9 junio,2026 5:53 am

Las juventudes de Guerrero

Esthela Damián Peralta

 

Ya he contado en otras ocasiones cómo inicié y cómo describí que la política, fue y es mi vocación de vida. La vida me regaló la oportunidad de que desde mi adolescencia identificara un México con ojos críticos, asombrada por su belleza y también por tanto que siempre nos da y le debemos. Muy pocos adolescentes descubren a esa edad lo que quieren hacer y cómo buscan cambiarlo, tuve claros mis objetivos y en ese momento me dediqué a cancelar cosas que eran y seguramente siguen siendo comunes entre la chaviza, porque yo prefería invertir en otros temas. Dedicarle tanto tiempo a sembrar esa semilla que nació en el campo de Guerrero, ha hecho que se mantenga viva por años, me convirtió en un ser político.

En ese entonces los debates se daban por los medios tradicionales de comunicación. Ahí se escuchaba lo que el gobierno quería que el pueblo supiera, les daba línea en todo y clasificaba lo que salía y todo lo que les prohibía que difundieran. Pocas plumas, comunicadores, analistas, periódicos o locutores nos daban a conocer la realidad, los connotados, los independientes, los que gozaban de la credibilidad de la gente.

Por eso esta semana me sentí muy feliz de estar con chaviza del Encuentro Estatal de Liderazgo Juvenil, organizado por la delegación Guerrero del Consejo Nacional Juvenil, ahí ellas y ellos se están formando como líderes, están aprendiendo, retroalimentandose, tomando decisiones, sabiendo que el mundo les reclama su presencia en este momento. No pueden postergar su llegada, quienes están en prepa son aún adolescentes, un poco más tímidos, y los de licenciatura, desenvolviéndose rumbo a los derroteros que ya tienen enfrente.

Escuché con atención sus inquietudes, preguntas, todos buscan darle salida a los problemas que viven en su lugar de origen. Por supuesto que me sentí identificada, fui una de ellas, comiéndose el presente como en su momento lo hice.

Son cálidos, orgullosos guerrerenses, quieren salir adelante, ser, existir y ser alguien para sí mismos. Fue una charla llena de emociones para mí, pensé mucho en cómo me verían quienes me observaron a esa edad. Lo que daría por tener una cámara de tiempo y poder retroceder para saber con mayor nitidez, qué pensaba, cómo he evolucionado, qué recuerdos decidí fijar no solo en la memoria, sino también en el alma.

Para mí, fue fundamental decirle a estos chicos y chicas sean lo que han decidido ser, háganlo en plenitud y conciencia de su ser, no dejen que el miedo los domine, alcancen todos sus anhelos, sueñen lejos, trabajen todos los días, miren en sus días ese goteo que cae para lograr el mar de nuestros océanos. Fui muy feliz de estrechar sus manos, abrazarlos, tenerlos, y saber que si ellos existen este México es para mucho y ese mucho siempre es mejor.

Con frecuencia se habla de las y los jóvenes desde el prejuicio. A algunas personas les parece sencillo minimizar a las y los jóvenes y llamarles generación de cristal, al considerar que sus problemas son mucho menores a los que tuvimos nosotros. Sin embargo, la realidad es que esta afirmación no es más que una forma simplista de ver la realidad.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos ha advertido que las juventudes actuales enfrentan una combinación inédita de inseguridad económica, ansiedad climática, presión académica y deterioro de la salud mental. Pese a ello, frente a un contexto mucho más complejo e incierto, miles de jóvenes siguen apostando por involucrarse, organizarse y participar activamente en la construcción de un mejor futuro para sus comunidades.

Basta convivir un momento con ellos para darse cuenta de que esa narrativa no corresponde con la realidad. Lo que existe es una generación mucho más crítica, mucho más consciente y mucho más decidida a levantar la voz frente a las injusticias que las anteriores. Con herramientas y apuestas mucho más creativas para solucionar las problemáticas que enfrentamos.

En Guerrero eso se siente todavía más fuerte. Nuestro estado ha atravesado momentos complejos, retos históricos y profundas desigualdades, pero también ha sido tierra de lucha, de conciencia social y de organización comunitaria. Por eso no es casualidad que hoy existan tantos jóvenes interesados en participar, debatir, organizarse y formar parte activa de la transformación que vive nuestro país.

Por eso me emocionó tanto encontrarme con jóvenes que hoy tienen esa misma inquietud. Chavas y chavos que no están esperando a que alguien más venga a resolver los problemas, sino que quieren involucrarse, proponer, organizar actividades, impulsar proyectos y abrir espacios para otras personas. Jóvenes que entienden que transformar una comunidad no depende únicamente de un cargo público, sino de la capacidad de construir colectivamente.

Me quedo especialmente con algo que sentí durante todo el encuentro: las juventudes quieren ser parte de la solución y no del problema. Quieren participar en la discusión pública, quieren defender causas, quieren levantar la voz frente a las injusticias y también quieren sentirse escuchadas. Esa energía no debe desperdiciarse ni minimizarse. Al contrario, tenemos que abrir cada vez más espacios para que participen activamente.

Yo veo en Guerrero una chaviza más puesta que nunca. Más consciente, más participativa y más comprometida con continuar la transformación de nuestro estado. Hay una generación que ya no quiere quedarse al margen de las decisiones y que entiende perfectamente que el futuro de Guerrero también depende de lo que hagamos hoy.

Las juventudes son el presente. Ahí donde hay jóvenes participando, cuestionando, proponiendo y construyendo comunidad, también hay esperanza, la posibilidad real de que las transformaciones no sean pasajeras, sino cada vez más fuertes y duraderas. Eso es lo que quiero para nuestro Guerrero.

Nos leemos el siguiente martes.

 

@EsthelaDamian