7 marzo,2025 6:00 am

Miranda July: la belleza de la antiheroína

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Adán Ramírez Serret

 

Hay un placer inmenso en los humanos hacia las superpersonas, abundan en la ficción desde la Odisea hasta los héroes y heroínas de Marvel, seres que pueden hacer todo aquello que soñamos, pero que nos es imposible. Me pregunto ahora si acaso los dioses mismos de todas las mitologías no son otra cosa más que una especie de héroes y heroínas.

Sin embargo, desde 1605 hubo un cambio fundamental en la narrativa. Se ha construido en la modernidad desde El Quijote, más o menos, una figura que es lo opuesto al héroe que todo lo puede hacer, que hace magia, vuela, es inteligente, se libra de todas las batallas y tiene muchísima suerte. En la literatura moderna que vivimos desde Miguel de Cervantes, tenemos al antihéroe, a quien más bien todo le sale mal, no tiene ni magia ni vuela ni desa-parece ni nada, pero, curiosamente, más que todos los súperhéroes, es lo más cercano, empático, real, y, sobre todo, muy divertido para quienes leemos libros.

Están El Quijote, Tom Jones, Tristram Shandy, David Co-pperfield y muchos, muchos más… Durante los últimos años de este siglo XXI se ha vivido una pulverización del canon; todo ha cambiado, este es un hecho contundente, vivimos otra realidad, más sana, más igualitaria en la cual en un mundo en donde antes no había mujeres ahora las hay. En las bellísimas novelas mencionadas al inicio de este párrafo es posible ver que todos los autores y todos los protagonistas son hombres. Se puede pensar en un puñado de otras heroínas que estarían en las poquísimas mujeres que escribían antes de este reciente boom femenino, como Virginia Woolf (quien en su Orlando juega con esto de manera genial), Emily Brontë o Mary Shelley; pero ninguna de estas autoras, curiosamente, hay humor. Claro, con esa palabra y escritora en lengua inglesa, viene a la mente Jane Austen, quien, precisamente por eso, es cada vez más un fenómeno en muchos sentidos que no paramos de descubrir.

En este nuevo amanecer equitativo hay cada vez más escritoras mujeres, lo cual es maravilloso, pero muy pocas cultivan el humor; casi nos sobran los dedos de una mano y, quien me viene a la mente de inmediato en este tema, es la escritora mexicana Didí Gutiérrez, gracias a quien leí a la fascinante, brutal, a veces terrible, pero siempre adictiva-mente divertida Miranda July (Berkeley, 1974) quien es una mujer polifacética, performer, actriz, cineasta, y escritora, por supuesto, y su increíble novela El primer hombre malo, que cuenta la historia de una mujer profesionista, que pasa de los cuarenta años, tiene un trabajo que le gusta, sin embargo, vive con las insatisfacciones usuales de nuestro mundo actual: no quiere envejecer, quiere consolidar el amor en todas sus vertientes: eróticas, amorosas, amicales y maternales. Pero todo es extremadamente difícil, su enamorado la conoce, le cae bien, la respeta, es cercano… pero no tiene la menor idea que ella está enamorada de él; su relación consiste más en la masturbación y en las fantasías. Sus amigas no son tan cercanas como ella quisiera y, además, es débil, por lo que las personas de su trabajo enquistan a una adolescente para que viva con ella, por el sólo detalle de que vive sola. Y en cuanto a la maternidad… todo es complicado, pues no tiene pareja. Sin embargo, en esta novela de Miranda July, los problemas que usualmente son tratados desde el melodrama, el sufrimiento o la soledad, aquí todo está cargado de un profundo sentido del humor, de la antiheroína a quien todo le sale mal, sufre, se siente sola, pero todo está observado desde un punto de vista para nada victimizado, y esto da un giro, no sólo desde el tono de la novela, sino que ésta, a partir de esta actitud, va teniendo vueltas, cambios en la trama completa-mente inesperados, pero que vienen de ver el mundo con humor, más que con heroísmo, u otro tipo de heroísmo, el de las antiheroínas que pueden cambiar al mundo al verlo con humor, como una mera imitación de los seres humanos que somos.

 

Miranda July, El primer hombre malo, Ciudad de México, Random House, 2015. 271 páginas.