
“Cuando una mujer abandona su país de origen y debe cruzar un territorio ajeno que muchas veces le resulta hostil y violento, se despoja de casi todo” menos de su corporalidad, dice la colombiana residente en México
El Sur / Ciudad de México, 15 de agosto de 2026. “Una mujer trans que había sido devuelta y comenzó el camino de nuevo me dijo una frase que me dejó marcada para siempre: ‘Yo prefiero repetir el Tapón del Darién, que repetir México’”. La revelación la comparte con El Sur la artista visual y transdisciplinaria Alexa Forero, colombiana que radica en esta ciudad desde hace más de una década. Sus palabras hablan de la realidad brutal de miles de mujeres, niñas y personas de la diversidad sexual que cruzan Centroamérica y el territorio mexicano en busca de oportunidades.
El Tapón del Darién, la densa selva entre Colombia y Panamá, es catalogada mundialmente como un infierno en la Tierra. Luego, cuando han logrado cruzar aquella frontera y atravesar Centroamérica, las personas migrantes chocan contra un muro invisible pero letal: el territorio mexicano y sus instituciones.
De ahí parte La cuerpa que migra, un proyecto integral presentado este jueves en la sede del Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación (Copred) de Ciudad de México. La iniciativa combina una investigación técnico-médica elaborada por la organización internacional Médicos del Mundo (MM) con una instalación artística interactiva ideada por Alexa Forero.
Titulado Barreras y facilitadores para el acceso a la salud y el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos de mujeres, niñas y población LGBTIQ+ migrante en México, Guatemala, Honduras y El Salvador, el informe de MM –que da asistencia humanitaria en más de 70 países– revela cómo el acceso a la salud en la región no es un derecho garantizado, sino una auténtica travesía de burocracia, discriminación y violencia institucional.
Después de leer este documento, dice Forero, “te das cuenta de que es algo sistemático, que es un tema que alcanza a todas las mujeres que llegan a México y Centroamérica”.
La migración con rostro de mujer o de diversidad sexual, añade, no es por capricho ni por aventura: se hace por estricta supervivencia. “Al dejar el hogar, la única pertenencia inalienable que le queda a una persona en movilidad es su propia cuerpa. Ese territorio primario, sin embargo, es violentado de manera metódica a lo largo de miles de kilómetros de tránsito irregular”, enfatiza la artista.
Urgencias médicas silenciadas
Tania Marín, coordinadora médica de MM en México, explica a El Sur la estructura del reporte, que analizó la atención en salud sexual y reproductiva en ocho ciudades clave de México, Honduras, Guatemala y El Salvador entre 2021 y 2024. De todos los hallazgos, hay uno que enciende las alarmas: la omnipresencia de la violencia basada en género (VBG) y, en particular, de la violencia sexual.
Las cifras recopiladas por Médicos del Mundo indican que en Tapachula, Chiapas –el epicentro receptor de flujos migratorios más denso de la frontera sur mexicana–, más de 80 por ciento de las atenciones por violencia de género brindadas por la organización entre 2021 y 2024 correspondió a mujeres; 18 por ciento a hombres, y cerca de 1 por ciento a personas no binarias.
“La media de violencia sexual respecto al total de casos de violencia de género rebasa el 50 por ciento de forma constante. Sin embargo, en el último año observamos una tendencia preocupante: 66 por ciento de los casos de violencia de género que atendimos en Tapachula fueron agresiones sexuales”, revela Marín. Este porcentaje supera las tasas reportadas para la población sin seguridad social en México, que ronda el 49 por ciento.
El gran drama, explica la especialista, es que la violencia sexual en el contexto migratorio suele abordarse erróneamente casi exclusivamente como un asunto penal, dejando de lado la atención sanitaria inmediata que puede salvar vidas.
“Existe la falsa percepción de que tras una agresión sexual lo primero (que debe hacerse) es ir a denunciar ante un ministerio público porque es un delito –resalta Marín–. Se olvida lo primordial: la atención integral a la salud física y mental. Las primeras 72 horas posteriores a una agresión sexual representan la ventana crítica de emergencia”.
En esa ventana de 72 horas, la medicina humanitaria tiene la capacidad técnica de prevenir la transmisión del VIH mediante profilaxis post-exposición (PEP), administrar anticoncepción de emergencia para evitar embarazos no deseados producto de una violación y prevenir infecciones de transmisión sexual (ITS). Al vencerse ese plazo, muchas de las puertas médicas se cierran para siempre y dejan secuelas permanentes.
A la prisa natural de las personas migrantes por avanzar y no quedarse varadas se suma otro obstáculo: la falta de reconocimiento del abuso que han sufrido. “La agresión sexual abarca un espectro mucho más amplio que el acto penetrativo: desde ser obligadas a presenciar actos violentos hasta tocamientos o coacciones”, menciona Marín.
A pesar de que México tiene, formalmente, el marco normativo más avanzado de la región –el cual garantiza atención médica gratuita a migrantes sin importar su estatus e interrupción voluntaria del embarazo por violación sin obligatoriedad de denuncia legal–, la realidad desmiente al papel. Barreras administrativas, como la exigencia de la CURP para ingresar a los expedientes clínicos del sistema público, se convierten, explica Marín, “en un muro insuperable que bloquea el acceso al derecho a la salud y genera una invisibilización estadística que deja a estas poblaciones sin presupuesto asignado”.
El arte contra los fríos datos
Ante un informe cargado de diagnósticos técnicos, Médicos del Mundo Francia apostó por una alianza poco común entre la ciencia humanitaria y la creación artística. Así nació La cuerpa que migra, una propuesta visual desarrollada por Alexa Forero, quien durante más de ocho meses transformó la investigación cargada de datos en un lenguaje sensible, interactivo y profundamente humano.
“Para nosotros –reflexiona la artista– el reto era: ¿Cómo le llevas esta conversación a un padre de familia, a un estudiante, a la gente común en la mesa del comedor? ¿Cómo recordamos que detrás de cada porcentaje hay un rostro, un nombre y una historia de vida?”.
Para lograr una conexión empática, Forero no se limitó a leer los diagnósticos del informe; viajó a Tapachula, en la frontera sur, y encabezó talleres artísticos con un amplio grupo de personas migrantes. En esos encuentros participaron desde adolescentes hasta una mujer de 63 años, además de mujeres trans y personas no binarias, entre otras LGBTIQ+. El material testimonial se fusionó con los números duros del informe para dar vida a un ejercicio de database art.
La obra se compone de dos universos complementarios. Por un lado, una plataforma digital interactiva (www.lacuerpaquemigra.com), donde se puede navegar libremente entre datos, animaciones, piezas visuales y testimonios en audio. Por el otro, una serie de carteles e instalaciones físicas interactivo-sensoriales que abordan de forma metafórica los ejes temáticos del informe: gestión del ciclo menstrual en la intemperie, atención al embarazo en tránsito, anticoncepción y acceso a la interrupción legal del embarazo.
La conceptualización estética parte de una premisa: entablar una analogía entre la tierra y el cuerpo femenino o feminizado. “Cuando una mujer abandona su país de origen y debe cruzar un territorio ajeno que muchas veces le resulta hostil y violento, se despoja de casi todo. Lo único que le queda como su primer y verdadero territorio de soberanía y agencia es su propia cuerpa”, comenta la creadora colombiana.
La propuesta artística –que desde fines de 2025 recorrió Centroamérica e incluso participó en la Semana del Arte en Bogotá– cerró su ciclo de presentación física junto al informe final de MM en Ciudad de México. Es una muestra, resalta Forerro, de que las artes no son un mero adorno estético, “son un canal urgente de incidencia política y sensibilización social capaz de humanizar lo que la burocracia insiste en convertir sólo en expedientes”.
Geografías de la exclusión
La suerte médica de una mujer o de una persona de la diversidad sexual en movilidad depende del punto geográfico al que llegue. La investigación de Médicos del Mundo exhibe que en El Salvador se mantiene un vacío normativo sobre la población migrante y una criminalización total del aborto hasta en casos de emergencia. En Honduras se consiguió en 2023 eliminar la prohibición de la píldora anticonceptiva de emergencia (PAE), aunque la penalización del aborto continúa vigente. Guatemala garantiza constitucionalmente la salud a migrantes e incorpora la medicina ancestral/obstétrica, pero margina por completo a la diversidad LGBTIQ+ y arrastra un desfinanciamiento crónico.
México, a pesar de contar con el marco jurídico más avanzado y protector, falla repetidamente en la operatividad cotidiana. Ese contraste entre la ley escrita y la realidad fue un punto relevante del conversatorio realizado en el Copred.
Ivana Piñero, migrante venezolana y solicitante de refugio en México, conmovió a las asistencias al narrar su testimonio: “Al migrar entendí que no sólo se mueve una vida, se mueve el mundo entero, incluyendo el acceso a algo tan básico como la salud”.
Piñero describió cómo, tras enfrentar una posible infección de transmisión sexual, chocó de frente contra la desinformación y el estigma social: “Como mujer migrante, realizarte estudios de salud sexual o reproductiva viene acompañado de mucho prejuicio. Sientes la necesidad de justificar por qué quieres acceder a esos servicios, como si cuidar de tu propio cuerpo fuera algo malo”.
Kathia Carolina Vázquez, directora de Políticas de Anticoncepción y Salud Sexual del Centro Nacional de Equidad de Género y Salud Sexual y Reproductiva (CNEGSR), reconoció la validez de las críticas y la urgencia de actuar: “Venimos aquí a escuchar. Vamos adquiriendo deudas no sólo con las personas de nuestro país, sino con quienes transitan y llegan a él”.
Vázquez abordó directamente la traba burocrática del sistema informático nacional, la cual bloquea la atención si no se cuenta con datos como la CURP: “Hay un candado donde solamente 15 por ciento de la atención se captura sin datos completos. Hay un techo invisible de cristal que estamos poniendo desde la administración porque la realidad en el territorio es otra. Necesitamos convertir esta información viva que nos comparten las organizaciones en estrategias institucionalizadas”.
Gretchen Kuhner, directora del Instituto para las Mujeres en la Migración (Imumi), destacó el valor metodológico del informe de MM al comparar directamente las legislaciones de los cuatro países: “El documento nos permite explicarles a las mujeres que llegan de Guatemala, Honduras o El Salvador cómo funciona el sistema mexicano en comparación con los de sus países de origen. Pero sobre todo, recuerda algo fundamental: no deberíamos necesitar protocolos hiperespecializados: estamos hablando de garantizar el derecho a la salud para seres humanos, punto”.
Tania Marín agrega durante la entrevista que atender la salud sexual y reproductiva de las personas migrantes “no es una concesión asistencialista ni una muestra de caridad: es un deber ético y una deuda de derechos humanos con aquellas cuerpas que, a pesar de la violencia y la desatención, siguen caminando en busca de un futuro digno”.
Guillermo Rivera


