9 junio,2026 5:53 am

La alianza y la ruptura

LA VIDA HECHA

Florencio Salazar

 

–Así le damos a la prensa y no la llenamos –dijo Echeverría mientras simulaba con ambos brazos un enorme tubo.

El gobernador Israel Nogueda Otero había comentado al Presidente la posibilidad de otorgar publicidad a periódicos nacionales, pues no cesaban los ataques a su gobierno.

–¿Qué va a hacer usted con su modesto presupuesto? Siga trabajando por Guerrero, que tiene el apoyo de su amigo el Presidente.

Mi conversación con el gobernador obedecía a un cartón de Marino en Excelsior. Lo caricaturizaba como si fuera un negro salvaje, con un hueso atravesado en la nariz.

Le sugerí que afloraran las diferencias con don Rubén Figueroa Figueroa, porque él –Nogueda– estaba quedando como el malo del cuento. Habría que quitar al Presidente la mínima sospecha de ingobernabilidad. Eran diferencias entre dos políticos y así debería advertirse.

Confió en la palabra de don Luis.

Gobernador substituto

Pasé a la casa de Ramiro Rendón Aguilar –amigo de la infancia– en la calle Madero, con mis tenis colgados al hombro; iríamos al frontón de las canchas universitarias.

–¡A tu amigo Nogueda lo están nombrando gobernador!

–¿¡En dónde!?

–¡En el auditorio del Estado!

Giré mis pasos y volví a mi domicilio en Abasolo, a escasas dos cuadras. Cambié la ropa deportiva y me dirigí al evento. Nogueda Otero levantaba el brazo derecho con la mano en punta.

–¡SÍ, protesto!

Salimos al besamanos a Palacio de Gobierno. Los saludos fueron rápidos.

Al salir del despacho, me detuvo Graciano Astudillo Alarcón, desde el ayuntamiento de Acapulco su secretario particular: “Lo vamos a llamar para que hable con el licenciado”, dijo sonriendo.

Israel Nogueda Otero asumió la gubernatura en substitución del profesor Caritino Maldonado Pérez. El helicóptero que trasladaba al Jefe Cari, de Ciudad Altamirano a Chil-pancingo, fue arrastrado por un ven-daval hasta estrellarlo en el cerro Mi-raval. Murió el Ejecutivo y los titulares de los poderes Legislativo y Judicial, Federico Encarnación Astudillo y Carlos Urióstegui Ocampo; también el piloto. (17-04-71).

Debe haber un error

Acaso dos semanas después, me citaron en Palacio. El gobernador me presentó con Rogelio de la O Almazán, su síndico en Acapulco. “Va a ser Presidente del PRI y tú, joven líder –siempre me llamó así–, el secretario general”.

Me pidió Rogelio encontrarnos a las cinco de la tarde, de ese día, en la Posada Meléndez. Vamos a recibir al licenciado Santiago Roel García, representante del PRI nacional. Me pidió discreción absoluta y “no se despegue de mí”.

La Posada Meléndez era un hormiguero: los que salían del comité estatal, encabezados por el licenciado Ramón Uribe Urzúa y el profesor Jesús Romero Guerrero, y los muchos que aspiraban a formar parte de la nueva administración pública.

Las felicitaciones a De la O se multiplicaban. Llegó el futuro canciller de López Portillo y de inmediato partimos al sitio.

En el automóvil se acomodaron Santiago Roel, Rogelio de la O, Ramón Uribe y otras personas. El asiento posterior estaba saturado. Me vieron con extrañeza, pero se apretujaron para que yo cupiera.

El auditorio estaba colmado y las porras a Rogelio se sucedían. Nos colocamos en el presídium, yo al lado de quien sería el presidente. Atrás había otra fila. Mientras se calmaban los espontáneos apoyos, alguien tocó mi hombro:

–Cámbiate a mi lugar.

–No, este me corresponde.

–Yo soy diputado local.

–Pero yo soy el director juvenil estatal y este es un acto del Partido, no del Congreso. Siguió insistiendo; ya no atendí.

Llegó el pronunciamiento de los sectores agrario, obrero y popular. Todas las manos en alto: aprobada por unanimidad la designación del nuevo presidente.

Rogelio de la O llamó al maestro de ceremonias, Héctor de Jesús Hernández Ramos –estudiante de Derecho–, y le pasó una nota.

–Se propone como secretario general a… –dobla el papel y se acerca a Rogelio.

–No puede ser, debe haber un error –dice a media voz.

–Usted lea el nombre. –responde Rogelio.

–Aquí hay una equivocación…

–Ya léalo.

Igualmente aprobado. Tenía 23 años. Dos años después pasé a la secretaría general del sector popular (CNOP).

La dirección juvenil

Asumí la dirección juvenil del PRI –21 años– en el cine Colonial de Chilpancingo. Relevé a Hugo Pérez Bautista –amistad de toda la vida–, con quien colaboraba. Asistió el gobernador Caritino Maldonado y Roberto Gatica Aponte, quien aspiró –fui su partidario– a suceder al doctor Raymundo Abarca Alarcón.

Como colaborador de Hugo Pérez Bautista –último año del gobernador Abarca– recorrí el estado, municipio por municipio, con excepción de Malinaltepec y Metlatónoc, inaccesibles por vía terrestre. No recibía viáticos para las giras. El general Baltazar R. Leyva Mancilla, presidente del PRI, firmaba dos memorandos: uno dirigido A quien corresponda, con el fin de que los choferes de la Flecha Roja no cobraran mi pasaje; y otro, a los alcaldes, para que apoyaran con hospedaje y comida. Todos se cuadraban ante la firma del ex gobernador.

Ramón Uribe Urzúa, dirigente del PRI –gobierno del Jefe Cari–, proporcionó a la dirección juvenil un yip amarillo Land Rover, en el cual seguí el periplo por la entidad. Tenía un equipo alegre y entusiasta: Raúl Salgado Leyva, Roberto Comadurán Chavarría, Fidel Galeana Agatón, Francisco Bernal Román y hasta Jorge Vielma –uno de los líderes del Movimiento Social de 1960– se integró al grupo en el recorrido por la Costa Grande.

Te vamos a joder

Al gobernador lo veía con cierta regularidad. Antes o después de la audiencia, pasaba a la particular a saludar a Juan Nogueda Soto, de reconocida inteligencia y cultura, orador innato. Graciano Astudillo había sido designado Oficial Mayor.

Un mediodía, subía las escalinatas del Palacio de Gobierno –ahora Museo del INAH– y bajaba el diputado Efraín Zúñiga Galeana, secretario general de la CNC. Al encontrarnos, me dijo:

–No has ido a ver a Juan… ¡Repórtate, porque si no te vamos a joder!

–Mira, tú debes reportarte con Juan porque a él le debes el cargo. Yo soy por el gobernador y no tengo dos jefes –di media vuelta y nunca más volví a la oficina del secretario particular.

Juan Nogueda, Efraín Zúñiga y Rigoberto Pano, coordinador del Congreso, insistieron con el gobernador para que me despidiera. Argumentaban que yo lo iba a traicionar. El gobernador Nogueda los invitó a desayunar en su residencia conocida como El pueblito, propiedad del doctor Eusebio Mendoza Ávila.

Los tres mosqueteros se presentaron con su D’Artagnan, un contador delegado del Injuve, que sería mi reemplazo.

Cuando propusieron mi relevo, los atajó el gobernador: “El joven líder es mi amigo. Los llamé para ver otros asuntos”.

El proyecto Echeverría

Al alcalde de Acapulco Nogueda Otero solicité audiencia cuando fui al puerto a reorganizar la dirección juvenil.

En otra oportunidad, le expresé mi interés en mantener la comunicación. Argumenté el motivo: nuestra clase política está cargada con el doctor Emilio Martínez Manatou, secretario de la Presidencia; lo consideran sucesor del Presidente Díaz Ordaz. “Se necesita un cambio para que Guerrero tenga mejor desarrollo. Y ese cambio, lo representa el secretario de Gobernación Luis Echeverría, a quien usted apoya”.

Consecuencia de esa relación, fue que el alcalde Nogueda me presentó con el ingeniero Rubén Figueroa Figueroa.

Acertamos con Echeverría. Don Rubén, el alcalde Nogueda, el diputado federal Eusebio Mendoza y yo, fuimos a Palacio de Gobierno. Yo permanecí en la antesala.

Don Rubén fue la única voz:

“Caritino, te venimos a invitar para que nos acompañes mañana, en la caravana que va a saludar a nuestro candidato Luis Echeverría”.

–“No, Rubén. Al gobernador no se invita; el gobernador encabeza”. Responde don Rubén: “tú sabes cómo se dieron las cosas”.

Yo era el único en la antesala, ni siquiera las escoltas. Oí nítida la conversación y el discar del teléfono.

–“Luisito, aquí está nuestro amigo Rubén, el diputado Mendoza y el alcalde de Acapulco, que no sé qué hace lejos de su base. Me viene a invitar para que acompañe a la caravana del priismo guerrerense. Yo le digo a Rubén que al gobernador no se le invita, el gobernador encabeza”.

Breve silencio.

–“Rubén, Luisito quiere hablar contigo”.

El Jefe Cari encabezó a los dos mil priistas que arribamos a Bucareli. Al dirigirnos a las rejas del Palacio de Covián, me dijo don Rubén: “Lo voy a presentar con Echeverría. Quiero que sepa la clase de joven que es usted. No se separe”. La multitud tiene la fuerza de un huracán. La distancia se fue abriendo con don Rubén y para mí fue insuperable.

La alianza política Figueroa-Nogueda, pronto se fracturaría.