27 junio,2026 5:33 am

La irresponsabilidad ambiental de los más ricos

 

Octavio Klimek Alcaraz

El cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la contaminación por nutrientes y el consumo del agua dulce son ejemplos del daño ambiental que causa el 10 por ciento más acaudalado de la población mundial, perjuicios que asume la sociedad en su conjunto. Según estimaciones de investigadores de la Universidad de Leiden (Países Bajos) y la Universidad de Oxford (Inglaterra), que fueron publicadas el pasado 18 de junio en la revista Communications Sustainability (https://www.nature.com/articles/s44458-026-00079-x). Únicamente por su consumo, este 10 por ciento causa daños climáticos y ambientales anuales que se calculan entre 5,0 y 1,5 billones de euros (de entre 1.7 a 5.7 billones de dólares). Esta cifra excede las brechas de financiamiento internacional para el clima y la biodiversidad. En un boletín de prensa de la Universidad de Leiden ponen en perspectiva el enorme tamaño del problema: los Países Bajos destinarán 27 mil millones de euros a defensa en el 2026. En 2025, la economía de los Países Bajos se valoró en más de 1.13 billones de euros (https://www.universiteitleiden.nl/en/news/2026/06/top-10-per-cent-of-consumers-cause-trillions-in-environmental-damage).
La cuantificación monetaria permite comparar distintos tipos de daños ambientales en una escala común y los vincula con los debates económicos y fiscales. Los autores aclaran que esto no implica tratar la naturaleza como una mercancía comercializable, y que las cifras monetarias sólo reflejan una parte del valor de los ecosistemas.
Inge Schrijver, la investigadora principal, y sus compañeros Rutger Hoekstra y Paul Behrens estudiaron a un 10 por ciento de las personas con más ingresos. Este conjunto de individuos se superpone en gran parte con los ciudadanos más acaudalados. En un país próspero como los Países Bajos, una proporción considerable de la población está en esta categoría: aquellos cuyos ingresos anuales superan los 45 mil euros forman parte del decil más rico a nivel mundial.
“Lo que está causando el daño es la conducta de ese diez por ciento, como los viajes en avión con frecuencia y los automóviles grandes”, dice Schrijver. “Por consiguiente, se presenta una oportunidad para que los encargados de las políticas hagan la diferencia”. El descubrimiento de que este grupo de consumidores produce una cantidad “desproporcionada” de daño ecológico, según los investigadores, demuestra nuevamente que no todos tienen la misma responsabilidad respecto a las soluciones.
Según Schrijver, un enfoque único para todos es menos eficaz. “Es menos justo también”, sostiene. En ese escenario, los que consumen menos acaban financiando el modo de vida de otros. “Por otro lado, se aprecia que las políticas equitativas tienen más respaldo”.
Y, tanto si alguien lo paga como si no, el daño es real, afirmó el coautor Behrens de la Universidad de Oxford en una entrevista. “Actualmente, los costes los asumen los ecosistemas y las comunidades que sufren sequía y contaminación”.
Los científicos exhortan a que, por lo tanto, los responsables asuman responsabilidades con más rigor.
En la investigación, el equipo analizó el impacto del consumo individual en varios límites planetarios seleccionados. Abarca cuatro de los nueve límites planetarios (cambio climático, pérdida de biodiversidad, contaminación por nutrientes y consumo del agua dulce). Se excluyen el cambio en los sistemas terrestres, la acidificación de los océanos, la carga de aerosoles atmosféricos, el agotamiento del ozono estratosférico y las nuevas entidades debido a la falta de datos adecuados.
De acuerdo con sus estimaciones, cerca de la mitad del daño infligido (entre un 47 y un 56 por ciento) es resultado de la extinción de especies, mientras que entre el 36 y el 45 por ciento corresponde al cambio climático. Según el equipo, las implicaciones del enriquecimiento de nitrógeno son entre un 6 y un 8 por ciento, mientras que las del enriquecimiento de fósforo y la contaminación del agua dulce son inferiores al 2 por ciento cada una. No se tomaron en cuenta otros límites planetarios, como la acidificación de los océanos o las variaciones en la utilización del suelo. Es probable que las cifras sean conservadoras. Solo abarcan cuatro de los nueve límites planetarios y reflejan únicamente el consumo directo. Para las personas con mayores ingresos, aproximadamente la mitad de las emisiones provienen de inversiones, no del consumo personal; impactos que no se incluyen en este análisis.
El equipo enfatiza que el 10 por ciento de la población mundial con mayores riquezas está distribuido de manera inequitativa. Aproximadamente el 2 por ciento vive en India, mientras que el 60 por ciento de su población vive en Estados Unidos y la Unión Europea, según lo reporta el estudio. Según el estudio, este 10 por ciento más rico de la población mundial produce costos ambientales anuales por individuo que oscilan entre los 2 mil 300 y los 7 mil 500 dólares estadunidenses (en valores de dólares del año 2017).
No obstante, los autores calculan grandes disparidades regionales para diferentes países: en Estados Unidos, el perjuicio anual per cápita causado por el 10 por ciento más rico varía entre 19 mil y 63 mil dólares, equivalente al 6-20 por ciento de sus ingresos o al 0.8-3 por ciento de su patrimonio. El promedio estimado es de aproximadamente 38 mil dólares.
En India, el perjuicio producido por el 10 por ciento más adinerado de la población llega a entre 410 y mil 400 dólares por persona al año. En Alemania, el daño medio al medio ambiente por cada persona del 10 por ciento más rico es de poco menos de 10 mil dólares al año.
Las estimaciones solo toman en cuenta los gastos de consumo, por ejemplo, no se consideraron las repercusiones de las inversiones financieras. Schrijver sostiene que “el daño es causado por la conducta de ese diez por ciento, como el empleo de vehículos grandes y los viajes frecuentes en avión”. También son ejemplos el uso de calefacción con petróleo y gas, así como el consumo de carne.
Estos costes ponen de relieve la responsabilidad de mitigación los daños ambientales del 10 por ciento más rico e ilustran los ingresos potenciales de los impuestos ambientales si se adopta el principio de “quien contamina paga” a los grupos de alto consumo. Los investigadores señalan que la tributación ambiental centrada en el consumo de lujo, en lugar de en los bienes básicos, tiende a ser más progresiva y eficaz para reducir las emisiones, aunque recalcan que la fijación de precios es solo una herramienta entre varias y no justifica ni compensa el daño en sí. Así, los investigadores se pronuncian a favor de una protección más amplia del medio ambiente a través de regulaciones y por pedir que los responsables del daño asuman más responsabilidades; una alternativa sería un impuesto ambiental o algún tipo de impuesto sobre el patrimonio.