
Ciudad de México, 18 de noviembre de 2024.- La experiencia frente a frente con una bacteria, no en su natural escala microscópica, sino aumentada para apreciarla con más facilidad, suele provocar tal sorpresa que lo primero que muchos exclaman es un genuino “¡Guau!”.
Así lo han atestiguado repetidamente Corina Diana Ceapa y Daniel Finkelstein Shapiro, investigadores del Instituto de Química (IQ) de la UNAM, quienes utilizan modelos de Realidad Virtual (RV) y Realidad Aumentada (RA) en su proyecto titulado “Conviviendo con moléculas” para visibilizar y hacer mucho más inteligible ese microcosmos.
Apenas en la más reciente edición de la Noche de las Estrellas, en Ciudad Universitaria, pudieron observar nuevamente el impacto que causa esta innovadora forma de aproximarse a lo microscópico.
“Nos visitaron cientos, miles de personas. Y todos, igual, como que lo ves de nuevo y de nuevo, se quedan así: ‘¡Guau!'”, refrenda en entrevista remota Ceapa, bioquímica, bióloga molecular y microbióloga.
“Tengo un video de alguien que ve la molécula, y su primera reacción es: ‘¡Guau!, ¡no puede ser!’. Es muy bonito verlo, y se sigue repitiendo”, agrega la encargada, junto con Selene García Reyes, del Laboratorio de Microbiología del IQ.
Para Finkelstein, físico interesado en las interacciones luz-materia en átomos, moléculas y nanopartículas, lo que sucede es que al sobreponerle al mundo esa capa adicional, que es como funciona la RA, por ejemplo, “es como traer a la vida a la molécula”.
Esto detona una respuesta emocional que puede aprovecharse a nivel educativo y de divulgación para transformar cómo se percibe e interactúa con el intrincado mundo de la Química. Y ése es, tal cual, el objetivo de “Conviviendo con moléculas”.
“En la licenciatura, mi asesor de laboratorio me decía que si yo no aprendía a asir los conceptos, las magnitudes y los objetos físicos abstractos como si fuera algo que yo tomara aquí, como una pluma, nunca iba a desarrollar una intuición que me permitiera guiar mis investigaciones”, comparte Finkelstein.
“Eventualmente, vamos a implementar que uno pueda ver distintas propiedades de las moléculas apretando ciertos botones, y vamos a usar mucho el uso de analogías. Y mediante toda esa conjunción de experiencias, la idea es que la gente pueda entender mejor qué queremos decir por un enlace molecular, un enlace covalente, un enlace iónico, por ejemplo”, ilustra el físico.
Esta iniciativa surgió de los esfuerzos que por años ambos investigadores venían realizando. Por un lado, Finkelstein utilizando RA en experiencias pedagógicas para “traer a una escala más intuitiva conceptos químicos microscópicos”, reitera; mientras que Ceapa ha estado concentrada en el mundo de las bacterias, especialmente en el alarmante problema de la resistencia que varias han desarrollado hacia los antibióticos, conocido como resistencia antimicrobiana.
Ya que la sola investigación científica no podrá por sí misma hacer frente a tal situación, los académicos del IQ buscan generar consciencia y participación ciudadana mediante su proyecto, cuyos modelos permiten un viaje interactivo por el mundo de las bacterias y los antibióticos, además de comprender cómo se genera la resistencia y así saber de qué forma combatirla.
“A lo mejor en algún momento hacemos una exhibición abierta al público en donde tú puedas ir y hacerle una entrevista a la bacteria”, plantea Finkelstein. “Es, esencialmente, un extraordinario mecanismo de comunicación por la respuesta emocional que genera”.
“Hay acciones que cada persona en su vida y en su casa puede tomar para limitar este proceso, para apoyar a que pase menos y que, justamente, nosotros del lado más científico podamos desarrollar soluciones y no perder tantas vidas”, dice, por su parte, Ceapa.
“Lavarse las manos, vacunarse, no tirar los medicamentos, seguir las instrucciones de los médicos”, enlista la experta. “Pero estaría genial si hubiera un poco de apoyo gubernamental también porque, por ejemplo, encontramos la situación de que por ley las farmacias deberían de recibir los antibióticos caducados o los que sobran, y cuando uno va y pregunta, pues no hacen eso”.
Dado el gran potencial de “Conviviendo con moléculas” para hacer frente a este problema, Ceapa y Finkelstein recientemente resultaron seleccionados para recibir un apoyo económico de la Fundación para Prevenir de la Resistencia a los Antibióticos (PAR, por sus siglas en inglés), entidad autónoma que impulsa actividades de investigación, educación e información.
Se trata de un estímulo de 200 mil coronas suecas -arriba de 371 mil pesos–, que permitirá a los investigadores continuar desarrollando su proyecto; “es un reconocimiento de que es una buena idea, y tener el financiamiento nos permite avanzar mucho más rápido”, destaca el físico.
“Vamos a pasar una gran parte escribiendo código, en desarrollar modelos digitales. Ya tenemos un acervo bastante grande, ya tenemos métodos para poder plasmar moléculas como objetos digitales”, apunta Finkelstein.
“Pero la idea es perfeccionarlo, conectar un poco los objetos digitales con mecanismos tecnológicos que permitan crear redes de ciudadanos preocupados por el tema para que se pueda hacer un esfuerzo común”, insiste.
A lo largo de estos años, los investigadores han podido presentar su iniciativa en sitios como París, Milán y Cartagena, además de en EnfoquesRAM, simposio dedicado a aumentar la conciencia sobre la resistencia antimicrobiana. La próxima edición de este encuentro se realizará el 22 de noviembre en el IQ, y será una nueva ocasión para que la gente se asombre conviviendo con moléculas.Un proyecto expansivoUna característica importante del proyecto de Finkelstein y Ceapa es el uso de Inteligencia Artificial (IA) para que cada contenido se adapte de manera individual.
“(Es decir), puede haber una historia para los expertos, otra para los médicos, otra para los alumnos que apenas están comenzando a aprender sobre estos temas”, explica la bióloga molecular.
Pero esto mismo, no obstante, hace que el potencial de “Conviviendo con moléculas” vaya mucho más allá del mundo bacteriológico y microscópico, convirtiéndose en una herramienta para desplegar la información de forma lúdica en museos, congresos, escuelas y hasta como un asistente para personas con capacidades diferentes.
“Éste es sólo el principio, porque queremos adaptarlo y que más gente aproveche estas ideas y esta forma de enseñanza”, subraya Ceapa.
“Todavía lo estamos haciendo, es un esfuerzo que está en continuo, y que puede tener casi que tantas capas de complejidad como un juego de computadora”, expresa, por su parte, Finkelstein. “Cada vez estamos aprendiendo más cómo hacer la experiencia pedagógica para que sea interesante”.
Por ahora, el proyecto ha logrado avanzar gracias al Programa de Apoyo a Proyectos para Innovar y Mejorar la Educación (PAPIME), de la UNAM; al capítulo México de la Marie Curie Alumni Association, de la que son parte ambos investigadores, y a todo un grupo de estudiantes cuyos esfuerzos van incluso más allá de lo meramente científico.
“Da mucho lugar para la parte artística, la parte más impactante. Ellos, los alumnos, son los que ponen toda su creatividad, y hacen que todo quede mucho más atractivo; aunque son científicos, pueden desarrollar su parte más creativa, y eso mejora los modelos”, resalta Ceapa.
“Te puedes imaginar lo que implica levantar un proyecto así, o sea, todos los aspectos técnicos, los aspectos de organizar a los estudiantes, crear las experiencias educativas. Es algo que está todavía en proceso, desarrollándose, todavía necesitamos realmente completar muchas otras cosas”, concluye Finkelstein.
Texto: Agencia Reforma


