
Señalaron en un foro que la ley sobre el cultivo está detenida por los intereses de las grandes empresas que acaparan el producto en el mercado
Primera parte
Atoyac, Guerrero, 7 de octubre de 2025. El aumento del precio del café en el mundo a consecuencia del cambio climático y los programas sociales federales están motivando a los productores de la sierra de Atoyac a recuperar las parcelas abandonadas, pero sigue pendiente la ley del café que regule el mercado, norma no aprobada por la presión de las empresas transnacionales hacia las autoridades, señalaron especialistas y productores.
Como parte de una política pública que incentive la producción del café, el Estado debería incluso de subsidiar a los caficultores por la importancia que tiene el grano para el cuidado de la biodiversidad, propuso el investigador de la Universidad de Chapingo en Huatusco, Veracruz, Esteban Escamilla Prado, consultado por El Sur después de su participación en el Foro Cafetalero 2025 Agroecología y Resiliencia frente al Cambio Climático en el Sistema Café.
Escamilla Prado es considerado uno de los grandes expertos académicos del café en México, el sexenio pasado participó como especialista en el componente del café del programa federal Sembrando Vida, desde donde trabajó el “valor agregado, de cómo ver calidades, cómo empezar a estimar cosechas”.
“Creo que se le dio un buen avance, el café vino a rescatar el cultivo de muchas zonas que iban de salida, que se habían abandonado, en parte Guerrero, pero también Hidalgo, San Luis, el norte del Veracruz”.
Con los 7 mil pesos que la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader) da en una sola emisión por medio del programa Producción para el Bienestar, es “muy poco lo que puede (hacer) el productor, pero el caso de Sembrando Vida fueron inicialmente 5 mil, ahora son 6 mil 250, eso multiplicado por 12 meses ya permite a un productor hacer una inversión”.
“Además de que produce su planta en viveros comunitarios y también produce sus biofertilizantes en las biofábricas, entonces si el productor hace el trabajo, siembra, aplica bioinsumos y los técnicos también hacen un trabajo, hay acompañamiento técnico”.
Cuando se habla de café en Atoyac, los productores de mayor edad resaltan el apoyo otorgado a través del Instituto Mexicano del Café (Inmecafé) durante la década de 1970, política que fue de la mano de la represión a la guerrilla, hasta su extinción en 1989 como parte de la política neoliberal del gobierno priista de Carlos Salinas de Gortari.
Si habría que regresar a una institución como tal, el profesor de Chapingo contestó que “la producción del café va más allá del simple hecho de tener café en el mercado, un producto de calidad, yo creo que el café es un cultivo que está dando servicios vitales a la sociedad, proteger suelos, el agua, cuidar la biodiversidad”.
“Y eso debe tener una consideración especial, o sea, el productor del café con sombra debería estar teniendo un incentivo que lo pague la sociedad porque funge una función vital en estas montañas, sin café esto sería otro paisaje, muy triste”, añadió en la plática en El Paraíso el miércoles pasado.
La ley del café, ahondó el especialista, ha quedado parada por los intereses de grandes empresas que intentan evitar que el “gobierno pueda tener precios de referencia para el café, que es un mercado libre”.
El mercado es desigual, por un lado están los productores brasileños con alta tecnología y organizados, y por el otro lado, campesinos de comunidades indígenas de México que conciben el café como “un medio para poder sobrevivir, pero no están en el mercado compitiendo, entonces es ahí donde el Estado tiene que tomar un papel importante”.
Desde hace más de 10 años se ha intentado aprobar dicha norma, en 2024 la Secretaría de Economía la rechazó y en abril pasado el Senado la aprobó, pero quedó estancada en la Cámara de Diputados.
–En un momento idílico, ¿la organización campesina le puede ganar al capital o tiene que haber una ley?
–Pues si tuviéramos un gremio organizado, donde hubiera coordinación, armonía, pues tendríamos un sector muy fuerte y creo que no necesitaría del gobierno, creo que podría ser muy autogestivo, pero lamentablemente son pocas las organizaciones que tienen trabajo, he comentado en Chiapas, Oaxaca, un poquito en Puebla, en Veracruz casi no hay, aquí en Guerrero también desaparecieron.
“Mientras no se tenga eso, creo que el papel del Estado es de poder promover la organización, si tuviéramos a los productores organizados, podríamos aspirar a una federación de cafeteros como en Colombia, es un gremio que ha sobrevivido fuerte”.
Resulta claro que el café en México necesita un impulso institucional, no obstante, su resiliencia a efectos del cambio climático y del mercado por su siembra bajo sombra, “estrategia que permite al productor el poder enfrentar diferentes eventos climatológicos”, puntualizó el doctor en agroecosistemas tropicales.
De esta forma no se produce tanto café en volumen, pero permite proteger el cafetal, además otorga “servicios ambientales” como la obtención de leña, madera, frutas, alimentos, medicinas, hongos y otros productos que ayudan a las necesidades familiares.
Grandes países exportadores de café que cultivan sin sombra, como Brasil y Vietnam, están enfrentando serios problemas en su producción por las sequías y las heladas, lo que está ocasionando el aumento del precio del café en el mercado.
En México el año pasado fue seco y en 2025 ha habido buenas lluvias, variaciones por el cambio climático con las que “el productor tiene que ir prácticamente conviviendo y la sombra ya de entrada es un seguro, pero también tiene que trabajar la nutrición de sus plantas”.
“Mínima la intervención del gobierno federal” en los últimos seis años: caficultor
“El año pasado fue una cosecha muy baja, entonces el periodo de sequía de abril y mayo estuvo muy pronunciado hasta junio”, a diferencia de este año en el que las lluvias comenzaron en mayo, comentó el productor de café de la comunidad de Santo Domingo, Acacio Castro Serrano, durante la tromba en El Paraíso al terminar la celebración del Día Internacional del Café.
“El café es muy sensible al cambio de temperatura, lo importante es conocer esos retos y aplicarse un poco más, manteniendo plantaciones renovadas, hay que ver qué variedades están generando nuevas expectativas”, expuso el también ex alcalde priista de Atoyac en el trienio 1999-2002.
En una entrevista en diciembre pasado, el productor ya hablaba de los precios elevados del café en el mercado internacional, desde entonces “la tendencia ha sido siempre a mantenerse en esos niveles, de hecho, llegó a bajar a cerca de los 360 dólares por 100 libras, pero vuelve a subir, rebasa de nuevo los 400”.
El precio internacional es “como un imán”, un precio estable es atractivo para el productor y lo motiva a regresar a la parcela, además están los programas sociales como Sembrando Vida que “está estimulando a la gente, porque ya ves a las comunidades donde la gente no quería, por lo menos hay al menos 25 productores que ya están reactivando”.
Aún no se ve el impacto en los volúmenes de producción y de productividad, se esperan resultados positivos a mediano plazo, pero de todos modos falta “una política pública cafetalera de parte del gobierno federal porque al final el café es un producto estratégico por muchas razones: ambiental, social, económica”, opinó Castro Serrano.
“Los últimos seis años es mínima la intervención del gobierno federal y eso tiene un impacto; si es un cultivo estratégico, donde los productores están contribuyendo con su trabajo, con su territorio, también el gobierno debe de regresar a ver al productor y estimular esas actividades que tienen ese impacto en la sociedad en su conjunto”.
Criticó la no aprobación de la ley del café por los intereses de las grandes empresas que acaparan el café en el mercado, “el gobierno le hace menos caso a los miles de productores que a una empresa como la Nestlé”.
En un ambiente positivo por los precios altos, el caficultor insistió en mejorar la producción y la productividad, “que se busque transformar el café, que no se venda como materia prima, sino que se siga vendiendo tostado y molido. Es el valor agregado y ese café su precio se ha mantenido, ya anda circulando en lo local en Atoyac entre 250 y 300 pesos de kilo de café”.
Señaló que el Café Bienestar que impulsa el gobierno federal es una opción para los campesinos que producen cafés solubles, “pero realmente lo que mejor conviene al productor es seguir trabajando la estrategia de vender café tostado y molido al consumidor”, además de seguir con los mercados que se están abriendo, organizarse y mantener estándares de calidad.
Ramón Gracida Gómez


