14 octubre,2025 8:55 am

El surgimiento de los incel muestra la escasa salud mental entre los jóvenes, remarca especialista

La compleja situación de quienes cometen feminicidios por la falta de relaciones con mujeres tiene eco en foros de internet, desde donde se potencia el problema, porque se reúnen para lanzar discursos misóginos

Guadalajara, Jalisco, 14 de octubre de 2025. July dormía en su casa en Paseos del Sol cuando Marco Alexander entró y la mató. No se conocían y no tenían ningún vínculo; fue una muerte marcada por el absurdo. El asesino, según autoridades, dijo que “escuchó voces” que le ordenaron atacar.

La realidad, más allá de todo eso, es que el crimen compartió rasgos con otras agresiones ocurridas en Jalisco y otras partes del mundo, y que fueron perpetradas por jóvenes de características similares: introspectivos y aficionados a los crímenes.

Muchos jóvenes pertenecientes a la generación Z (nacidos entre 1995 y 2012), se mueven en plataformas de juegos, como Discord o Twitch, y encuentran espacios en comunidades diversas, como las incel (célibes involuntarios, por el término en inglés involuntary celibate).

“Es un problema muy complejo, multifactorial, no podríamos hablar de una sola causa que esté ocasionando este tipo de comportamientos, pero sí podemos hablar de que hay una situación de escasa salud mental”, dijo la sicóloga clínica especialista en grupos prioritarios, Aída Araceli Martínez.

“Se vincula casi siempre con familias disfuncionales, con traumas infantiles o infancias muy problemáticas, (pero también) con dinámicas sociales y culturales; sin duda, estos rasgos individuales interactúan”.

El término incel, asociado a comunidades principalmente de hombres jóvenes que aseguran no poder mantener relaciones afectivas o sexuales, a pesar de desearlo, dejó de ser una descripción personal para transformarse en una subcultura con foros en línea que poseen particularidades en identidad, lenguaje y visión del mundo, y que cuenta con sectores radicalizados que muestran discursos misóginos, nihilistas e, incluso, violentos.

La miniserie Adolescencia, de Netflix, describe este fenómeno con Jamie, quien mata a una compañera al combinarse factores como la baja autoestima, el acoso escolar y, particularmente, su radicalización en línea a través de comunidades incel.

Lex Ashton pertenecía a esa subcultura. El estudiante del Colegio de Ciencias y Humanidades Sur de la UNAM que asesinó a un alumno e hirió a un trabajador, el 21 de septiembre, reflejaba la frustración y el enojo que sentía en Facebook.

“Ya estoy harto de este mundo, nunca en mi pta vida he recibido el amor de una mujer y la neta me duele, me duele saber que los Chads pueden disfrutar de las foids y yo no”, escribió.

Un chad es un joven atractivo que tiene éxito en sus relaciones; foid es un término peyorativo contra las mujeres. El día del crimen traía una bandana en la cara y se tapó la cabeza con la sudadera; horas antes, había compartido fotos en las que exhibió la ropa y armas.

“En este tipo de comunidades, una de las características que hay es que existe una frustración que puede llegar a convertirse en una ideología colectiva o que comparten varias personas”, añadió Martínez, docente del Centro Universitario de Tlajomulco.

“En internet, en redes sociales y estas comunidades se amplifican estas creencias, validando muchas veces emociones negativas”.

Marco Alexander, el asesino de July, llevaba ropa oscura, una navaja táctica y una capa el día del asesinato y, supuestamente, se inspiró escuchando música black metal.

En 1999, tras la masacre de Columbine, en Estados Unidos, ciudadanos conservadores culparon a Marilyn Manson tras descubrir que los asesinos seguían a polémico vocalista.

“Cuando ves la tele, las noticias, te están inyectando miedo. Hay inundaciones, sida, asesinatos; pasamos a los anuncios y ‘cómprate el coche, compra Colgate: si te huele el aliento, no te hablarán; si tienes granos, no te tirarás a la chica’. Es una campaña de miedo y consumo”, respondió el cantante al cineasta Michael Moore, para su documental.

–Si hablaras con los chicos que provocaron la masacre, ¿qué les dirías? –le preguntó el ganador del Oscar.

–No les diría nada, escucharía lo que tuvieran qué decir.

Cuando perpetró los feminicidios, Gabriel Alejandro, quien asesinó a tres mujeres en Guadalajara en marzo de 2024, llevaba una playera de la banda Slipknot, una bandana y navajas tácticas.

El joven, quien advirtió de los crímenes en redes, admiraba a Guilherme Taucci Monteiro, uno de los autores de una matanza de Brasil, en 2019, quien, a su vez, veneraba la masacre de Columbine.

Una vez que fue detenido, los médicos que lo atendieron lo describieron como un paciente siquiátrico con tendencias suicidas que carecía de empatía, antes de que él mismo, de acuerdo con la versión oficial de las autoridades, se arrojara al vacío en el reclusorio Metropolitano, en agosto de 2024.

“Hay un elemento de salud mental, pero no podemos decir que 100 por ciento por esa condición, porque además luego se piensa que las personas con trastornos mentales graves son violentas y esto no necesariamente es así”, aclaró la especialista de la UdeG.

“Entonces, sin duda confluyen muchísimas cuestiones personales, sociales, familiares, etcétera, que los llevan a cometer este tipo de actos tan atroces”.

Noé Magallón / Agencia Reforma