno más en una motocicleta, con quien se fugó rumbo a Tixtla, luego de abandonar al alcalde en la colonia Villa del Roble a un costado del hotel Real Moreli.
La familia de Alejandro Arcos se enteró de su asesinato mediante redes sociales. Carlos Arcos y Sandra Solís eran los más allegados al alcalde y, por lo tanto, estaban al tanto de sus decisiones en el nombramiento de funcionarios.
En su declaración, citada por la Fiscalía, Carlos Arcos dijo que no sabía por qué ni cómo fue que Germán Reyes se incorporó al gabinete.
Tensión y regaños en la audiencia
A lo largo de la audiencia, hubo seis recesos, el primero fue porque la FGE solicitó que el proceso fuera privado, pero la jueza ordenó que fuera público porque la sociedad tiene derecho a saber lo que está pasando en la capital.
Además, de manera inusual, el detenido convocó mediante sus allegados a periodistas para que estuvieran presentes, y en dos recesos ofreció breves declaraciones a la prensa, primero para manifestar que consideraba “inverosímil” la acusación en su contra.
Luego, detalló que pasado el mediodía del martes tres agentes llegaron a su oficina de la colonia Alianza Popular, en el viejo Libramiento a Tixtla, frente a la primaria Héroes de Guerrero, y le informaron que ejecutarían una orden de aprehensión en su contra. Aseguró que no opuso resistencia, pero fue incomunicado y lo tuvieron “paseando” varias horas, antes de presentarlo en el Juzgado.
El Sur buscó a Germán Reyes en diversas ocasiones, antes de su detención, para entrevistarlo al respecto de la situación de violencia y la administración de la Secretaría de Seguridad Pública, pero el entonces funcionario no respondió a la solicitud. Durante la audiencia, identificó a El Sur en la Sala y, con una sonrisa, expresó: “Quería mantener un perfil bajo y ahora soy nota nacional”.
Germán Reyes, ataviado con camisa azul y pantalón gris (la misma ropa con la que fue detenido), se vio vulnerable, molesto sí, pero también sorprendido por todas las pruebas presentadas en su contra, a pesar de que éstas fueron resumidas, por tratarse de la audiencia inicial.
Tuvo tres defensas legales: una de su elección, otra de oficio impuesta por la jueza y una más, que fue convocada de última hora. Estos cambios se deben a que en un primer momento, la defensa expuso que hubo irregularidades en su detención: nunca recibió copia de la orden de aprehensión, no fue puesto a disposición de la instancia correspondiente de manera inmediata y fue trasladado en camionetas blancas, sin placas ni logos.
Ante estas circunstancias la abogada de Germán Reyes solicitó la nulidad de los actos investigados a partir de la detención, pero la jueza replicó que esto evidenciaba la falta de capacidad de la defensa (por ser una petición fuera de lugar) e impuso un abogado de oficio.
En ese momento, a Germán Reyes se le quebró la voz al punto del llanto, pidió conservar a su abogada, sin importar las consecuencias, pero cuando se le negó bajo el argumento de que necesitaba ser defendido con fundamentos y el abogado de oficio pidió sólo 20 minutos para leer el expediente de unas 3 mil páginas, divididas en varios tomos, reclamó la falta de empatía.
Fue necesario que la jueza le pidiera al detenido que guardara la compostura, de lo contrario tomaría medidas restrictivas, y reiteró que su interés es que tuviera un equipo capaz de defenderlo.
Pero la agente del MP que envió la Fiscalía recibió las críticas más duras de la jueza, principalmente porque al formular su “acusación directa” señaló a Germán Reyes como miembro de Los Ardillos y lo acusó de ordenar a ese grupo el asesinato de Alejandro Arcos, lo que constituye un delito del fuero federal por tratarse de delincuencia organizada y le dijo que “se equivocó” al acudir al fuero común.
La jueza resaltó que a Reyes no se le está juzgando por delincuencia organizada, a pesar de que la Fiscalía afirmó que pertenece a un grupo criminal, por lo que le corresponde investigar este delito. En ese momento el equipo de la agente del MP mantuvo la mirada y la cabeza fija en su escritorio, evitando la mirada inquisitiva de la jueza.
De acuerdo con la acusación formulada por la FGE, en el gabinete de Alejandro Arcos habría al menos un funcionario vinculado a Los Ardillos, Germán Reyes, y su asesinato fue porque se negó a otorgar más cargos en la administración para ese grupo criminal.
Por otra parte, la jueza reclamó que al inicio de la audiencia la Fiscalía dijo que contaba con “testigos protegidos”, pero en la presentación de las pruebas “por alguna razón” proporcionó nombres y datos de todas las personas que entrevistó, incluida la familia del alcalde sacrificado.
La Fiscalía solicitó la medida cautelar de prisión preventiva al considerar que el detenido podía fugarse, mientras que Germán Reyes argumentó que “mi vida corre peligro” en cualquier cárcel de la entidad, debido a que fungió como fiscal de Delitos Graves.
Aunque la jueza reconoció el temor del detenido, consideró fundada la prisión preventiva porque Alejandro Arcos no era “cualquier persona” sino el alcalde de la capital del estado, representante de la ciudadanía que le dio su voto.
Puntualizó que este crimen daña a la sociedad y por ello procedió, aunque con medidas especiales de aislamiento para garantizar la seguridad de Germán Reyes. Finalmente, indicó que la próxima audiencia será el 18 de noviembre.
Texto: Alina Navarrete Fernández/ Foto: Jesús Eduardo Guerrero


