
Desde el 3 de diciembre, con más de 300 piezas en todo el segundo piso de este recinto, la exposición El Galeón de Acapulco-Manila. Somos Pacífico. El mundo que emergió del trópico invita al público a revalorar la relación histórica con Asia, a reconocer el mestizaje que nos ha moldeado y a comprender que la globalización no es una novedad del siglo XXI, sino un proceso con cientos de años de historia, anclado en el puerto más famoso de México. “Todo ocurre gracias a que ese punto de la costa mexicana permitió el encuentro”, resalta una de las investigadoras involucradas en la muestra
El Sur / Ciudad de México, 3 de diciembre de 2025. Sin el puerto de Acapulco no habría historia que contar. Esa es la idea que sostiene y atraviesa El Galeón de Acapulco-Manila. Somos Pacífico. El mundo que emergió del trópico, la ambiciosa exposición que el Colegio de San Ildefonso presentará a partir de este 3 de diciembre en su sede del Centro Histórico de Ciudad de México. Más que un punto de partida o un simple puerto de llegada, Acapulco aparece como el nodo que permitió la construcción de una red comercial, cultural y humana que unió a México con Filipinas y el sudeste asiático durante más de 250 años, gracias a la ruta marítima que conectó ambos territorios entre 1565 y 1815.
Desde ahí, una vez al año, partía y regresaba el célebre galeón que dio forma a una de las primeras experiencias de globalización, explica Verónica Herrera, investigadora del Colegio de San Ildefonso, quien narra que esta muestra es el resultado de una colaboración internacional con instituciones de Filipinas y Singapur, basada en una exposición desarrollada originalmente por el Asian Civilisations Museum (ACM).
Para su llegada a México, el guión curatorial, indica Herrera, se adaptó desde una mirada nacional bajo la dirección de los especialistas Iván Valdez-Bubnov, de la UNAM, y Roberto Junco, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Y se incorporó una sección dedicada al arte moderno del sudeste asiático y América Latina, presentada previamente en la National Gallery Singapore.
La exposición ocupa todo el segundo piso del recinto y reúne más de 300 piezas provenientes de acervos nacionales e internacionales. Se organiza en siete núcleos temáticos, dispuestos cronológicamente para narrar los orígenes, desarrollo y legado del intercambio transpacífico.
El recorrido inicia con un espacio que permite observar las raíces profundas de los territorios que pudieron vincularse gracias al galeón. Antes de la navegación formal, tanto Filipinas como la región que hoy es México ya contaban con comunidades, culturas y prácticas que concebían y habitaban el mar desde sus propias cosmovisiones.
A partir de ahí, en la muestra se aprecia cómo la ruta Acapulco-Manila trasladaba, además de mercancías, personas, saberes, lenguas y tradiciones. Herrera explica que una de las aportaciones centrales de esta exposición es desmontar la idea de que todo giraba en torno a llevar productos a España: “El centro de este intercambio no fue Europa, sino la Nueva España. Hay que dejar de mirar sólo al Atlántico y voltear hacia el Pacífico: ahí está nuestro verdadero eje”.
Para expresar esta idea, San Ildefonso recupera incluso el famoso mapa de Miguel Covarrubias, en el que el Pacífico ocupa la parte central del mundo.
Sin Acapulco, “no hay historia que narrar”
Las piezas exhibidas muestran un diálogo constante entre ambas orillas: textiles, cerámicas, porcelanas, objetos de navegación, biombos, joyería y marfiles que revelan cómo las técnicas, materiales e iconografías se volvieron híbridas con el tiempo. En la muestra conviven porcelanas Ming, lacas japonesas, talaveras poblanas, cofres con incrustaciones orientales y biombos que representan embarcaciones asiáticas y novohispanas. En palabras de Herrera, “llega un momento en que ya no puedes decir si algo es propiamente filipino, chino o novohispano. Se generaron objetos únicos que responden a ese intercambio”.
La exposición recupera elementos de la vida cotidiana y del comercio popular, incluidos los parianes de Manila y Ciudad de México, grandes mercados donde confluyeron productos asiáticos, novohispanos y europeos. Ahí destacaban frutas hoy comunes en México, como el mango de Manila, el coco o la papaya, que llegaron a nuestro territorio a través de esta ruta.
El recorrido culmina con un laboratorio contemporáneo que invita a reflexionar sobre los vínculos actuales entre México y Asia: flujos migratorios, comercio, contaminación oceánica y permanencias culturales que evidencian que esta historia no pertenece sólo al pasado.
Para Herrera, la relevancia de Acapulco es incuestionable: “Sin el puerto, simplemente no tendríamos una historia que narrar. Todo ocurre gracias a que ese punto de la costa mexicana permitió el encuentro. Es el corazón de este puente que se tendió entre regiones enteras”.
Tanto en Filipinas como en México, recuerda la investigadora, el galeón era motivo de fiesta, pues su llegada significaba el renacer de un ciclo de intercambios que transformó mercados, identidades y territorios.
La exposición coincide, además, con la conmemoración de los 50 años de relaciones diplomáticas entre México y Singapur, lo que subraya la vigencia de este diálogo transpacífico. Al final, Somos Pacífico invita a revalorar la relación histórica con Asia, a reconocer el mestizaje profundo que ha moldeado nuestras culturas y a comprender que la globalización no es una novedad del siglo XXI, sino un proceso con siglos de historia, anclado, como recuerda Herrera, en un puerto que lo hizo posible: Acapulco.
México, “auténtico axis mundi” ya desde entonces
El Galeón de Acapulco-Manila es una muestra que recupera la profunda herencia cultural construida entre México y Filipinas a lo largo de 250 años. A través de una selección excepcional de cientos de piezas provenientes de acervos nacionales e internacionales, la exhibición reconstruye la dimensión política, económica, social y cultural que definió la relación intercultural entre Acapulco y Manila durante más de dos siglos.
La exposición es resultado del trabajo conjunto del ACM de Singapur, la National Gallery Singapore, el Programa de Estudios Filipinas-México de la UNAM, el INAH, el Colegio de San Ildefonso y diversas instituciones colaboradoras, con el apoyo de la Secretaría de Relaciones Exteriores y la embajada de México en Singapur, detalla Verónica Herrera.
Todos los objetos reunidos podrán apreciarse del 3 de diciembre de 2025 al 31 de mayo de 2026 “en un recorrido que invita a reconocer el Pacífico no como frontera, sino como un puente vivo entre mundos”, comenta la investigadora.
La ruta del galeón de Acapulco-Manila, insiste Herrera, fue más que comercial: generó un sistema de intercambios que transformó la vida cotidiana, la economía y las prácticas culturales de ambos lados del océano. Entre 1565 y 1815, México se convirtió en un punto de articulación entre continentes y de ese tránsito constante surgió una memoria compartida que permanece en los territorios involucrados.
Concebida originalmente por Clement Onn para el Asian Civilisations Museum, la exposición se enriquece ahora con el trabajo curatorial de especialistas mexicanos y singapurenses, quienes aportan una mirada plural sobre el legado transpacífico.
Desde esa perspectiva, México se presenta como “un auténtico axis mundi –eje del mundo– donde se entrelazaron decisiones imperiales, experiencias cotidianas, rutas marítimas y manifestaciones artísticas. En los puertos convergían lenguas, saberes, objetos y devociones. En las ciudades surgían barrios y oficios marcados por influencias asiáticas”.
El Pacífico, lejos de funcionar como límite, es mostrado como un espacio de encuentro y movimiento continuo.
De acuerdo con información proporcionada por los organizadores, el recorrido, que se extiende a lo largo de mil 271 metros cuadrados y se organiza de manera cronológica, está dividido en siete núcleos temáticos. El primero, Somos Pacífico, explora las raíces más profundas del encuentro entre ambos territorios. Antes del establecimiento de la ruta náutica, diversas civilizaciones habitaban y navegaban el Pacífico, desarrollando concepciones propias sobre la naturaleza y su entorno.
Vestigios arqueológicos, ilustraciones y objetos muestran cómo estos pueblos transformaron sus paisajes y cómo, tras la conquista española, sus horizontes se entrelazaron con la llegada del comercio transoceánico.
El segundo núcleo, La construcción del Pacífico mexicano, aborda el papel de los astilleros novohispanos y de las tripulaciones que hicieron posible los viajes entre Acapulco y Manila. La muestra presenta cómo la circulación de personas, técnicas, plantas y prácticas culturales moldeó una identidad compartida entre ambas regiones.
Esta interacción transformó la gastronomía, los paisajes y las expresiones artísticas, evidenciando la complejidad del mestizaje cultural generado por la navegación transpacífica.
El océano Pacífico, “un puente dinámico”
Siguiendo el recorrido, en La primera ruta comercial el público puede explorar la importancia de México como país marítimo y puente entre dos océanos. Los galeones transportaban anualmente plata mexicana hacia Filipinas, donde comerciantes de China, India, Japón, Siam y otros territorios la intercambiaban por seda, especias, porcelanas, marfiles, lacas y manufacturas diversas.
La muestra destaca fortificaciones, tradiciones marineras y objetos que dan cuenta de la vocación cosmopolita de esta ruta y de su papel en el surgimiento de la primera economía global.
El núcleo Misión Hasekura presenta la historia del samurái Hasekura Tsunenaga, quien encabezó la embajada Keichō entre 1613 y 1620. Su travesía desde Sendai hasta la Nueva España, y posteriormente a Europa, buscó abrir rutas comerciales y compartir conocimientos mineros. Aunque sus objetivos diplomáticos no se consolidaron, su paso por Acapulco, Cuernavaca, Ciudad de México y Puebla marcó uno de los primeros intentos formales de conexión entre Japón y América.
Con El fin de los galeones, la muestra aborda el cierre de una era. A principios del siglo XIX, la guerra de Independencia de México y los cambios en los sistemas de navegación debilitaron la ruta. Cuando el galeón Magallanes regresó a Manila en 1815 sin su cargamento de plata, se consideró el final simbólico del intercambio. México perdería su conexión marítima con Asia hasta la firma del Tratado de Amistad, Comercio y Navegación con Japón en 1888.
El núcleo Tropical analiza los diálogos artísticos entre América Latina y el sudeste asiático a partir del arte moderno del siglo XX. Inspirado en una exhibición previa de la National Gallery Singapore, se incluyen obras de Diego Rivera, Miguel Covarrubias y otros artistas asiáticos y latinoamericanos que reelaboraron su herencia colonial en un lenguaje de libertad y resistencia. Lo tropical aparece como un punto de encuentro estético y político entre regiones distantes.
Finalmente, El Pacífico hoy ofrece una mirada contemporánea a las identidades transpacíficas y los movimientos migratorios, mostrando cómo las antiguas memorias del galeón de Manila continúan influyendo en la creación artística actual. La muestra, finaliza Herrera, “evidencia que el océano sigue siendo un puente dinámico”.
Guillermo Rivera


