
Tlapa, Guerrero, a 17 de junio de 2025.- El viernes fueron asesinadas a machetazos tres personas de una familia en la comunidad de La Sabana, municipio de Tlacoapa por un familiar.
El multihomicidio de su abuela Cleotilde y sus tíos y padres de crianza Araceli y Leandro, fue perpetrado por Francisco, supuestamente bajo los efectos de una droga.
La Fiscalía General del Estado de Guerrero (FGE) inició una carpeta de investigación por el delito de homicidio calificado por arma blanca contra el presunto responsable bajo arresto Francisco Reyes Basilio, de 23 años. Las víctimas fueron identificadas como Leandro Huerta Alejandro, de 57 años; Aracely Galeana González, de 55 años y Cleotilde González Nava, de 75 años.
En la comunidad me’phaa, como a las 9:00 de la mañana del viernes, se corrió la voz de que Pancho, como lo conocían, había apuñalado a Leandro, su tío y padre de crianza desde que sus padres murieron cuando tenía 3 años. Esos comentarios hicieron que su tía Araceli y madre de crianza fuera a buscarlo para cerciorarse y calmarlo, porque no era la primera vez que Pancho perdía el control de sí, por las drogas, según comentarios que dio su tía Escolástica al Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, luego de los trágicos hechos.
Escolástica dijo que luego de terminar de hacer las tortillas para el almuerzo fue a ver qué había pasado porque su hermana Araceli no regresaba, llegó a su primera vivienda sin ver nada raro, sólo silencio. Siguió buscando hasta que vio huellas de huaraches y siguió buscando entre las veredas que finalmente la llevaron a otra casa que tienen en medio del cerro. Estaba un perro olfateando sangre.
Contó que con miedo y desesperación ante el silencio corrió a la casa empujando la puerta y lo primero que vio fue a su mamá Cleotilde en una esquina ensangrentada; cerca de ella su hermana Araceli, bocabajo y a su lado yacía Leandro tirado bocarriba, inertes.
Sin pensarlo salió de ahí para pedir auxilio y en el camino observó la figura de su sobrino Pancho rondando la casa, por lo que apuró su paso para ponerse a salvo. A la par que vio que su sobrino Pancho también corrió perdiéndose entre los árboles del monte.
Escolástica dijo que un primer vecino se negó a apoyarla, recomendándole que se fuera con cuidado a buscar a las autoridades; entonces buscó a sus compadres a quienes les dijo que sus familiares estaban muertos y les pedía que la acompañaran a notificar al comisario, lo cual hicieron llevándola en su carro.
Desde ahí se notificó a las autoridades municipales y cerca de las 2:00 de la tarde llegó la síndica municipal de Tlacoapa a quien le narraron los hechos y levantó el acta por los homicidios e informó a las autoridades ministeriales.
Más tarde llegó el agente del Ministerio Público y unos peritos forenses que se encargaron de hacer las diligencias para levantar los cuerpos. Cerca de las 8:00 de la noche se los llevaron a la comisaría donde fueron velados.
Mencionó que ella estaba triste y con coraje por la forma cobarde como murieron a manos de un miembro de la familia, que consideraban un hijo, en el caso del matrimonio de Araceli y Leandro y que ella presintió algo porque andaba con pesadez, y les habló de la muerte a su mamá y a su hermana días antes.
En la comunidad consideraron la tragedia como un castigo de Dios por tanto desorden que hay en la comunidad.
Contó que fueron ocho hijas, de las cuales ella y Araceli se quedaron con su mamá, pues la mamá de Pancho murió, el resto hizo su vida aparte. Ninguna fue a la escuela, su sustento fue el campo que sembraban para las tortillas y los quelites que se dan en la temporada.
Tras el multihomicidio que cometió su sobrino Pancho lamentó que su hermana Araceli al casarse con Leandro decidieron hacerse cargo de su crianza y él no valora porque nunca le mintieron y supo que no eran sus papás biológicos sino sus tíos.
En un intento de justificar el crimen, consideró que eso le duele a Pancho, sobre todo que sus conocidos le recordaran que no tiene madre, porque murió al igual que su padre quedando huérfano a los 3 años.
Y que creía que sentía que nadie lo quería y que en el pueblo estaba solo y que fue como un odio que se incrustó en su mente y en su corazón y que nunca pudo controlar.
Recordó que se dieron cuenta de que empezó a consumir droga y nadie se atrevió a decirle algo, al contrario, su abuela lo consentía y lo dejaba que anduviera ocioso, sin obligarlo a que los acompañara en las labores del campo porque no quería trabajar. Y recordó que en esos momentos en que estaba drogado les gritaba que un día las iba a matar.
Por eso, deduce que lo ocurrido el viernes por la mañana fue porque estaba drogado porque su comportamiento era muy violento, cuando lo atraparon los de la comunidad.
El sábado los familiares se trasladaron a la Fiscalía de Tlapa para presentar la denuncia formal y hacer los trámites para el regreso de los cuerpos a La Sabana donde los esperaron para hacer su velación en el albergue de la comunidad, en tanto se define la situación de Pancho.
El Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, en su artículo publicado este lunes en El Sur, denunció que la violencia se agrava en esa región de Guerrero no sólo por la presencia de grupos de la delincuencia que se han apostado en comunidades estratégicas para tener el control de las rutas, sino porque los niños y jóvenes indígenas han incursionado en el consumo de drogas sintéticas.
Afirmó que autoridades municipales y educativas no se han interesado en atender este problema de salud pública.
Policías municipales de Tlacoapa detuvieron a Francisco Reyes Basilio, en la colonia Jacarandas de La Sabana y lo trasladaron a las celdas de la comisaría. Cercanos a las víctimas informaron a la autoridad que cuando el joven privó de la vida a sus familiares se encontraba bajos los efectos de una droga.
Carmen González Benicio / Foto: Tlachinollan


