4 mayo,2026 8:01 am

Migraron 979 niños de la Montaña y hasta la mitad pierden sus estudios: Tlachinollan

 

Chilpancingo, Guerrero, a 4 de mayo de 2026.- El Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan informó que, de acuerdo con el registro del Consejo de Jornaleros Agrícolas de la Montaña, de enero a abril de 2026, este año 979 niños indígenas migraron por trabajo con sus familias a nueve estados del país.

Explicó que por ello, casi a mitad pierde la oportunidad de continuar sus estudios, por falta de recursos de sus padres, así como de escuelas en las comunidades o de maestros.

En las rancherías, los niños desde cero años de edad permanecen en los surcos, porque tampoco hay guarderías, afirmó.

En un comunicado por el Día del Niño, señaló que decenas de niñas y niños no fueron registrados por el consejo, que opera en la Casa del Jornalero Agrícola en Tlapa, porque sus familias viajan por su cuenta, sin contrato hablado con las empresas, es decir, “viajan de dos a tres días en las camionetas destartaladas que con mucho trabajo compran sus padres”.

En el trayecto, indicó que “no sólo se enfrentan a las inclemencias del tiempo, sino a las detenciones de los policías y los asaltos de los grupos de la delincuencia organizada”.

Añadió que este “infierno” se extiende a los campos agrícolas, donde reciben galeras para guarecerse y dejan a los recién nacidos en guarderías.

En el caso de que sean contratados en rancherías, tampoco hay guarderías. Ahí, los recién nacidos y menores de 7 años de edad tienen que permanecer en los surcos, precisó.

El organismo denunció que las infancias de 7 a 10 años de edad empiezan ayudar a sus padres para ganarse unos cuantos pesos más.

“El tiempo vale oro en cualquier corte. En la cosecha de tomatillo la arpilla la pagan a 40 pesos el primer corte y 50 pesos el segundo corte. El trabajo es por destajo. Los más diestros y adultos cosechan hasta 60 botes, pero por lo regular es entre 10 a 12 costales de rafia o arpillas. Los niños y niñas van a su ritmo. Desde las 7 de la mañana a las 5 de la tarde”.

De acuerdo con el registro del consejo, de enero al 23 de abril de 2026, migraron de la región Montaña 2 mil 251 jornaleros, de los cuales mil son 109 mujeres y mil 142 hombres.

Las infancias son 370 niñas y niños de 0 a 5 años; 258 tienen entre 6 y 11 años, y suman 351 de 12 a 17 años, la mayoría son na savi, luego me’phaa, náhuas y, en menor medida, mestizos.

Señaló que Cochoapa el Grande, el municipio más pobre de México, es el que tiene el mayor número de niños migrantes: 277.

De Copanatoyac son 157, de Tlapa 150, de Metlatónoc 107, de Alcozauca 70, de Atlamajalcingo del Monte 62, de Tlalixtaquilla 36, de Atlixtac 29, de Zapotitlán Tablas 18, de Acatepec 13, de Xalpatláhuac como Huamuxtitlán, seis cada uno; en Malinaltepec y Tlacoapa tres cada uno, mientras que de Alpoyeca fueron dos.

Del destino temporal de los niños, indicó que la mayoría llegó a campos de Michoacán. El segundo grupo más amplio se dirigió a 17 campos de Sinaloa.

En este orden, informó que los niños viajaron a 17 campos de Chihuahua, a siete campos de Baja California, a tres campos de Luis Potosí, a cinco de Sonora, y cinco de Jalisco; así como a tres de Zacatecas y Nayarit, cada uno, y al campo San Juan del Río, en Querétaro, y al campo Cerro Cortejo, en Colima.

Advirtió que 979 niños y adolescentes que emigraron a los campos, 382 no cursan la escuela y no tienen estudios, porque sin excepción sus padres no tienen dinero y en varias comunidades las escuelas están cerradas, en otras no hay docentes.

En 112 casos, con mucho esfuerzo lograron entrar al preescolar; 398 pasaron por la primaria, pero no la terminaron, y sólo 80 estudian algún grado de secundaria.

Añadió que sólo en enero, unos 150 niñas, se integraron a las cuadrillas de trabajo en los campos de tomatillo de Nayarit y Jalisco.

De los surcos describió la escena de una niña de un año y medio haciendo malabares con las pequeñas ramas de tomate, que pasan en su rostro cuando el aire las mueve, niños desparramados en la tierra tratando de conciliar el sueño y una niña de cuatro años moviendo una sonaja para evitar el llanto de su hermanita recién nacida a su cuidado.

Por el ruido de los camiones, indicó que pasan desapercibidos en los campos agrícolas de Nayarit, mientras permanecen en en los surcos de tomate de cáscara o tomatillo.

Por lo anterior, denunció que en Día del Niño nadie los regresó a ver. “Trataron de jugar con las varas que encontraron a su paso, los plásticos y los terrones de tierra. El único regalo es la sombra que pueden conseguir mientras sus padres y los hermanos se parten la espalda para ganar un peso más”.

No obstante, señaló que sus voces salen de entre las plantaciones. “Sus únicas esperanzas para sobrevivir están en los campos agrícolas. Las oportunidades para estudiar se vuelven sueños rotos, porque no hay maestros”.

Asimismo, señaló que los campos describen el olvido y el abandono. “Pareciera que nacieron condenados a cargar con la cruz del sufrimiento, el hambre, la discriminación y sin servicios de salud. Los juegos que se inventan tienen que ver con el trabajo del campo. Juegan con los perros flacos a la yunta”.

Lourdes Chávez / Foto: Tlachinollan