
Acapulco, Guerrero, a 31 de diciembre de 2024.- En medio del desmantelamiento de condominios en la zona Diamante, en la playa el silencio de meses ha sido interrumpido por las risas y los gritos de los niños; el ronquido de unos, el llanto de otros y el ruido de los silbatos que advierten a los bañistas no adentrarse al mar.
En la Costera Las Palmas hay un contraste marcado. Por un lado están estacionadas las camionetas de marcas de alta gama y, por otro lado, los automóviles y motocicletas de los pocos acapulqueños que están trabajando, debido a que la mayoría se fue a pasar las festividades con sus familias.
Por ahora, en la vía pasan camiones de volteo con los escombros que siguen sacando los trabajadores de los edificios dañados por Otis, movimiento que se interrumpe por el trote de aquellos que no desaprovechan su visita a la ciudad para hacer ejercicio o de aquellas mujeres y jóvenes que pasean con sus perros en la banqueta.
La vía poco a poco recobró vida, a diferencia de hace algunos meses, cuando sólo se venían camiones pesados y algunos taxis colectivos que trasladan a los trabajadores a los edificios de condominios que ya están funcionando, luego de ser rehabilitados, luego de haber sufrido pocos daños, como el condominio Playamar, construido de concreto y donde en los ventanales fueron los que quedaron despedazados por los vientos de Otis.
A un costado están los condominios Marena, Costa Bambú, Solar Ocean y Torre Playa Diamante, cuyas estructuras de acero siguen en proceso de desmantelamiento. Ya han sido retiradas la mayoría de las placas de tablaroca que cubría el edificio, y ahora se ven las estructuras de aluminio que las soportaban y se alcanzan a ver los muros de cemento de carga de los edificios. Esta tarde, un ventanal cayó y el impacto con las láminas que forman el piso, provocó que todos voltearan a ver el inmueble, donde había cinco trabajadores.
En la zona de playa, el resguardo de las familias que tienen departamentos en el complejo está a cargo de guardias privados y dos salvavidas, quienes vigilan que las personas no se adentren al mar y que las cuatrimotos moderen su velocidad cuando atraviesan la zona que está concesionada al condominio.
La familia de Mariana González, procedente de Ciudad de México, tiene un departamento en el complejo Playamar, que compró como una segunda residencia, porque desde siempre han venido a Acapulco, “amo Acapulco”. Comentó que, a poco más de un año del impacto de Otis, ve avances en la rehabilitación de la ciudad, pero aún le falta, como a los edificios contiguos del condominio donde tiene su departamento, así como en la seguridad del puerto.
Dijo que en el mundo no hay otra playa, ni atardeceres ni puestas de sol, como las hay en Acapulco, que por eso decidió comprar un departamento para venir cada que puede y alejarse un poco de lo abrumadora que resulta Ciudad de México.
En el área de playa que mide alrededor de un kilómetro, los niños juegan en la arena, construyendo castillos, otros escarban y hacen hoyos, que se van llenando con la marejada que empujan las olas. Algunos ríen y gritan, otros más lloran y hacen berrinches a sus mamás.
Se quejan de altos precios
A un costado del lugar, en el acceso cuatro a playa Revolcadero, la familia de Diego Oliva, también de Ciudad de México, llegó hace dos días a una casa de un familiar aledaña a la zona Diamante. El hombre reflexionó acerca de que la naturaleza sorprende con su fuerza y mostró cómo, en un segundo, puede destruir una ciudad que costó años construir.
La familia llegó a rentar una sombrilla, con seis sillas, cuyo costo fue de 500 pesos, algo que consideró caro, pues bien pudieron llevar la sombrilla y las sillas desde la casas donde están hospedados; sin embargo, optaron por apoyar a las familias que rentan el mobiliario y viven de eso.
Pero no fue lo único que encontraron a sobreprecio en esa zona de Acapulco, también los alimentos preparados. Dijo que un elote preparado cuesta 80 pesos y un coco 50 pesos, lo que consideró alto, aunque supone que es por la temporada alta. Llamó a las autoridades a regular los precios y a los vendedores a moderarse, porque en vez de alentar a que vengan pronto, sólo los ahuyentan.
Supermercados con pocos alimentos en Diamante
En el acceso tres a playa Revolcadero, Toño Olivera, de Ciudad de México, disfrutaba del sol y la brisa del mar, junto a su mamá. El hombre indicó que llegó al departamento de su hermano en las inmediaciones de la unidad habitacional Colosio.
Comentó que pese al avance en la reconstrucción que hay en la ciudad, es muy visible en los edificios de esa zona la lenta reconstrucción, además de centros comerciales, como La Isla, siguen cerrados, y ahí sólo hay una tienda departamental abierta y un restaurante.
En los supermercados encontró pocos productos y cree que no se planificó de acuerdo con la cantidad de familias que llegaron, que han ido a comprar alimentos de primera necesidad y otros productos, porque en las visitas que ha realizado han encontrado algunos productos agotados, que en el área de frutas y verduras hay poca existencia.
El hombre compartió que siempre que visita Acapulco llega a esa playa, porque le gusta la atención que le dan los prestadores de servicios turísticos, quienes le platicaron que con la ayuda del gobierno federal pudieron levantar nuevamente sus cabañas, donde ahora cocinan y preparan los alimentos que venden; así como comprar parte del mobiliario de playa que el mar se llevó.
No llegó ni la mitad de las familias de años pasados
El prestador de servicios turísticos Obed Zamora Hernández comentó que entre el sector de esa zona había una alta expectativa de que muchas familias llegarían en esta temporada vacacional de invierno, “pero no se ha cumplido. La cantidad de sombrilla y toldos que rentábamos en otros años era más”.
Dijo que antes del impacto del huracán Otis colocaban en la playa de 70 a 80 sombrillas y toldos, pero estos días no han superado las 30, cuya renta vale 250 pesos, con su mesa y cuatro sillas.
Comentó que luego de las lluvias del huracán John, fue poco el mobiliario de playa que lograron rescatar, que la mayoría quedó destruido. Ahora rentan el mobiliario y por día tienen que pagar unos 2 mil 500 pesos.
“Nosotros esperábamos un poquito más. No nos está yendo como pensábamos, aún así, Acapulco sigue estando presente entre la gente”, expresó.
El trabajador de playa comentó que el lento trabajo de reconstrucción de los condominios de lujo en esa zona está impactando entre los prestadores de servicios turísticos, porque las familias que llegaban, ahora se han ido a otros destinos, porque sus departamentos están destruidos.
Indicó que el impacto para las familias que viven del turismo es generalizado. Los restaurantes no venden mucha comida, así como los vendedores de productos de playa, artesanías, nieves, helados y frutas tampoco tienen ventas.
Por comentarios que han escuchado de los trabajadores de los edificios de condominios destruidos, éstos estarán rehabilitados dentro de unos cinco años, debido a que los van a reconstruir en su totalidad, lo que los tiene desanimados.
Texto: Jacob Morales Antonio / Foto: Carlos Carbajal


