14 abril,2026 9:47 am

A 50 años de la muerte de José Revueltas, la protesta de El apando contra el Estado carcelario sigue vigente

La Casa Universitaria del Libro convoca a un debate necesario sobre su obra cumbre: una disección cruda de la degradación humana y la maquinaria represiva que, lejos de ser memoria del pasado, encuentra ecos en la crisis de derechos humanos del México actual

Ciudad de México, 14 de abril de 2026. En el viaje a las entrañas del infernal sistema carcelario narrado en El apando, José Revueltas (1914-1976) concibió uno de los retratos más crudos de la realidad nacional.

Publicada por ERA en 1969, la séptima y última novela del emblemático autor de izquierda, así como su adaptación al cine a cargo de Felipe Cazals, serán este martes 14 a las 18:00 horas objeto de debate en la Casa Universitaria del Libro (Casul), en Orizaba 24, colonia Roma, con motivo del 50 aniversario luctuoso del originario de Santiago Papasquiaro, Durango.

Eduardo Antonio Parra, narrador que ha reconocido a Revueltas como una de sus principales influencias, opina en entrevista que en aquel relato sobre la vida de tres presos en el llamado Palacio Negro, recinto marcado por la sobrepoblación y la violencia, el autor hizo “una especie de recuento, de reordenamiento de todas sus ideas acerca de la libertad y de la opresión del gobierno.

“Creo que ahí depura muchísimo, no hay tanta ideología en el texto y tampoco en la película, sino que se va, simplemente, a la represión de las estructuras oficiales, la represión de quienes detentan el poder”, expone Parra en entrevista, quien participará en la sesión de cinedebate en Casul al lado del ensayista Sergio Téllez-Pon.

“Él siempre abordó no nada más el asunto de los pobres, sino la delin-cuencia como una consecuencia de la pobreza y del sistema de gobierno que había en México. Entonces, creo que ahí (en El apando) es donde ya se deja, vamos a decirlo así, de romanticismos idealistas, y lo presenta con toda su crudeza”, añade el escritor, refiriendo el desencanto de Revueltas con la lucha teórica.

–¿Es el Revueltas más diáfano?

–Sí, exacto, y ya, bueno, dueño de todos sus recursos literarios, narrativos. Ya era un hombre mayor, no tan grande, por supuesto, pero ya era un escritor absolutamente maduro. Y, entonces, te da un relato impresionante, un relato inolvidable, diría yo.

Parra (León, 1965) calcula que fue pasados sus 20 años cuando se encontró tanto con la novela corta como con la cinta de Cazals, estrenada en agosto de 1976, hace también medio siglo, y en cuyo guion participaron el escritor acapulqueño José Agustín y el propio Revueltas, quien no alcanzó a verla.

“El librito me pareció impresionante, primero que nada por el ritmo del lenguaje, que te va llevando, te va llevando, pero además te va llevando a extremos de violencia increíbles. Me sacudía cada página, me acuerdo perfectamente”, comparte, elogioso además con la traducción de esa violencia al lenguaje cinematográfico.

“Me gustó bastante, no quedé nada decepcionado. Yo salí estremecido tanto de la lectura del libro como de la película”, agrega. “Claro, se quedan fuera una serie de reflexiones que no se podían transmitir a la pantalla; pero está la esencia del relato completita, está esa violencia y te da la idea perfectamente de cómo se vivía en Lecumberri y de cómo era la vida en los bajos fondos de México en ese tiempo”.

Como “un golpe en el estómago” llegó a describir Ernesto Diezmartínez la cinta en la que Manuel Ojeda, Salvador Sánchez, María Rojo, José Carlos Ruiz y Luz Cortázar dan vida a las tensiones entre los presos de Lecumberri, y al fallido intento de recibir un cargamento de droga escondida en los genitales de la madre de uno de ellos; “uno de los filmes más inquietantes en la historia del cine mexicano”, calificó el crítico (Reforma, 12/03/1999).

Israel Sánchez / Agencia Reforma