14 agosto,2026 5:40 am

Salen desplazadas por la violencia familias de la sierra de Chilpancingo tras el retiro de militares (+Video)

Los soldados que hasta el miércoles mantenían un puesto de control en la localidad de Rincón de Alcaparroza desde hace un año, abandonaron a las cinco de la mañana el pueblo, sin avisar a los vecinos, y debido al temor la mayoría de esa comunidad y de Agua Hernández se fueron

 

Chilpancingo, Guerrero, 14 de agosto de 2026. Por temor a la violencia, la mayoría de las familias de las localidades de Rincón de Alcaparroza y Agua Hernández, ubicadas en la sierra del municipio de Chilpancingo, salieron desplazadas el miércoles y este jueves, debido a que los gobiernos federal y estatal ordenaron el retiro de los militares y policías estatales que se encontraban resguardando la zona.

Los militares y policías estatales que hasta el miércoles mantenían un puesto de control en la localidad de Rincón de Alcaparroza desde hace un año, abandonaron a las cinco de la mañana del miércoles el pueblo, sin avisar a los pobladores y debido al temor por la violencia que han sufrido, la mayoría de los pobladores abandonaron las dos localidades.

En Rincón de Alcaparroza, de las 70 familias, según los vecinos, ayer sólo había cinco, en tanto que en Agua Hernández de 50 sólo se quedaron 10.

En un recorrido que se realizó ayer en la primera localidad, se observó el pueblo desolado; afuera de las casas con sus puertas cerradas, las gallinas, cerdos y perros merodeaban en busca de comida.

La única calle, que es la que atraviesa la localidad, y en los caminos que llegan a las viviendas, se vieron desolados.

Un niño con una cubeta de nixtamal y un adulto con una bolsa negra con ropa caminan por la localidad de Rincón de Alcaparrosa, donde 45 familias salieron desplazadas por temor a la violencia luego de que militares y policías estatales que permanecían en la zona se retiraron la mañana del miércoles. Hicieron lo propio vecinos de la comunidad Agua Hernández. Foto: Jesús Eduardo Guerrero

En esta comunidad tres de los vecinos que se quedaron recibieron ayer a un grupo de reporteros, y demandaron a los gobiernos federal y estatal que regresen al personal de seguridad.

Frente a la Comisaría municipal, en la cancha techada se vieron abandonadas las trincheras levantadas con costalillas llenas de tierra, mismas que hasta el miércoles utilizaron los militares para resguardar al pueblo, al fondo se vio una caseta vacía que era utilizada para el resguardo del personal militar.

Más adelante, en la explanada de la casa de salud se vieron mesas y sillas vacías, merodeadas por tres perros en busca de alimentos. El sitio fue ocupado hasta el miércoles por los policías estatales que, igual, abandonaron la comunidad.

“Cuando llegaron los militares y los policías estatales, hace casi un año, nos dijeron que cuando se fueran nos iban a avisar, pero ayer (el miércoles) se fueron sin decirle a nadie, nomás vimos que ya no estaban”, denunció uno de los pobladores.

Informó que después de las 9 de la mañana del miércoles también comenzaron a abandonar el pueblo las primeras familias, por temor a que después de que quedó desprotegido el pueblo se reanuden los ataques.

Dijo que la gente quedó “traumatizada” por la violencia que sufrieron hace 11 meses cuando integrantes del grupo delictivo Los Tlacos irrumpieron, atacaron a balazos y arrojaron explosivos con drones a esa comunidad.

Argumentó que por eso no esperaron más, y cuando vieron que los militares y policías se fueron comenzaron a salir de la localidad llevándose sólo lo que pudieron.

“Lo que queremos es la seguridad permanente, porque ellos (los militares y policías estatales) nomás vienen y se van y nos dejan aquí con el miedo de que aquellos regresen a atacarnos”, reprochó.

La destrucción de la irrupción pasada

Otro de los pobladores, quien se dijo empleado del gobierno estatal jubilado, contó que con el dinero que recibió de su jubilación instaló una tiendita de abarrotes en la comunidad, pero que en la última irrupción del grupo delictivo se la destruyeron, le robaron su mercancía y las pocas ganancias que tenía, en tanto que los paquetes de refresco que ya no pudieron llevarse los rafaguearon frente a él, que lo tenían “maniatado”.

“Esas son las cosas que ya no queremos volver a sufrir, sobre todo los niños que ya quedaron traumatizados, imagínese en las noches, de pronto escuchar las ráfagas y las explosiones que nos lanzan desde los cerros”.

Los pocos vecinos que se quedaron mostraron la magnitud de la violencia ocurrida en meses anteriores; en el comedor comunitario se vieron vidrios rotos por los impactos de bala y en las paredes y las huellas de los explosivos arrojados con drones.

Los vecinos se cuidaron de no mencionar los nombres de los grupos que se disputan la zona, sin embargo, los medios de comunicación y en las redes sociales se ha hecho público que esas comunidades se las diputan los grupos delictivos Los Ardillos y los Tlacos.

Los primeros son los que tienen el control de los pueblos de Rincón de Alcaparroza y Agua Hernández, en tanto que los segundos quieren llegar a desplazarlos.

En rincón de Alcaparroza se encontraba el comisario municipal de Agua Hernández, quien también demandó a los gobiernos federal y estatal que regrese el personal de seguridad a Rincón de Alcaparroza porque les garantiza seguridad también a ellos.

Rincón de Alcaparroza está ubicado a casi hora y media de El Ocotito, y Agua Hernández a unos 20 minutos en vehículo del primer pueblo.

El comisario municipal de la segunda localidad dijo que de las 50 familias sólo habían quedado hasta el mediodía de ayer unas 10, y que el resto habían salido desplazadas al enterarse del retiro de los militares y policías estatales de Rincón de Alcaparroza.

Igual que las de Rincón de Alcaparroza, la mayoría de los desplazados se refugiaron en Coacoyulillo, ubicado a unos 40 minutos. Otros se fueron a El Ocotito y unos más a Chilpancingo.

Están sin el servicio médico desde hace cuatro años y la educación es deficiente

El comisario de Agua Hernández y los vecinos de Rincón de Alcaparroza informaron también, que por la violencia en esas comunidades no hay médicos ni enfermeras para atender a la población desde hace aproximadamente cuatro años, “y hasta por un piquete de alacrán tenemos que ir a Coacoyulillo o a Ocotito”.

En tanto que los maestros de las escuelas de preescolar, primaria y secundaria que funcionan en las dos comunidades, según los vecinos, sólo van dos o hasta tres días a la semana y luego se regresan porque no quieren quedarse a pernoctar ahí.

Uno de los vecinos informó que los maestros advirtieron que si no se garantiza la seguridad, para el próximo año escolar ya no van a subir y solicitarán su cambio a otra escuela.

Otra de sus demandas es el arreglo de su carretera que vienen gestionando desde hace más de un año, pues hay hoyos enormes que impiden el tránsito de vehículos pequeños, y el traslado de los pobladores tiene que ser solamente en camionetas.

Los vecinos denunciaron, además, el abandono en que los tiene el Ayuntamiento, aseguraron que el presidente municipal, Gustavo Alarcón Herrera desde que asumió la alcaldía no ha visitado esos pueblos, y que sólo “desde su cómodo sillón” demanda apoyo en materia de seguridad, cuando son atacados por los grupos delictivos.

Mientras los pocos habitantes que quedaron en esos pueblos narraban sus problemas, necesidades y denunciaban, un grupo de comisarios de la zona se reunió en la población de El Ocotito con el subsecretario de Desarrollo Político y Social, Francisco Rodríguez Cisneros, a quien emplazaron que si en 24 horas no regresa el personal de seguridad a esas comunidades, bloquearían la Autopista del Sol México-Acapulco.

Se informó que a esa reunión asistieron comisarios y habitantes de unas 20 comunidades de la sierra de Chilpancingo y del valle de El Ocotito.

Zacarías Cervantes/ Foto: Jesús Eduardo Guerrero