12 marzo,2026 5:16 am

Felipe Valle: El Colegio Acapulco

Anituy Rebolledo Ayerdi

 

Gobernador de Colima

Tras un fuerte altercado verbal con el presidente de la República, Álvaro Obregón, el gobernador de Colima, profesor Felipe Valle, abandona ese encargo para desempeñare en 1923 como director de la Aduana Marítima del Acapulco. Hombre de pocas pulgas, Valle había sufrido cárcel no obstante poseer fuero constitucional, tan sólo por mentarle la madre al golpista Victoriano Huerta, asesino de su jefe y amigo Francisco I Madero.

Con tales antecedentes y actitudes, Valle gozará aquí de fama de “güevudo y nada rajado”, mismas que confirmará muy pronto al unirse a una revuelta contra el presidente Álvaro Obregón. La encabeza Adolfo de la Huerta y por ello conocida como “la rebelión delahuertista”. Rebelión encabezada aquí en el ámbito civil por el profesor Silvestre H. Gómez (padre del doctor Virgilio Gómez Moharro) y el joven Carlos E. Adame, quien tiene como trinchera su periodiquito El Liberal. Nada extraño será, por otra parte, que todos los titulares de las oficinas federales estén comprometidos con la causa.

Ahora que el quid del asunto era bien sencillo: Adolfo de la Huerta quería ser presidente de la República, pero su ex jefe Obregón había decidido entregarle el poder a su paisano Plutarco Elías Calles. (Nótese que El Manco no escoge como sucesor a un pendejo, como luego será invariable práctica los prianista).

La conjura no podía tener mañana. Será aplastada con un baño de sangre en todo el país. El Manco no se tentará el corazón para inmolar amigos, compañeros de armas e incluso parientes –la crème de la crème de los generales de la Revolución–Y entre ellos: Salvador Alvarado, Manuel García Cavazos, Manuel M. Dieguez y Fortunato Maycotte (este había perdonado la vida del sonorense en Chilpancingo, cuando huía disfrazado de maquinista de ferrocarril.

El paredón

El general Rodolfo Sánchez Tapia llega al puerto con órdenes presidenciales de no dejar títere con cabeza. Carlos Adame ha logrado huir, pero en San Marcos se entera de que sus compañeros han sido capturados y que pronto serán fusilados. Y, sin pensarlo dos veces, regresa a Acapulco con la firme decisión de entregarse como único responsable del conflicto.

El paredón de fusilamiento se instala en el patio de la Aduana Marítima, en la plaza Álvarez, habilitada como cuartel militar. Ello facilita la concentración de parientes y amigos dentro y fuera de la parroquia de La Soledad, implorando el perdón para los suyos.

¡Fusílenme a mí!

El clarín de guerra se escucha dramático provocando un intenso clamoreo de la multitud allí reunida, misma que, sin que nadie lo pida u ordene, abre un caminito por el que transita libremente una persona: es Carlos E. Adame, quien se dirige al cuartel para entregarse como único responsable. El recién llegado es llevado inmediatamente ante el general Sánchez Tapia, quien reprende groseramente a sus soldados por presentar ante él a un sentenciado sin ninguna atadura. El propio Adame explica que no ha sido atado porque nadie lo ha capturado, que él está allí porque se viene a entregar motu proprio. Le explica:

–Estoy aquí, señor general, para suplicarle a un distinguido y valiente soldado de la Revolución Mexicana que no fusile a mis compañeros presos. Ello, por la sencilla razón de que son inocentes y son inocentes porque no han cometido delito alguno. Tal vez uno, si lo fuera, el dejarse engañar por mis palabras, por mi adoctrinamiento. Conociendo su limpia trayectoria como soldado de mi Patria, quiero recordar en este momento las palabras de Don Guillermo Prieto frente a un pelotón de soldados apuntando al pecho del presidente Benito Juárez: ¡los valientes no asesinan!

–¡No me vengas con pendejadas, chamaco caguengue! ¡Ahorita mismo te vas a morir tú y tus compañeros por alzarse contra el supremo gobierno, por asesinar a defensores de la patria.

–¡Un momento, señor general… ¡eso sí no! ¡No matamos moscas siquiera, mi general, porque nunca usamos armas, ni largas ni chicas! ¡Nuestras únicas armas de fuego fueron los discursos y los lemas contra un gobierno opresor, mi general!

La fusilata

Afuera, en el patio, se ha formado el cuadro de fusilamiento ante una gruesa pared horadada de adobe, cacareca por tanto impacto de bala. De frente, los 18 sentenciados a muerte y entre ellos: Imeldo Cadena, Luis Mayani, José Trinidad Serrano, Silvestre H. Gómez, Isaías Acosta, Francisco Torres, Felipe Valle, y por llegar, Carlos Adame.

Adentro, el general Sánchez Tapia ha llegado a un acuerdo final con Carlos Adame. De los 18 sentenciados sólo uno irá al paredón, él. Ambos salen al patio para anunciar la última decisión del militar, quien deberá esperar a que el joven esté frente al pelotón para perdonarlo. Lo abraza y lo saluda como a un valiente.

Candidato presidencial

Rodolfo Sánchez Tapia aspira a candidatura presidencial durante la sucesión cardenista, pero esta favorece al también general Manuel Ávila Camacho. Sánchez renuncia al PRM y lanza su candidatura independiente. Los votos todos de Acapulco serán para él. ¡A hueso!, se dirá

El Colegio

No obstante haber vivido aquí experiencias tan amargas, el profesor Felipe Valle se queda a vivir en Acapulco. Está decidido a servir a sus jóvenes a través de la docencia. Le preocupa el hecho de que una generación de acapulqueños no pueda cursar más allá de la primaria, salvo los contados que se pueden pagar escuelas en el exterior, incluso en Estados Unidos. Funda por ello, con su esposa Rafaela Ibarra y su hija Fela, una institución educativa a la que llaman Colegio Acapulco.

Aunque atenderá básicamente la instrucción elemental, el Colegio Acapulco ofrece a los jóvenes porteños la posibilidad de ir más allá de la primaria. No será necesariamente la secundaria ni la preparatoria. Uno, porque no se ajustaba a los programas oficiales, y dos, por no estar autorizado para ello.

–Fue así como cursamos la enseñanza superior y otra que se llamó pasantía, recuerda Concha Hudson en su libro Del Acapulco de antes.

Ella misma enumera las materias del curso equivalente a secundaria: Lengua nacional, Aritmética, Álgebra, Geometría, Ciencias físicas y naturales, Historia, Instrucción cívica, Geografía, Caligrafía, Dibujo y trabajos manuales, Gimnasia y Canto. En el año de pasantes o preparatoria se añadían Gramática castellana, Álgebra, Retórica, Poética y Teneduría de libros.

Jorge Joseph Piedra, periodista y ex alcalde de Acapulco, recordaba a sus compañeras de clase:

Las más hermosas acapulqueñas

Alicia, Orfelina y Etelvina García Mier, Ernestina y Tere Argudín, Stela Acosta, Crisantema Estrada, Conchita y Lila Hudson, Esther Stephens, Colacha y Marre Hudson, Tive y María Campos, Celia, Josefina y Malicha Medina, Hortensia Caballero, Raquel Sánchez Morales, Gloria, Aurora y Luz Amelia Jiménez; Pelancha y Olga Tellechea, María Beltrán, Hilda Gómez Maganda, Conchita Campos , Elvira Galeana y Solfina Martínez.

Lilia Apac, Angelita y Chevita López Victoria, Eli Montano, Adelina y Alicia Lobato, Luchy H Luz, Carmen Tapia, María Luisa y Bertha Muñúzuri, Elo y Bertita Panburg, Cornelia Aguirre, Noemí Caballero, Irene López, Amelia Bello, Perla Basterra, Eugenia, Elena y Angelita Pintos, Manuela y Petra Rojas, Tere, Tita y Amparito Escudero, Sara Liquidano, Raquel, Leonor y Rebeca Olívar; Concha, Luz y Eugenia Vargas, Rosa Flores y María Luisa Morales, “la mejor basquetbolista de México”.

Cuadros de Honor

En su periódico Acción Social del 22 de noviembre de 1925, Concha Hudson nos da a conocer los cuadros de honor del Colegio Acapulco:

Primer año

Ángela Aguilera, Martha Pangburn, Eduardo Leyva, Carmen Leyva, José Lozano, Antonio Córdova y Luis Martínez.

Segundo año

Wilfrido Valverde, Margarita Adame, Berta Panburng, Raúl Manzanarez, Íñigo Soberanis, Pomposo Lacunza, Pedro Sarabia, Rosario Arjona, Teresa Argudín, María Huerta Teresa Valencia, Pedro Berdeja, Nicolasa Sutter, Leonila Sthepens, Rebeca Olivar, Jovita Muñúzuri, Ignacio Tellechea y Carmen Soberanis.

Tercer año

Félix Muñúzuri, Ofelia García, Esperanza Tellechea, Rodolfo Galeana, Rodolfo Yavale, José Urioste, María Lozano, Francisco Retteg, Leticia Córdova, Enrique López, Federico Medina, Plutarco Suástegui, Arturo Escudero y Consuelo Obé

Cuarto año

María Sotelo, Ernestina Argudín, Marialuisa Muñúzuri, Ernestina Aguilar, Petra Rojas, Crisantema Estrada, Aurora Leyva, Felicidad de los Santos, María Valverde, Josefina Medina, Celia Medina, Eloisa Panburng, Flavia Mariscal, Luz Vargas, Solfina Martínez, Minerva Anderson y Manuela Rojas.

Luis Loranca, Raúl Muñúzuri, José Flores, Ignacio Lacunza, Manuel Sabah, Daniel del Moral, Carlos Retteg, Federico Pintos, Juan Curd, Hipólito Muñoz, Luis González, Gilberto Bello, Gabriel Leyva, Enrique Pintos, Jesús Galeana, Félix Galeana, Ernesto Escudero, Jesús Apac, Rosendo Pintos, Herminio Diego.

Moisés Adame, Domingo Leyva, Abacúc Cuevas, Benito Fernández, Jesús Guesso, Jesús Arenales, Antonio Pinzón, Juan Urbano, Jesús Manzanarez, César Torreblanca, Vicente Sánchez y Antonio Pérez.

Pasantes

Concepción Hudson, Stela Acosta, Concepción Campos, Irene Leyva, Jesús Escudero, Teresa Escudero, Natividad Campos, Matías Arjona, Francisco Torres, Alfredo Pintos, Alfredo Stephens, Jesús Jiménez, José Batani, Isaac Bello, Adalberto Muñúzuri, Rafael Muñúzuri Clark, Teófilo Moreno, Alejandro Hudson y José Manuel López Vitoria, el Cronista de la ciudad.

Felipe Valle

Aquel domingo 2 de junio de 1928, el profesor Felipe Valle pidió a su esposa un desayuno especial porque para él era un día de fiesta. Y cómo no, si ese día recuperaba sus derechos políticos suspendidos por su participación en la Revuelta Delahuertista, mismos que reestrenaría en las elecciones de ese mismo día.

Escoge para ese día un traje crema y para acompañarlo una corbata roja, “Si, roja, roja, para escandalizar a esos miserables hijos de puta”, se dice mientras intenta anudarla. No lo logrará porque cae como regla, tocado por un infarto fulminante.

Acapulco lo recordará dando su nombre a una calle en el centro de la ciudad.