1 diciembre,2025 9:00 am

En un mundo de devastadoras guerras, la literatura es más necesaria que nunca, sostiene Amin Maalouf

Recibe el autor libanés el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2025 y señala los desequilibrios de sociedades capaces de conectarse en segundos con el otro lado del mundo, pero que siguen atrapadas en discursos de odio

Guadalajara, Jalisco, 1 de diciembre de 2025. En un mundo en donde el entendimiento se extingue, las guerras se despliegan con devastadoras consecuencias y los nacionalismos asedian las libertades individuales, la literatura es más indispensable que nunca, no sólo como refugio o divertimento estético, sino como un territorio para la comprensión y el encuentro, para la reflexión crítica, resaltó Amin Maalouf (Beirut, 1949), ganador del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2025.

El autor franco-libanés recibió el sábado el máximo galardón de la fiesta libresca. En su discurso de aceptación del galardón, el periodista y narrador aprovechó para advertir sobre los peligros a los que se enfrenta la civilización frente a la intolerancia y la polarización.

El autor habló ante un auditorio lleno sobre lo que significa escribir en un mundo herido por la violencia y la exacerbación de los nacionalismos. Su voz sonó como una invitación a no perder la brújula.

“Todo lo que pertenece al ámbito de la ciencia y la técnica avanza sin pausa, cada vez más rápido; mientras que lo que pertenece a nuestra evolución moral tropieza, se desvía o incluso retrocede”, contrastó el integrante de la Academia Francesa de la Lengua y Premio Príncipe de Asturias de las Letras.

Ese desequilibrio, dijo, no sólo marca el pulso de esta época contemporánea, sino que expone las fragilidades de una humanidad capaz de conectarse en segundos con el otro lado del mundo, pero que sigue atrapada en discursos de odio.

“Jamás habría imaginado que la guerra regresaría con tanta fuerza al centro de la actualidad; no sólo en mi región de origen, el Levante, sino también en mi patria adoptiva, Europa. Que la violencia se volvería aún más salvaje, más mortífera que en los tiempos de mi nacimiento”, remarcó el autor afincado en Francia desde 1975.

En ese territorio de contradicciones, Maalouf defendió el papel insustituible de la literatura a partir de tres misiones fundamentales.

“El primer derecho –y el primer deber– de una persona libre es entender el mundo, saber cómo se transforma y hacia dónde va, para poder contribuir a su avance y también para poder protegerse de sus peligros. La segunda misión de la literatura es convencernos de que, a pesar de nuestras diferencias, de nuestras enemistades, nuestro destino se ha vuelto común.

“Y la tercera misión de la literatura en este siglo es arrojar luz sobre los valores esenciales del ser humano –la dignidad, la libertad, el respeto mutuo, la convivencia armoniosa–, mostrando lo que significan y cómo deberían encarnarse hoy”, precisó el autor.

Destacan pluralidad

La FIL de Guadalajara es un foro plural que reúne a voces con ideologías contrarias, pero eso es precisamente en lo que radica su riqueza, por eso debe ser un espacio que debe ser defendido, coincidieron Karla Planter y Trinidad Padilla López, quienes dieron su primer discurso de inauguración de la fiesta literaria, la primera como rectora de la UdeG y el segundo como Presidente de la FIL.

“Los autores no son solamente productores de contenido. No son influenciadores ocasionales, ni una voz que se pierde entre millones. Es conciencia crítica del tiempo. Es memoria y es futuro”, afirmó Planter.

Recibe Eduardo Mendoza la Medalla Carlos Fuentes

Barcelona no sólo es una ciudad: es un territorio literario. Una geografía donde la memoria, la imaginación y la vida cultural han trazado un mapa propicio para que la creación se vuelva un modo de habitar el mundo.

Desde esa convicción habló Eduardo Mendoza, uno de los autores centrales de la literatura en español, encargado, el domingo, de inaugurar el Salón Literario Carlos Fuentes en la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, ceremonia en la que además recibió la Medalla Carlos Fuentes, entregada por la viuda del escritor mexicano, Silvia Lemus.

Frente a un auditorio lleno, el catalán recordó que Barcelona ha sido uno de los grandes amores de su vida. La ha escrito, la ha padecido, la ha observado transformarse.

Esa ciudad que lo vio nacer en 1943, dijo, ha cargado todo tipo de adjetivos: la urbe de los dragones, la ciudad de las bombas, la moderna, la literaria. Esa diversidad de facetas y atmósferas, advirtió, es la que hizo posible que se convirtiera en un polo cultural capaz de recibir y formar a generaciones completas de escritores.

Mendoza se asumió como uno de los últimos representantes de aquella época dorada de Barcelona como urbe literaria, aquella que inspiró a los protagonistas del Boom latinoamericano en un “momento único, extraordinario, casi mágico”, definió el autor que ha recibido distinciones como el Premio Cervantes en 2016 y recientemente el Premio Princesa de Asturias de las Letras por sus aportaciones a la literatura.

“Soy quizás uno de los últimos representantes de una época que se llamó dorada de Barcelona como ciudad literaria. Me refiero, claro, a aquella Barcelona en la que los escritores latinoamericanos o vivían en Barcelona o venían con cierta asiduidad, y yo tuve la suerte de conocer a muchos, de tratar a unos cuantos y con algunos tener una buena y larga amistad.

“Si empezara a citar los nombres, primero causaría asombro y al final causaría hasta sopor, de la longitud de la lista: Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Julio Cortázar, Guillermo Cabrera Infante, José Donoso, Sergio Pitol, Cristina Peri Rossi, Octavio Paz, Isabel Allende, Alfredo Bryce Echenique”, enumeró.

Durante poco más de una hora, el autor de La ciudad de los prodigios y El misterio de la cripta embrujada hizo un recorrido histórico por su urbe: desde los primeros asentamientos, los rastros de las visitas de Miguel de Cervantes, hasta su camino hacia la modernidad.

Recordó que fue precisamente Barcelona la que acogió también a los personajes cervantinos, el Quijote y Sancho, convirtiéndola desde entonces en un escenario literario por excelencia, que él también ha tomado en sus obras, no como telón de fondo, sino como protagonista.

Entre las décadas de los 60 y 70, recordó, se vivió una sacudida creativa.

“Surgió una nueva generación de artistas, de escritores, a la cual yo me apunté, naturalmente, y en este ambiente propicio es cuando vinieron los escritores latinoamericanos”, apuntó Mendoza, quien encabeza la delegación de autores de Barcelona, invitada de honor a la FIL en esta edición.

Aquel encuentro fue decisivo: “A todos ellos su lugar de origen se les había quedado pequeño. Algunos tenían que salir por razones quizá políticas, otros simplemente porque querían conocer otra cosa, y entonces inmediatamente fueron a Europa y se instalaron en París o en Londres, pero allí descubrieron que eso era muy difícil, porque eran ciudades muy interesantes, muy estimulantes, pero muy caras, muy duras para vivir”, definió el también autor de La verdad sobre el caso Savolta.

Barcelona, en cambio, ofrecía lo que pocas ciudades podían dar entonces: cercanía, precios accesibles y un sistema editorial robusto que reunía a “todas o casi todas las editoriales en lengua española”. Y, además, una figura clave: “Allí estaba Carmen Balcells”, conocida por ser la editora del Boom.

Ese territorio en plena ebullición cultural se convirtió en punto de encuentro y de despegue para una generación entera.

El autor recordó que el arribo de los latinoamericanos fue determinante para quienes ya vivían ahí.

“Empezaron a venir y eso fue, para los que estábamos y estábamos empezando a escribir y nos esforzábamos, una transfusión de sangre nueva, de entusiasmo de ver cómo podía existir una lengua tan rica y tan distinta al mismo tiempo, cómo podía haber tanto talento tan distinto, tan diverso y cómo se podía tener una actitud con respecto a la literatura tan desinhibida”, calificó.

En un ambiente todavía marcado por la censura y por una educación religiosa opresiva, Mendoza subrayó lo que significó aquel encuentro: Para nosotros fue realmente un baño de entusiasmo, de ilusión al que correspondimos dándoles nuestro cariño y recibiéndoles con los brazos abiertos”, concluyó el autor, que tendrá todavía varias actividades en la FIL.

Rebeca Pérez Vega / Agencia Reforma