3 junio,2026 9:03 am

Conmemoran el centenario de Allen Ginsberg con la publicación de su poemario Balada de los esqueletos

 

Ciudad de México, 3 de junio de 2026. En el ocaso de su vida, el poeta beat Allen Ginsberg (1926-1997) dirigió una última carcajada sardónica contra el absurdo, las injusticias y explotaciones de la sociedad.

El autor referente de la generación beatnik, de quien hoy se cumple un siglo de su nacimiento, lo hizo convirtiendo a opresores y oprimidos en las parlanchinas calaveras de su poemario Balada de los esqueletos, que el sello español La Bella Varsovia recientemente ha publicado con traducción del argentino Andrés Neuman.

“Dijo el esqueleto militar: / ¡Bombas en las fronteras! / Y dijo el esqueleto de la clase alta: / No alimentemos a las madres solteras”, plasmó Ginsberg en 1995, con evidente inspiración en el Día de Muertos mexicano, en esta colección de versos que circulara primero en la revista The Nation.

“Dijo el esqueleto despedido: / Los robots se robaron mi trabajo. / Y dijo el esqueleto de la mano dura: / ¡Palos a los de abajo!”, se lee en la versión hecha por Neuman (Buenos Aires, 1977), entusiasta de la poesía de Ginsberg y en particular de esta última obra periférica a la que se refiere en entrevista como “una tremenda fiesta carnavalesca”.

A decir del argentino, si bien en su momento este trabajo tuvo cierta notoriedad principalmente en el mundo anglosajón, en especial por la colaboración del poeta beat con Paul McCartney y Philip Glass para musicalizarlo, y que luego el cineasta Gus Van Sant dotó de imagen, en realidad constituye una faceta suya mucho menos conocida en contraste con sus obras emblema Aullido (1956) y Kaddish (1961).

Lanzado no mucho antes de la muerte del septuagenario autor, este poema en cuartetas rimadas constituye una suerte de testamento; “no con respecto a la poesía en general, porque eso ya estaba dicho en sus grandes obras anteriores, sino con respecto a la situación colectiva en particular que él veía en el mundo del que le tocaba despedirse”, apunta Neuman, también poeta y narrador.

“Sabía que no iba a tener tiempo y espacio de decir mucho más públicamente en forma poética, y elige referirse a su tiempo con estos poemas carnavalescos. Resulta una maniobra muy atrevida porque utiliza un tono popular, un poco cancioneril, muy oral y en ocasiones deliberadamente soez, para referirse a cuestiones que son verdaderamente trascendentales y serias.

“Y yo creo que eso es uno de los méritos específicamente literarios de este librito de Ginsberg, que hay una tensión permanente entre la seriedad del fondo y la ligereza de la forma; entre el drama de los temas que aborda y la carcajada negra del punto de vista”.

Ese implacable humor negro de estos versos “en las antípodas de la solemnidad” es parte de lo que llevó a Neuman a querer compartirlos con el universo de lectores de habla hispana; “es decir, (Ginsberg) obtiene la complicidad y la escucha porque no sermonea al respecto de estas cuestiones, sino que se ríe con la más negra, sarcástica y tanática de las risas”, remarca.

Aunado a ello, es la actualidad del “susto sociopolítico”, de las situaciones que el poeta beat satiriza en voz de sus esqueletos, lo que acaso mayor impresión causó al argentino.

Y es que, aunque concebidas hace ya tres décadas, las estrofas de esta mordaz balada bien parecieran referirse a este presente lacerado por la precariedad laboral, la crisis ecológica, la intoxicación mediática y los discursos de violencia, segregación u homofobia, entre otros males sociales.

“Dan en el clavo de los males que aquejan a nuestros cuerpos y que, por lo tanto, amenazan metafóricamente en estos textos con convertirse en esqueletos andantes o en muertos vivientes. También hay ahí una metáfora de fondo.

“Están diciendo que nuestro modo de vida nos mata”, prosigue Neuman.

En el volumen que lanza La Bella Varsovia relucen los grabados de José Guadalupe Posada acompañando los versos de Ginsberg, “el gurú de los poetas beatniks, que a fines de los 50 habían descendido a México en busca de lo beatífico”, como alguna vez escribiera Homero Aridjis.

“Hemos hecho esa elección, primero, porque esos grabados cuando los conoció Ginsberg le causaron mucha impresión, al parecer, y le sirvieron de inspiración”, explica Neuman. “Pero además porque definen o resumen a los personajes, a los esqueletos parlantes que protagonizan estas pocas decenas de estrofas que componen este poema”.

Se trata, además, de una entrega bilingüe donde conviven el texto original con la traducción de Neuman, para quien la poesía nunca se puede traducir literalmente en tanto no tiene un solo sentido.

O sea, leer poesía es traducirla, en el sentido de que cuando estamos leyendo un poema, aunque sea en nuestra lengua materna, lo estamos interpretando. “Leer poesía es traducirla implícitamente a nuestro propio marco de referencias, a nuestro imaginario, a nuestra lengua personal, por así decirlo, porque los poemas no son unívocos y les atribuimos un sentido”, expone.

De modo que no es simplemente hacer un traslado mecánico de una lengua a la otra, y en el caso de la Balada de los esqueletos la traducción resultaba aún más desafiante dada la musicalidad y el ritmo en el núcleo del fenómeno poético.

Haber intentado traducir literalmente, estima el argentino, hubiera sido una traición a la que constituye cierta excepción en la obra de Ginsberg por ser de un estilo tan distinto al resto.

Israel Sánchez / Agencia Reforma