
Aunque hay avances, faltan programas específicos para combatir la discriminación racial en todos los ámbitos de la vida social, señala la presidenta de la asociación México Negro, Donají Méndez Tello. Este sector de la sociedad, “por muchos años ha sufrido y aún tiene grandes carencias”, critica por su parte la joven de 21 años Karla Ortega Román, directora de Cultura del gobierno municipal
Tercera y última parte
Cuajinicuilapa, Guerrero, 9 de enero de 2026. El Estado y la sociedad mexicana han avanzado en el reconocimiento de los pueblos afromexicanos, pero aún no hay acceso equitativo a justicia, educación y demás derechos, además de programas específicos para combatir la discriminación racial en todos los ámbitos de la vida social, considera Donají Méndez Tello, presidenta de la asociación México Negro, una de las primeras que a nivel nacional colocó el tema afro en la agenda política.
La población afromexicana “por muchos años ha sufrido y aún tiene grandes carencias”, estima por su parte la joven de 21 años Karla Ortega Román, directora de Cultura del gobierno municipal, quien es consciente de ser parte de un proceso del que se siente honrada de tomar la batuta de “muchísimas personas que lucharon antes que yo, para que fuéramos reconocidos; visibles ante los demás y visibles ante la ley”, porque si de algo está convencida es de que falta mucho por hacer.
“Siempre fuimos un pueblo que se mantuvo hasta el último, en la cola de todo, y a pesar de eso la persona negra no reclamaba mucho, porque era agradecida de que ya no estaba esclavizada”, pero los tiempos cambiaron, dice la veinteañera.
Roberto es “tono de ozoleón”, una dualidad animal que lo acompaña desde el monte, con la que se transfieren cualidades: el conocimiento de la naturaleza y sus poderes curativos, del animal a él, y la inteligencia para sortear la vida salvaje, que él transfiere en correspondencia.
Se trata de una creencia generalizada que ha sobrevivido en la tradición oral, y que “sobre todo se da por acá en Cuajinicuilapa, Santo Domingo, Armenta, El Ciruelo, Corralero, Collantes, y menos hacia Copala y Acapulco, pero también por allá se oye”, dice el informante, convencido de que el tono es una entidad “bien engranada con la naturaleza, porque es depositario de una conciencia natural”, señala.
La educación inclusiva sigue siendo un reto
La presidenta de México Negro, Méndez Tello, asegura que la agenda afro ha avanzado, ya que “hace treinta años no pensábamos que el reconocimiento constitucional se fuera a realizar pronto”, incluso es un logro que la población negra aparezca por primera vez en los censos oficiales.
Y entre los pendientes señala el tema educativo, pues si antes exigían estar presentes en la historia y libros oficiales, aún se carece de una planta completa de docentes que aborde la afrodescendencia con dignidad y que no contribuya a moldear la discriminación, como ocurriría “no con todos, pero sí con muchos maestros y maestras”.
Por otro lado, la activista informa que junto a otras agrupaciones, México Negro celebra cada año el Encuentro de Pueblos Negros, un foro que toma fuerza y prestegio, y desde donde se demandan los cambios estructurales que el país requiere para ser realmente inclusivo en la política, la cultura y todos los órdenes de la vida social.
Y desde ese espacio, “se exige a los Estados del mundo que participaron del sistema de esclavitud, especialmente los Estados colonialistas de entonces, que pidan un perdón histórico”.
Además se insta a la UNESCO a que siga reconociendo lugares representativos, “pues hasta me da no sé qué decirlo; donde los tenían esclavizados”, y tenerlos presentes para la memoria histórica de la esclavitud trasatlántica, “como ya se reconoció con esa denominación a Cuajinicuilapa”, como recordatorio para que no vuelva a ocurrir.
“Todo esto dentro de una cultura de paz y justicia, desde nosotras las personas cuyos antepasados fueron tratados de manera inhumana”, señala.
Finalmente, asegura que la asociación está preocupada en la formación de liderazgo de jóvenes, pues “ya tienen conciencia y reconocen cuando hay una situación de discriminación y defienden con mucho sentido su pertenencia a su identidad afromexicana”.
Las diabluras de Las Diablas
La joven de 21 años, Karla Ortega Román, es consciente de formar parte de un proceso de apego a la identidad y de lucha por sus derechos.
Después de cierto esfuerzo formó el grupo de Las Diablas de Cuijla, con cerca de 20 integrantes, y al que ve como una contribución, “como una lucha que apoya al movimiento para que los afromexicanos seamos más visibles”. Visibles en todas sus carencias, apunta, pero también en todas sus propuestas, porque “si la historia nunca habló, ni los libros hablan de nosotros, como quiera, nosotros aquí seguimos, aquí nos mantenemos y aquí vamos a seguir”, dice con alegría.
Desde muy pequeña le gustaron sus danzas, como diabla, vaquera del toro de petate, y no perdía oportunidad, gracias al gusto de sus padres por esta vena cultural.
Se obsesionó con los Diablos, o Diablas, porque pronto conoció una de las versiones del origen: nuestros ancestros africanos la bailaban en honor a un dios, y le pedían que les desatara del yugo. Por eso es muy pesada la danza, con mucho convencimiento y fuerza, y por eso no se permitían mujeres.
Así hasta que sus tíos formaron el grupo La Perla Negra, hace más de una década, con el que ella empezó a participar. De ahí le brotó la idea del grupo de mujeres que hoy se presenta en foros, informes y otros eventos, como “contribución a la visibilidad”, insiste.
Desde su grupo y de su papel en el gobierno municipal, está convencida de que está luchando para que nunca más se imponga el silencio y la vergüenza. Y no descarta que más adelante se interese por los espacios de poder público, para influir el curso y la velocidad de este proceso lento de inclusión social.
“La gente me dice, pero es complicado ser presidenta municipal, se ve difícil, son muchos detalles… y soñar con ser gobernadora afro, pues más. Pero ya será cuestión de que Dios lo decida, yo estoy a lo que él me mande”, concluye con su linda sonrisa.
El tono es para el bien, no para el mal
Roberto es “tono de ozoleón”, asegura, y explica que es el animal más alto de la jerarquía de animales con que ciertos individuos, hombres y mujeres, mantienen dualidad desde el nacimiento, y por la que alcanzan respeto especial del resto de la sociedad.
Las señales para identificar a su tono, tienen que ver con los sueños, “a mí me preguntaban mis papás que si no me soñaba entre ríos y arroyos, y sí, soñaba que tiraba zarpazos”, y ya de grande lo empezaron a buscar para que a través de ciertos masajes y plantas, gracias a ese poder dual, pudiera aliviar enfermedades.
Y ha sabido de otros tonos de tigre, de aves, peces, lagartos y de “muchos animales más”, y entre ellos se identifican por varias señales, como “los tonos de lobo, que son muy buenos cazadores”, o los de pájaros, que casi todos viven una vida relajada, en paz. Pero “los tonos no nos reunimos, no hablamos de eso. Si un tono se divisa con otro, somos afines, nos saludamos, nos acercamos, vamos a decir que nos venteamos”.
Así en el monte pasa lo mismo con sus tonos animales. Se huelen y saben que son diferentes que los demás, “son más inteligentes porque también usan el poder de nuestra inteligencia”, dice Roberto “X”, que no se llama Roberto, ni X, pero que no puede dar su identidad, porque “es como si agarrara la bocina para gritar yo soy tono, vengan y llenen mi casa”, como tampoco puede amenazar a nadie, dice en entrevista en el pequeño jardín de su vivienda cuijleña.
El animal normal manifiesta un respeto no declarado al animal tono, porque se somete a él, ya que el tono tiene inteligencia como ser humano, y tiene tambien la cualidad de “no hacer el mal, de no dañar en el monte, porque participa del buen ser y no va a andar robando becerros ni metiéndose a los corrales”. El tono animal se alimenta de lo que le es permitido y no va a romper ninguna regla de la armonía, como tampoco se le puede disparar, ya que las armas se encasquillan contra él, dice un explicativo Roberto.
Igual la persona con tono, en su ciudad, en su comunidad, en su agrupación, debe pensar en hacer el bien, en cuidar el ambiente y la armonía entre las personas. Aunque sí hay batallas, cuando es inevitable. Algunas veces hay quienes despiertan arañados, con zarpazos o agitados y cansados, con las manos y las uñas negras de tierra, “y quiere decir que por las noches, su tonos tuvieron grandes pleitos para reestablecer el orden en el monte”.
Aunque es más raro, hay quienes no quieren ser tonos y renuncian “de una manera que no tiene nada que ver con oscurantismo”. Se hace una ceremonia privada, “un ritual de pedimento a los cuatro elementos: tierra, aire, fuego y agua, para anular la cualidad, tú solito en el monte”, aunque podrían acompañarse de otro que sea tono. Y no se tendría que explicar tanto en esa ceremonia, sino sólo con sinceridad, en “presencia de la naturaleza en toda su manifestación, se dice el motivo por el que se deja la cualidad otorgada. Lo hago en pleno uso de mis facultades y dejo en completa libertad a mi tono”, se dice.
El tono, en resumen, conoce de la herbolaria, conoce de los elementos inertes, conoce de la cualidad del agua, conoce de la cualidad del viento, conoce de la cualidad de todo el reino vegetal, la fauna, todo, la persona lo aprovecha y lo ofrece como beneficio para los demás.
Y la mayoría sabe también que ser tono no está a discusión con nadie, porque esa es su espiritualidad, su cultura, su creencia… por derecho, como derecho tienen tantas otras creencias que pueblan el mundo.
Martín Equihua


