4 noviembre,2025 8:22 am

Otorgan al escritor mexicano Gonzalo Celorio el Premio Cervantes

Lo reconocen “por la excepcional obra literaria y labor intelectual con la que ha contribuido de manera profunda y sostenida al enriquecimiento del idioma y de la cultura hispánica”, asevera el jurado al premiar al actual director de la Academia Mexicana de la Lengua

Ciudad de México, 4 de noviembre de 2025. Atento al anuncio del Premio Cervantes, más por su idílico vínculo con la lengua que por alguna ambición personal, Gonzalo Celorio escuchó con gran sorpresa que el laureado de este año no era otro sino él mismo.

Y aunque muy contento con lo que calificó como una “maravillosa noticia”, el escritor mexicano no ocultó el sobresalto que esto le provocó.

-”La verdad, me ha abrumado un poco”, compartió ayer Celorio (Ciudad de México, 1948) en entrevista tras conocer el fallo a su favor.

“Porque es un reconocimiento muy importante, el más importante de la lengua castellana. Y en ese sentido, bueno, pues implica un reconocimiento realmente muy significativo”, prosiguió el director de la Academia Mexicana de la Lengua (AML). “Sí me sorprendió y me llenó de satisfacción el que me hubieran llamado”.

Celorio se convirtió en el séptimo mexicano en obtener la mayor distinción de las letras en español –tras Octavio Paz (1981), Carlos Fuentes (1987), Sergio Pitol (2005), José Emilio Pacheco (2009), Elena Poniatowska (2013) y Fernando del Paso (2015)– “por la excepcional obra literaria y labor intelectual con la que ha contribuido de manera profunda y sostenida al enriquecimiento del idioma y de la cultura hispánica”, según valoró el jurado.

“A lo largo de más de cinco décadas, ha consolidado una voz literaria de notable elegancia y hondura reflexiva en la que conjuga la lucidez crítica con una sensibilidad narrativa que explora los matices de la identidad, la educación sentimental y la pérdida. Su obra es, al mismo tiempo, una memoria del México moderno y un espejo de la condición humana”, dio lectura al fallo Ernest Urtasum, Ministro de Cultura español.

“No es que haya sido una actitud deliberada o propositiva. Para mí, escribir es una forma de respirar; me resulta absolutamente natural y necesario. No puedo dejar de escribir un solo día. Es mi vocación más acendrada, más profunda, más rica”, dijo a Reforma el nuevo Premio Cervantes, cuya candidatura postuló la UNAM.

Entre experiencias

Don Gonzalo Celorio, como lo ha nombrado Urtasum, tiene perfecta claridad respecto a dónde nació su enorme gusto por los libros: la recámara-biblioteca de su hermano Miguel, 22 años mayor que él.

El escritor, el penúltimo de 12 hermanos, recuerda que el arquitecto de profesión, académico y especialista en arte novohispano, mantuvo una relación muy paternal hacia él.

“Me citaba en su habitación para enseñarme algunas palabras muy rimbombantes para que yo las respondiera en el momento en que él me preguntara en público, generalmente delante de alguna de sus novias sucesivas”, rememora Celorio.

“Para mí, eran ignotas, pero muy prestigiosas. Yo las soltaba en una retahíla de respuestas que me hacían ganar singularidad, afecto y reconocimiento. Y eso fue realmente muy estimulante en mi vida; creo que desde esa edad tan temprana supe que mi vocación estaba regida por la palabra”.

De chico, la clase que siempre le gustó era aquella que entonces se llamaba Lengua Nacional, que compaginaba gramática con literatura. Y en ese hogar donde todo lo heredaba de una decena de hermanos mayores, por supuesto los libros también habían pasado siempre por otras manos.

Así que, en lugar de utilizar el libro de la lexicógrafa y lingüista de Rosario Gutiérrez Eskildsen que tenían en casa, con el que ya habían estudiado antes sus hermanos Eduardo, Jaime y Ricardo, el joven Gonzalo decidió gastar ése primer sueldo simbólico que ganó trabajando de office boy durante las vacaciones para comprar su propio ejemplar.

“Pude estampar por primera vez mi firma sin tener que borrar ninguna anterior”, relata. “Fue, efectivamente, el libro fundacional de mi biblioteca”.

Formado en Lengua y Literatura Españolas bajo la guía de figuras como Luis Rius, Ramón Xirau, Adolfo Sánchez Vázquez y Gloria Caballero en la UNAM, Celorio se considera discípulo del exilio español republicano; “por otra parte, tuve también un gran maestro a quien quise mucho y que fue muy estimulante para mí, que fue Juan José Arreola”.

De la literatura cubana reconoce la influencia de autores como José Lezama Lima, Alejo Carpentier y Guillermo Cabrera Infante. Mas son los pertenecientes al Boom, comenzando por el argentino Julio Cortázar, a quienes refiere como las figuras tutelares con mayor incidencia en su obra.

“Siempre digo que mi vida está dividida en antes de J. C. y después de J. C.; es decir, antes y después de Julio Cortázar”, apunta quien ha compartido en un título como Mentideros de la memoria (2022) evocaciones de personajes como Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes y el propio autor de Rayuela.

Además de su amplia ensayística labrada en torno a multitud de temas y personalidades, en la obra de Celorio destaca también su saga familiar de novelas que arrancó con Tres lindas cubanas (2006) y continuó con El metal y la escoria (2014) y Los apóstatas (2020), en donde va del relato biográfico al ensayo histórico y la crónica de viajes.

“Toda vivencia es, por complicada que sea, enriquecedora de la experiencia. Y la experiencia es algo que me interesa mucho, por eso muchos de mis textos son memorialistas, digamos”, resalta el autor reconocido con premios como el Xavier Villaurrutia 2022 y el Nacional de Ciencias y Artes en 2010.

–De no haberse dedicado a las letras, ¿que le hubiera gustado hacer?

–Tenía algún gusto por el dibujo, por la pintura y por la arquitectura, también, sin duda, por la influencia de este hermano mayor que, como digo, fue como una especie de padre putativo. Pero la verdad es que soy lo que me habría gustado ser. He dedicado mi vida a leer y a escribir, a cumplir con la elemental condición alfabetizada de mi persona, que para mí es lo más importante que me ha ocurrido en la vida.

Su paso por diferentes instituciones, no como un funcionario que escribe, sino como “escritor que funciona”, completa la prolífica trayectoria de Celorio. Y ha sido en tal etapa donde quizás ha tenido que sortear más dificultades.

Era director de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM durante los álgidos días de la huelga de 1999; “nueve meses que fueron realmente muy críticos”, expresa el autor que también estuviera al frente de la Coordinación de Difusión Cultural en la Máxima Casa de Estudios.

También fue titular de la Dirección de Literatura del INBAL y del Fondo de Cultura Económica (FCE), esto en el sexenio de Vicente Fox. En tal periodo se tuvo la intención de que el sello paraestatal prescindiera de los ingresos fiscales y sobreviviera únicamente de los propios.

“Tuve que luchar mucho para que no ocurriera”, cuenta Celorio, quien también se opuso al cierre de filiales.

En su calidad de titular del FCE, fue comisionado para escribir el discurso que Fox leyó en el Segundo Congreso Internacional de la Lengua Española, en Valladolid, España, en 2001. Ocasión en que, ante los académicos más prominentes, el panista citó a un tal “José Luis Borgues” y no al “Jorge Luis Borges” que Celorio incluyó en el texto.

Al pedirle su opinión sobre el rumbo que ha tomado el Fondo en los últimos años, bajo las riendas Paco Ignacio Taibo II, Celorio zanja: “Prefiero no opinar”.

Israel Sánchez / Agencia Reforma