
Arturo García Jiménez
EI café sigue siendo una de las bebidas más apreciadas y consumidas, profundamente arraigada en las culturas y economías de todo el mundo. Ocupa el segundo lugar en líquidos consumidos, después del agua. Cada día, el mundo consume 2 mil 500 millones de tazas de café.
El café es cultura, historia, economía, relaciones sociales, medio ambiente, mercado bursátil, amortiguador del cambio climático, asentamiento de poblaciones pobres, intercambio de divisas, negocios y amor. Es en sí, un vehículo comunicante, que resume y reproduce la problemática de todos los cultivos.
El recorrido del café constituye un camino largo y sinuoso, desde que se siembra hasta que se coloca en la taza del consumidor. Pero traducido a lo cuantitativo, recorriendo la trazabilidad de los productos de Nestlé y Starbucks, se retrata la abusiva relación con los pequeños productores, las presiones a las que son sometidos y el impacto en el medio ambiente. Dicha explotación se traduce en un dato preciso: Si el precio promedio de una taza de café fuera de $40.00 al productor solo le quedan el 3.9%, es decir $1.56 pesos.
Hoy es el Día Mundial del Café, y en los onomásticos es bueno reflexionar al menos, ya que no hay mucho que festejar.
México llegó a ocupar hasta el tercer lugar en la producción mundial, pero hoy ocupa el décimo primero. ¿Pero qué ha pasado en nuestro país, donde 600,000 familias cultivaban casi un millón de hectáreas, producían hasta 6 millones de sacos por año y gracias a su exportación era el segundo generador de divisas después del petróleo? Hoy producimos menos de 4 millones de sacos.
Además del envejecimiento de las huertas y de los productores, las plagas y enfermedades, el empobrecimiento de los suelos, los fenómenos climatológicos y el vaivén de los precios; no hemos tenido en los últimos años una política que reactive la actividad cafetalera y se ha marginado el funcionamiento de organizaciones y cooperativas en aras de un mal entendido “no a los intermediarios”. Es triste, pero hay que decirlo, el único programa para los cafetaleros consiste en un subsidio de 7 mil 300 pesos anuales, sin importar que tenga una o diez hectáreas, lo cual, sin el ánimo de menospreciar, equivale a un apoyo diario de 20 pesos. Así no se fomenta a una de las actividades productivas más importantes.
La realidad es que a la industria no le importa la planta productiva ya que tiene resuelto su abasto de materia prima. Mientras exportamos el 85% de nuestros mejores cafés arábigos, la compañía Nestlé importa más de 2 millones de sacos de café robusta que representan el 65% del consumo de café soluble de los mexicanos. Incluso hay internaciones ilegales de Centroamérica y cafés de baja calidad. La cadena productiva está totalmente desarreglada, pero para beneficio de las grandes compañías; quizá por eso al gobierno tampoco le interesa aprobar la Ley de Fomento a la Cafeticultura que tiene más de tres años en el Congreso.
De acuerdo con las prospecciones internacionales, para los próximos diez años se viene una bonanza del café que ahora se refleja en los precios más altos de la historia, mismos que tienen que ver con lo siguiente: Se estima un incremento de hasta 85% del consumo mundial, hay una gran tendencia a consumir cafés arábigos de sombra y no solubles, aumento de los precios de taza al consumidor por los caprichos arancelarios de Trump y el creciente impacto de los fenómenos meteorológicos en los países productores. Todo lo cual debemos aprovechar, por lo que tenemos que centrarnos en la productividad de nuestros cafetales. Entonces, sin tanto rollo, las acciones conjuntas que tenemos que hacer y ojalá que con el apoyo del gobierno, tienen que ser las siguientes:
1. Fuerte impulso al incremento de la producción y la productividad. Fomentar grupos de trabajo que, con acompañamiento técnico, realicen programas de manejo de plantaciones mediante el empleo de bioinsumos. El fertilizante químico que hoy nos entregan no es apto ni para los suelos ni para la nutrición de los cafetos.
2. Campaña de fomento al consumo de café arábigo de grano. Esto no tiene un mayor costo, antes existía un distintivo en cafeterías y restaurantes que hacía referencia al Café Mexicano.
3. En razón del gusto del consumidor actual, fomentar el cooperativismo y procesar café soluble 100% puro. Es posible salir con un buen precio al consumidor usando cafés lavados preparación americana
4. Programas como Alimentación para el Bienestar, la Secretaría de Economía y la Sader, pueden enlazar a los productores con los programas de compras gubernamentales diversos. Y hay que reconocer las calidades regionales para resaltar el origen.
5. Impulsar el cooperativismo en las ciudades, con la idea de fortalecer la economía social campo/ciudad, así como con los productores.
6. Poner en marcha un esquema especial de financiamiento a las cooperativas.
Un mensaje inmediato que nuestro gobierno debe dar al sector productivo es aprobar de una vez por todas la Ley de Fomento a la Cafeticultura.
Con ello, comenzaríamos a reordenar la cadena productiva en nuestro país que produce alrededor de 234 mil toneladas (3.9 millones de sacos), y se apoyaría fuertemente a uno de los sectores en extrema pobreza donde el 92.5 % son pequeños productores, siendo indígenas el 85%.
Y solo de esta forma tendremos ¡Café para todos!, con aroma a responsabilidad social.


