
Abelardo Martín M.
El mundo “es un pañuelo” y todo se sabe y conoce casi de forma instantánea lo que confirma la hipótesis de que la importancia y relevancia de la percepción supera la realidad, sobre todo si se reconoce que el clima de guerra domina y prevalece en todo el planeta, ya que conflictos tan localizados y alejados del mundo como la de Rusia-Ucrania y ahora la de Israel y Estados Unidos-Irán han dominado la atención general.
Como nunca antes desde la época de la Guerra Fría, el mundo se enfrenta a una confrontación de enormes proporciones y consecuencias imprevisibles, luego de la agresión norteamericana, con el apoyo de Israel, a Irán, que por lo pronto ha producido el descabezamiento del régimen de los ayatolas, así como la respuesta bélica de esa nación contra las fuerzas atacantes y en los territorios de las naciones vecinas que le han brindado apoyo militar y logístico a Estados Unidos.
La embestida ha terminado de romper el frágil equilibrio geopolítico en la región, ya puesto en jaque con la incursión contra instalaciones de procesamiento nuclear en la República Islámica el año pasado, los ataques de Israel a la Franja de Gaza, y no lejos de ahí con la invasión rusa a Ucrania, guerra que ya cumplió cuatro años.
La apuesta norteamericana por la estrategia de aniquilación esta vez no será tan sencilla, aunque juega a su favor el desgaste del Estado teocrático después de casi medio siglo de lo que a los ojos de Occidente ha constituido una involución social e histórica. Las reacciones de los líderes de la potencias de aquel lado del globo, principalmente Rusia y China, han sido de condena ante lo que no pueden ver más que como una peligrosa afectación a sus intereses por un régimen, el de Trump, que sin reparo ni disfraz alguno intenta hacerse por la violencia del control del petróleo del planeta y de otros recursos estratégicos.
Un indicio de la complejidad y peligrosidad de la situación generada es que el propio gobierno estadunidense exhortó a sus ciudadanos a abandonar de inmediato 14 países y territorios de Medio Oriente ante “graves riesgos” de seguridad. La recomendación es salir de inmediato de Bahréin, Kuwait, Egipto, Líbano, Irán, Omán, Irak, Qatar, Israel, Cisjordania y Gaza, Arabia Saudí, Siria, Jordania, Emiratos Árabes Unidos y Yemen.
Además de la destrucción física en Teherán y otras ciudades iraníes, y la producida por la contraofensiva del régimen islámico, en el escenario mundial el efecto inmediato más pernicioso ha sido el disparo de los precios del petróleo, pues no sólo está en riesgo el comercio del crudo exportado por Irán, sino de todo el que transita por el Golfo Pérsico, de donde proviene la mayor parte del combustible que se consume en el planeta. Esto podría empeorar a medida que el enfrentamiento en la zona continúe y se recrudezca.
“Actualmente, el mundo atraviesa uno de los momentos con mayor inestabilidad desde la Segunda Guerra Mundial, con más de 130 conflictos armados activos, incluyendo, aproximadamente, entre 50 a 60 de “alta intensidad” o guerras como Rusia-Ucrania, Gaza, Sudán Myanmar y Siria”, informa la Inteligencia Artificial. El número de conflictos se ha duplicado en los últimos 15 años, involucran a 92 países en enfrentamientos fuera de sus fronteras. África padece más de 27 conflictos, Asia 19 y Oriente Próximo le sigue en orden descendente, de acuerdo con el Índice de Paz Global.
Aunque nuestro país está geográficamente muy alejado de zonas específicas de conflicto, la amenaza bélica también nos impacta e involucra. Estados Unidos, como un agente protagónico de varios de los conflictos, guerras y tensiones que afectan a la humanidad, la vecindad de varios miles de kilómetros de frontera común nos convierte en zona de influencia y seguridad.
De ahí que la Presidenta Claudia Sheinbaum haya asumido, de inmediato, una posición ante los acontecimientos, y haya señalado la relevancia de preservar la paz y la seguridad mundial, procurar la solución diplomática de los diferendos, utilizar las herramientas de la conversación y el diálogo y reforzar a los organismos como la Organización de las Naciones Unidas y otros varios que existen en el mundo, de ahí que ella misma ha demandado asimismo cesar las hostilidades y retomar las negociaciones. No en balde su crítica a la ONU que, en los hechos, esta rebasada.
Si en el planeta se vive con una mayor incertidumbre ante la aventura militarista ordenada desde Washington, en México la semana anterior experimentamos momentos críticos ante el operativo militar que terminó con la vida del narcotraficante más buscado, Nemesio Oseguera, mejor conocido por su mote de El Mencho, cuya captura y posterior fallecimiento generó la mayor oleada en la historia nacional de reacciones de las huestes del crimen organizado, con narcobloqueos, incendios y enfrentamientos registrados en 22 entidades del país.
Este alud alcanzó incluso a Acapulco, donde en esa jornada violenta se produjeron robos e incendio de vehículos en calles del puerto, y la aprehensión, en ese contexto, de quien se señala como el jefe del Cártel Jalisco en esta plaza, conocido por el apodo de El Piter.
Como denominador común, de lo anterior se desprende la necesidad de brindar paz, tranquilidad y seguridad a la gente, un objetivo primario que sin embargo se complica y se aleja ante el imperio de la violencia y las amenazas provenientes de quienes pisotean los derechos y transgreden las leyes. Aquí, en Gaza, en Ucrania, en Irán o en cada uno de los cientos focos de conflicto cercanos y lejanos, incluidos los del otro lado del planeta.


