
Abelardo Martín M.
Son ya muchas las voces que señalan la urgencia de una mejor comunicación gubernamental, no sólamente la que resalta o destaca el protagonismo de los funcionarios públicos, encabezados por la gobernadora Evelyn Salgado Pineda, sino por la conjunción y la suma de un extraordinario y gran trabajo de los guerrerenses después de las tragedias políticas que han vivido y por los embates que la naturaleza han azotado al estado, en especial, a Acapulco, el bellísimo puerto del Pacífico.
Hoy Acapulco está más vivo que antes del terrible huracán Otis de septiembre de 2023 cuando buena parte de los acapulqueños y de toda esa zona del Pacífico sufrieron vientos y lluvias que acabaron con las casas de miles y miles de personas. La organización y el esfuerzo de la sociedad y, también es bueno reconocer, la coordinación y los apoyos extraordinarios del gobierno federal, que encabezado entonces por el presidente Andrés Manuel López Obrador, contribuyeron a que ahora la economía y la fisonomía del puerto muestren una cara económica diferente, que le hacía mucha falta y que hoy por hoy es evidente. Sin duda alguna la reconstrucción de todo lo destruido, más la obra pública nueva en infraestructura tanto de comunicaciones y transportes, como en sistemas de salud y educación llevados a cabo por los gobiernos municipal, estatal y federal, devolvieron a Guerrero una actividad que urgía y falta le hacía desde hace décadas.
La mejor prueba de esta recuperación fue la concurrencia del fin del año pasado en la que los niveles de ocupación hotelera estuvieron en su máximo nivel, lo que renueva la esperanza para quienes aún están en obras, pero también en restaurantes y todos los prestadores de servicios turísticos. Sin embargo, estos mismos sectores empresariales señalan la urgencia de que se realice ya una campaña del relanzamiento del puerto de Acapulco y de Guerrero en general como uno de los estados que pueden alcanzar una recuperación turística a la altura de la que vivió en el pasado y que, por gobiernos irresponsables que permitieron su deterioro en todos los sentidos, se perdió gravemente. El mundo vive una grave crisis y el fin de una época, pero eso no puede ser pretexto ni justificación para que lo bueno también se destaque, máxime cuando hay ya los recursos y el talento para llevarlo a cabo.
Entretanto, hay en el planeta una tensión creciente, alimentada por las acciones disparatadas del presidente norteamericano Donald Trump, las cuales generan reacciones incluso al interior de Estados Unidos, y por supuesto en el resto del mundo. El caso más notable es el descontento popular expresado en las calles de Minneapolis, la capital del estado de Minnesota, luego de las acciones de la policía antiinmigrante, la llamada ICE, por sus siglas en inglés, que ya ha derivado en un par de manifestantes muertos a manos de los agentes, y ha generado la indignación social por la crueldad y la sinrazón de sus redadas y operativos. Pero no es el único. A nivel nacional, las cifras de aprobación de Trump van consistentemente a la baja desde que volvió a tomar el poder, y luego de cumplir un año en el cargo, apenas 38 por ciento de los ciudadanos lo apoyan, contra una oleada de desaprobación que ya llega a los 56 puntos, más de la mitad del electorado.
Ello no parece contener al viejo magnate en sus sueños de dominación del mundo. Luego de Venezuela, sus baterías se enfocaron a Groenlandia, isla a la que quiere anexar por razones de seguridad al imperio gringo, ante lo cual encontró oposición en la población y el gobierno de esa nación que forma parte del reino de Dinamarca, en el gobierno danés y en otras muchas naciones, desde la vecina Canadá hasta los líderes europeos que, reunidos en Davos, donde cada año se congregan los representantes del poder económico y financiero mundial, expresaron su rechazo contundente. La resistencia al desaforado proyecto ha sido tal, que por lo pronto Trump abandonó la idea de hacerse de ese territorio por la fuerza, aunque no se ve cómo pueda convencer a todos los involucrados “por las buenas”.
También se ha recrudecido la tensión con Irán, nación a la que la fuerza aérea norteamericana atacó el año pasado para destruir instalaciones nucleares, incursión que fue exitosa porque no hubo respuesta militar iraní, pero aparentemente no logró su objetivo de desmantelar la capacidad de enriquecimiento de uranio. Al empezar el año, los problemas económicos de Irán y el aumento de la inflación ha alimentado el descontento popular, ante lo cual el régimen de los ayatolás reaccionó con una represión sangrienta. El gobierno reconoce tres mil muertos durante las protestas, aunque cálculos de observadores mencionan por lo menos el doble de víctimas fatales. En ese contexto, los líderes de ambos países hacen fintas y se acusan de propiciar la guerra, que de ocurrir se sumaría al caótico panorama en Medio Oriente.
En medio de todo ello, en el entorno regional el próximo objetivo del belicismo de Trump se ha centrado en Cuba. Está clara la estrategia de ahorcar a la isla, que arrastra una situación crítica desde la caída de la Unión Soviética, ahora agravada luego de la captura de Nicolás Maduro y el gran viraje del régimen venezolano, que le han privado del suministro de petróleo. México ha sido el otro gran apoyo para los cubanos en los recientes años, pero hay una gran presión ya explícita desde Washington para suspender las remesas de crudo, que por lo pronto han tenido que reprogramarse.
El gobierno de la 4T se encuentra atrapado entre la política de principios, de solidaridad con ese pueblo, y la necesidad de no confrontarse abiertamente con la Casa Blanca. Mientras ocurren patadas debajo de la mesa, ambos mandatarios intercambian mensajes mutuamente laudatorios, que desde luego son mejores que una pelea abierta, pero que exigen día con día un ejercicio de templanza y cálculo. Del lado mexicano, desde luego. De aquel lado, ya sabemos que lo que domina es la intemperancia, las ambiciones y los arrebatos.
Mientras se intenta domar los rugidos del norte, en un circo con varias pistas, aquí la información de que finalmente Ricardo Salinas, el magnate de TV Azteca, se avino a pagar más de treinta y dos mil millones de pesos en impuestos que por años intentó escamotearle al fisco, es otra buena noticia en este agitado inicio de año. Con todo lo impresionante que a la gente en la calle le puede parecer la cifra, la importancia es más simbólica que financiera, si se tiene en cuenta la dimensión del presupuesto federal y la necesidad de recursos cada vez mayores para la cobertura de los programas sociales y otras obligaciones gubernamentales
Todo ello, mientras se acercan las elecciones intermedias, que están a menos de año y medio, pero cuyos preparativos en las fuerzas políticas ya están por arrancar. La primera gran batalla no será propiamente en las urnas sino alrededor de la proyectada reforma política electoral, con el fin de racionalizar el gasto público en los comicios y la desmesurada derrama de recursos entre los partidos, así como el exceso de legisladores de representación proporcional. Ya antes de arribar a un proyecto a presentar ante el Poder Legislativo, la oposición se ha manifestado en contra, y al interior del bloque que conforma la actual mayoría el acuerdo no luce sencillo, pus los partidos satélites también quieren defender sus actuales tajadas.
En Guerrero, las figuras políticas que buscan la candidatura a la gubernatura ya han iniciado también sus escaramuzas, entre fintas, salidas en falso y juegos de espejos. Ha quedado obsoleto el viejo aforismo de que quien se mueve no sale en la foto. Por lo pronto, este mes se ha iniciado con el primer fin de semana largo del año y con ello la actividad turística ha repuntado nuevamente; en Acapulco y otros polos de atracción de los visitantes han lucido rebosantes. Otra buena noticia. La vida sigue. Son muchas las voces que reclaman ya un cambio de época en el estado, lo que por lo visto ya ocurrió, pero la sociedad, que lo ha protagonizado, no se entera y en el resto del país, los problemas de imagen de Guerrero subsisten como en sus peores momentos, porque los esfuerzos de la comunicación no han correspondido a la profundidad y a la magnitud de los cambios, y eso lo sabe la gobernadora, su equipo cercano y el resto del país.


