
Aunque existe un rechazo universal hacia la violencia en abstracto, este sentimiento se “matiza” o se fragmenta cuando se identifica quién es la víctima, señala el especialista de Flacso, Nelson Arteaga
Ciudad de México, 3 de marzo de 2026. El profesor-investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) México y especialista en sociología cultural, Nelson Arteaga Botello, afirmó que la sociedad siempre realiza “juicios morales” sobre las víctimas de las violencias.
En un salón de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG) en Acapulco, el también integrante del núcleo académico del posgrado en Estudios de Violencias y Gestión de Conflictos ofreció ayer el taller Semánticas de la violencia, mismo nombre del libro de su coautoría que discutió con alrededor de 20 estudiantes.
El taller formó parte del primer día del Cuarto Coloquio Interdisciplinario de Estudiantes de Posgrado en el que participan académicos y estudiantes del Doctorado en Estudios de Violencias y Derechos Humanos; la Maestría en Estudios de Violencias y Gestión de Conflictos, la Maestría en Ciencia Política; la Especialidad en Identificación Humana: Peritaje Social y Análisis de Contexto; y la Red Latinoamericana de Estudios Subnacionales.
Arteaga Botello, doctor en Sociología, dijo que es importante entender cómo la sociedad lee la violencia porque la manera “en cómo la leemos es como buscamos de alguna manera su solución”.
A pesar de las diferencias sociales dentro de una población, argumentó el especialista durante su ponencia de casi una hora, “compartimos un mismo número de referentes o estructuras culturales”.
Dijo que todas las personas se indignan por la violencia, pero el rechazo a la violencia “comienza a ser matizado cuando empezamos a ver quiénes están involucrados. Podemos decir las desapariciones son malas, no debería suceder, pero ¿qué pasa cuando empezamos a ver a quién desaparecieron?”.
“Hacemos juicios morales con respecto a quiénes son las víctimas y en el caso de feminicidios, aunque ahora es menos marcada ese tipo de estigmatización, pero también hay formas en las que podemos decir”.
Arteaga Botello subrayó que “la interpretación de la violencia tiene que ver en última instancia con un juicio sobre las víctimas”.
Señaló que no se puede dejar de moralizar a las víctimas como sociedad pese a la educación de no hacerlo porque “siempre necesitamos distinguir dónde está uno y dónde está lo otro, dónde están estos códigos de pureza e impureza, bueno o malo”.
Sin estos códigos “no podríamos organizar nuestras vidas y nuestro mundo y ponerlo en una perspectiva”.
Son las narrativas, explicó el académico de la FLACSO, “hechos reales o imaginarios que nosotros ponemos de una forma determinada en un tiempo y en un espacio y que le asignamos una serie de categorías”.
Los seres humanos, agregó, “somos animales que nos contamos historias, las películas, las novelas, todas son narraciones que tratan de llenar el mundo de sentido y eso lo hacemos también para el caso de la comprensión de la violencia”.
“Si yo quiero definir lo que es una buena persona, tengo que poner todas las características; cuando yo hago eso, lo que estoy haciendo, sin que lo mencione, es decir, todo lo que no está mencionado está del otro lado. No hay posibilidad de escapar a las consideraciones sobre lo bueno y lo malo, lo puro y lo impuro, lo sagrado y lo profano”.
El sociólogo les explicó a los estudiantes de los distintos programas académicos que participaron que una visión sobre la violencia que prevalece en la academia es la “teoría del desarrollo”, que parte que la violencia se va a acabar cuando haya bienestar, educación y justicia.
“Por eso muchas de estas perspectivas no les interesa entender la violencia porque la violencia es un efecto”.
En contraste, planteó Arteaga Botello, “lo que nos interesa es cómo se interpreta esa violencia porque la manera en cómo la interpretamos podemos tener una perspectiva de cómo la estamos entendiendo, es una especie de psicoanálisis social”.
Ramón Gracida Gómez


