15 agosto,2026 5:48 am

Nuevo reglamento sobre envases en Europa

Octavio Klimek Alcaraz

 

El miércoles 12 de agosto entró en vigor en los países integrantes de la Unión Europea (UE) el “Reglamento (UE) 2025/40 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 19 de diciembre de 2024, sobre los envases y residuos de envases, por el que se modifican el Reglamento (UE) 2019/1020 y la Directiva (UE) 2019/904 y se deroga la Directiva 94/62/CE” (https://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/TXT/?uri=CELEX%3A32025R0040&qid=1786725362961).

La derogación de la Directiva 94/62/CE al ser sustituida por un reglamento significa que las normas se armonizan de forma idéntica en los 27 países de la UE sin necesidad de transposiciones individuales, las cuales en ocasiones complican la interpretación del derecho europeo.

El embalaje es útil, pero produce residuos que frecuentemente terminan en el entorno. Incluso se cree que ciertos materiales son dañinos para la salud. La nueva regulación tiene como objetivo disminuir la gran cantidad de estos desechos.

La UE acelera sus medidas contra los empaques desechables. El exitoso modelo de depósito alemán para envases de bebidas se extenderá pronto. Los envases deberán optimizar su tamaño al máximo. Esta norma retirará los plásticos superfluos de nuestra rutina. Muchos de estos cambios serán visibles pronto, abriendo camino hacia la meta final de 2030.

De acuerdo con Eurostat, la oficina estadística de la Unión Europea, en 2023, se generaron 79.7 millones de toneladas de desechos de empaque en la UE. Esto correspondió a 177.8 kilogramos por habitante, una reducción de 8.7 kilogramos per cápita en comparación con 2022 (Packaging waste statistics – Statistics Explained – Eurostat). La nueva normativa busca reducir gradualmente los residuos en la UE en al menos un 15 por ciento para 2040, en comparación con 2018. El objetivo es una reducción del 5 por ciento para 2030, seguida de una reducción del 10 por ciento para 2035.

De acuerdo con la nueva normativa, todos los empaques que se comercializan deberán ser reciclables de manera gradual y por fases. Esto es válido si el empaque está concebido para reciclar materiales y puede ser recogido, clasificado y reciclado de manera masiva. Algunos empaques de venta, como los que están hechos con textiles, madera ligera, corcho, cerámica, caucho, porcelana o cera, tienen excepciones, ya que se introducen en el mercado en volúmenes muy pequeños.

Se implementan además regulaciones nuevas de inmediato, sobre todo en lo que respecta a los empaques de alimentos, como son los de papel y cartón. Estos recipientes frecuentemente contienen PFAS (sustancias polifluoroalquiladas y perfluoroalquiladas), que les otorgan características de repelencia al agua y a las grasas. Esto previene, por ejemplo, que la bolsa de un kebab o la caja de una hamburguesa se mojen. El problema es que estas sustancias no se descomponen o lo hacen muy poco en el organismo o en el medio ambiente, y por eso también se las llama “sustancias químicas persistentes”. Se han encontrado señales de que algunos PFAS son dañinos para la salud.

Así, desde ahora, hay límites para las sustancias PFAS en toda la UE: los productores e importadores no están autorizados a vender empaques de alimentos que excedan estos límites.

Otra medida inmediata es sobre la trazabilidad: Los envases tienen que llevar el nombre, la dirección postal y el contacto digital (por ejemplo, un código QR) del fabricante o importador, así como la marca registrada.

Los establecimientos de comida y bebida de la UE, como las cafeterías y los restaurantes, tendrán que brindar comida para llevar en envases que se puedan reutilizar, por ejemplo, recipientes o vasos para café reutilizables. Esto será obligatorio desde febrero del año 2028. Además, se establecerá que esta alternativa reutilizable no debe superar el precio de los envases de un solo uso. Se prevén excepciones para las empresas de menor tamaño. Los restaurantes tendrán la obligación de aceptar los recipientes traídos por los clientes a partir de febrero de 2027.

Para 2028, el etiquetado estará armonizado en toda la Unión Europea mediante la implementación obligatoria de etiquetas de colores que facilitarán la clasificación de residuos por parte del consumidor. Gracias a este sistema estandarizado que señala la composición del material, los ciudadanos podrán separar adecuadamente cada envase. Asimismo, identificar cuáles son de un solo uso y cuáles son reutilizables será todavía más sencillo a partir de febrero de 2029, cuando estos últimos tengan que estar claramente rotulados y ser visualmente distintos. Esta norma se aplicará tanto en tiendas físicas como virtuales. Por otra parte, antes de ese mismo año, los países miembros que aún no dispongan de ellos deberán instaurar sistemas de depósito y reembolso para latas y botellas plásticas de un solo uso, quedando exentos productos como el vino.

Para 2030, la Unión Europea aplicará normativas estrictas sobre el diseño y la sostenibilidad de los envases. En primer lugar, todo producto introducido en el mercado deberá cumplir con criterios de “Diseño para el Reciclaje” clasificados por grados de rendimiento, además de incluir porcentajes mínimos de plástico reciclado posconsumo.

En segundo lugar, se prohibirán de forma absoluta determinados plásticos de un solo uso. Esta medida afectará a las bolsas de plástico muy ligeras —salvo por razones sanitarias o para alimentos a granel de cara a evitar el desperdicio— y a los envoltorios de plástico desechable para frutas y verduras frescas sin procesar de menos de 1.5 kg. Asimismo, en el sector de la hostelería se restringirán las minibotellas de aseo o salsas. A este respecto, diversas organizaciones ambientales han aplaudido también la supresión definitiva de los formatos monodosis, como los sobres individuales de azúcar, sal o salsas, lo que obligará a una transición hacia dispensadores rellenables.

Finalmente, entrarán en vigor regulaciones para optimizar el tamaño del embalaje, obligando a productores e importadores a reducirlo al mínimo posible. Bajo esta premisa, quedarán prohibidos los empaques que simulen un mayor volumen mediante paredes dobles, fondos falsos o capas innecesarias. Asimismo, el embalaje exterior y el de transporte (como las cajas para comercio electrónico) podrán contener como máximo un 50 por ciento de espacio vacío, contabilizando dentro de este límite los materiales de relleno como el papel, el plástico de burbujas o las virutas de poliestireno.

Organizaciones ecologistas como Greenpeace España han señalado que la nueva norma se queda corta ante el volumen real de residuos generados por el sistema actual. Asimismo, critican que el texto ceda ante las presiones del sector del envasado y perpetúe modelos de “usar y tirar” basados en lo que consideran un falso reciclaje. Por ello, reclaman objetivos más estrictos y rápidos que obliguen al mercado a adoptar una reutilización real, en lugar de confiar únicamente en el reciclaje (https://es.greenpeace.org/es/sala-de-prensa/comunicados/el-nuevo-reglamento-europeo-de-envases-que-entra-en-vigor-la-proxima-semana-se-queda-corto/).

A pesar de estas críticas, el desarrollo de esta normativa representa un progreso significativo, especialmente al compararlo con el marco regulatorio de otros países como México.