
Anituy Rebolledo Ayerdi
Cortés
Hernán Cortés llega a Acapulco en 1526 para recibir en encomienda la bahía del puerto vecino. No llevará su nombre pero sí el de su título nobiliario: Marqués del Valle de Oaxaca. Aquí se extasía con la bahía calificándola de perfecta en tamaño, fondo y protección natural. Una emoción tan intensa como la que le produjo su primer avistamiento del Valle de Anáhuac.
Zúñiga
Será en su tercer cruce del Atlántico cuando Hernán Cortes regrese a Acapulco pero esta vez acompañado por su esposa, Juana Zúñiga. Las Patischapoy de entonces comentarán que la había traído sólo para borrar su nefando amancebamiento con La Malinche. “¡Una india fea y corriente que sólo hacía lo que le gustaba hacer!”, sentenciaban
Suárez
Ocurrió durante la toma de posesión de don Alfonso de Suárez como tesorero de la Real Hacienda de Acapulco y titular de la recién establecida Aduana Marítima. Los asistentes comentan sobre la imperiosa necesidad de que Acapulco cuente con protección contra piratas. Un tema que asumirá más tarde la Audiencia Gobernadora, remitiendo al rey de España un memorial al respecto. Se incluye en el mismo un plano de Acapulco, sugiriendo el sitio ideal para edificar una fortaleza artillada. No hay respuesta. Como tampoco la habrá diez años más tarde, cuanto las gestiones las haga el virrey Luis de Velasco, hijo, ante el soberano Felipe II.
Navarrete y Pacheco
Joseph Navarrete y Pacheco, tesorero de la Real Hacienda de Acapulco, da a conocer en hojas volantes el contenido de la Miscelánea Fiscal de la Corona española, en materia de comercio. Todas las mercancías serán gravadas con pesados impuestos, muy pronto bautizados:
Avería.- El impuesto de avería llegaba al 14 por ciento y estaba destinado a cubrir los gastos originados por los barcos de guerra custodiando a la Flota Mercante
Almirantazgo.- Este derecho se cobraba doble: al cargar y al descargar la mercancía. Su beneficiario era el Almirante de Castilla.
Almojarifazgo.- Se cobraba en España y la Nueva España y se destinaba a la Corona para mantener libre de piratas los mares. Llegará a significar el 15 por ciento del valor de la mercadearía.
Toneladas.- Aplicado cuando el tonelaje excediera el fijado por la Corona.
Alcabala.- Se cobraba por toda venta y permuta y los únicos exentados eran los indios y los sacerdotes. La cédula disponía cobrar la alcabala en todas las ventas y trueques a razón del dos por ciento. Llegará con el tiempo al 8 por ciento
Enríquez
El virrey de la Nueva España, Martín Enríquez, informa al rey Felipe II la llegada de dos navíos procedentes de las islas filipinas. Vienen cargados con joyas de oro, sedas, damascos y rasos, porcelanas, mantas, algodón, canela, tirasoles y más.
Sahagún
En su Historia general de las cosas de la Nueva España, el bondadoso y sapientísimo fray Bernardino de Sagahún, da cuenta de una plaga conocida como sométicos (alteración esdrujulizada de sodomitas) Advierte que los hay pacientes o pasivos y activos o mayates (coleóptero que penetra el tronco de las palmeras).
El somético pasivo o paciente, sentencia, no tiene perdón de Dios. “Es abominable, nefando, detestable, digno de que le hagan burla y se rían de él”. Y añade: “En todo se muestra mujeril o afeminado, en el hablar o en el andar y sólo por eso debn ser quemados”. ¿Bondadoso?
Sarmiento-Valladares-Rodríguez-Valdez
El virrey José Sarmiento de Valladares dicta órdenes terminantes para combatir a los asaltantes de la Ruta de Asia. Teme que la inseguridad del camino afecte el esplendor de la Gran Feria de Acapulco.
Recomienda por ello al capitán de Justicia Mayor de Acapulco, Manuel Rodríguez Valdez, la ejecución de un operativo enfocado a la captura de los negros cimarrones (esclavos escapados), asaltantes de los viajeros.
A los pocos día vendrá la respuesta de Rodríguez: “tengo amarrados a más de cien… ¿qué hago con ellos?”.
Loreto, Moncayo
El Santo Oficio hace saber a todos los fieles cristianos que se celebrará el Auto General de Fe, para la exaltación de nuestra creencia religiosa. Tendrá lugar el 19 de septiembre de 1659 en la plaza principal de la Ciudad de México y en él se otorgarán a los fieles católicos las indulgencias de los sumos pontífices.
Don Miguel Loreto, comisario del Santo Oficio en Acapulco, abandona la sotana y la circunspección. Su establecimiento, apenas ayer solitario, es hoy una romería. Y es que todo Acapulco desea formar parte de la excursión organizada por él para estar presentes en la quema de la Santa Inquisición. Él ofrece hospedaje y comida en su propia residencia capitalina y, por supuesto, un lugar cercano a la hoguera donde arderán los impíos. Para hacer más atractivo el viaje, don Miguel ofrece un pilón: visitar los sótanos de la Inquisición para conocer sus instrumentos de tortura y muerte.
Orduña-Guillén-Lampard
Y era tal la multitud –narra el cronista Joaquín Orduña– que las calles de la ciudad de México, por las que pasarían los condenados, fueron valladas a partir de la plaza de Santo Domingo. La procesión va precedida por una gran cruz verde, famosa en esta clase de convites. El templete para las autoridades se levantaba en la Plaza Mayor, entre el portal de Mercaderes y el Cabildo. El lujoso acabado de aquél escenario era verdaderamente impresionante. Contrastaba con la sobriedad del gran altar levantado enfrente y dos púlpitos para los predicadores.
Los inquisidores ocupaban sentados unas butacas de terciopelo carmesí posando sus plantas en cojines del mismo material. Los soldados vestidos de gran gala con sus mosquete al hombro. El alguacil mayor de la Santa Inquisición, vestido de terciopelo negro y botonaduras de oro. Lo acompaña una escolta de doce lacayos de espada y librea.
Entonces –prosigue el Cronista– se oyó doblar la campana mayor del convento de Santo Domingo con acento lúgubre, siguiendo todas las campanas de la ciudad. La noche llegó y la plaza se iluminó con hachones.
Y en la fría madrugada, entre cánticos y rezos empezó el acto. La tropa barriendo el suelo con sus banderas, fray Diego de Arellano pronunciando un sermón , los tambores redoblando a intervalos.
Amanece y se da lectura a las sentencia, Guillén de Lampard muere por garrote vil mientras que los otros condenados son quemados vivos
Martínez-Orduña-Tirol Monte
Muere el más antiguo contador del Tribunal de Cuentas de la Nueva España, Francisco Tirol Monte, quien se desempeñaba como Oficial Mayor de la Contaduría Real de Acapulco. Lo releva don Melchor Martínez de Orduña.
Se habla de dos hechos curiosos sobre el difunto. Que su cargo de Oficial Mayor era a perpetuidad, otorgado por el virrey, Francisco Fernández de la Cueva, duque de Alburqueque, grande de España, marqués de Cuéllar y conde de Ledesma y de Huelma. En otro hecho curioso es que murió por tragarse una espina de cuatete.
Bonilla-Balmaceda
Pedro Bonilla, inquisidor del Santo Oficio llega a Acapulco para abrir una investigación en torno a las denuncias contra el recaudador Enrique Balmaceda, a quien se acusa de “enriquecimiento inexplicable” (¡¡desdendenantes!!).


