
Federico Vite
La noche del 26 de agosto de 1950, a la edad de 41 años, el narrador, traductor y poeta italiano Cesare Pavese se quitó la vida ingiriendo somníferos en la habitación 346 del hotel Roma, en Turín, a unos días de haber recibido el prestigioso Premio Strega por el tomo de El bello verano.
Por cierto, el argentino Ricardo Piglia escribió un cuento memorable, titulado Un pez en el hielo, en el que el suicidio de Pavese adquiere una experiencia estética. Pero más allá del suicidio y de todo aquello que le ocurrió la final de su vida, Pavese se fue de este mundo cuando estaba sobre la mesa de novedades en Italia –y con gran aceptación del público, además, de los críticos especializados– La belle estate.
Originalmente se publicó en 1949 e incluía tres novelas breves: La belle estate (1940), Il diavolo sulla colline (1948) y Tra donne sole (1949). De esos tres proyectos, me gustaría traer a cuento la última: Entre mujeres solas; aunque no debo dejar de soslayar que estos tres libros poseen una alta calidad, solvencia y eficacia literarias. E incluso, la unidad temática se encuentra en los puntos de intersección con la ciudad maestra de Pavese: Turín.
Yo he cambiado de gustos con la edad; al inicio, muchos años atrás, me encantaba la libertad que irradia Il diavolo sulla colline; después aposté todo por la intensidad amorosa en voz baja que matiza todo el cuerpo de La belle estate. En esta etapa sé que Pavese se curó de sí mismo escribiendo Tra donne sole. Detalló algunas cosas que traía en mente y las puso en práctica. El año en el que corrige y publica esta nouvelle, el autor ya manifiesta un evidente hartazgo laboral y, por supuesto, un fúnebre cansancio emotivo en su diario, titulado Il mestiere di vivere (en español se conoce como El oficio de vivir). Aún no viene la parte más difícil del romance con la actriz estadunidense Constance Dowling. Eso se consuma entre marzo y abril de 1950. Ella decide irse de Italia y cortar la relación con Pavese. El turinés toma la decisión de abandonar este mundo.
¿Qué encierra Tra donne sole? Es una novela de aprendizaje en la que una sombrerera, Clelia, logra salir, gracias a mucho esfuerzo laboral, del mundo obrero y se inserta de manera paulatina en las altas esferas sociales de Roma. Tiene muchas expectativas de lo que hay en los altos círculos sociales, en esa vida que parece ideal para cualquier obrero de provincia; pero la magia del relato transforma ese anhelo en una historia oscura.
Clelia se hace gerente de una tienda de sombreros en Turín, la ciudad que abandonó para salir de la miseria en la que vivía. La mandan de Roma con la encomienda es hacer un buen trabajo y potenciar el negocio. Vuelve entonces a un sitio conocido, algo que ilusiona, al principio, pero pesa como una condena al final, pues el impacto emotivo es muy fuerte para la protagonista.
Durante la primera noche en Turín pernocta en un hotel. Sale de su habitación para buscar a una camarera y encuentra que frente a la puerta de un cuarto hay muchas personas reunidas. Sacan en camilla a una chica, pues ha intentado suicidarse. Eso marca el rumbo de la historia. Tiempo después, Clelia irá insertándose en el círculo social de Rosetta, quien no logra encontrar el soporte emocional para mantenerse con vida y el suicidio se ofrece como una salida a todos los problemas. Hay un inevitable punto de comparación entre Rosetta y lo que pasa con el autor, pues meses después de la publicación de esta nouvelle se consuma el suicidio de Cesare, quien también rentó una habitación de hotel con el único objetivo de suicidarse. La protagonista toma veneno; Pavese, pastillas.
Lo que Clelia observa es una especie de distorsión de la realidad, pues para el círculo social en el que trabaja la doble moral es una moneda de cambio. Fingen emociones, afectos, amistades y, sobre todo, respeto. “Cuando era niña envidiaba a las mujeres como Monina (líder de aquellas chicas de la alta burguesía) y otras tantas, las envidiaba aunque no supiera cómo eran. Las imaginaba libres, admirables, dueñas del mundo. Ahora que lo pienso, yo no habría cambiado mi sitio por ninguna de ellas”.
Pero lo que más me atrae del libro es que el pasado juega un papel importante en la construcción de la identidad y la manera en la que Pavese contrapone los ideales infantiles con los intrincados pasajes de la vida adulta, pues mientras Celia recorre Turín percibe algunos temores que sólo pueden tener relevancia y atractivo literario en la yuxtaposición de un hecho, como el siguiente: “Conocía las casas, conocía los negocios. Fingía detenerme frente a los escaparates y mirar, me parecía imposible haber sido una niña en aquellas esquinas y, al mismo tiempo, sentía miedo de no ser yo quien estaba ahí”. Porque la verdadera razón del retorno a Turín es la siguiente: “Me había dicho tantas veces en aquellos años que la cumbre de mi vida era renacer, convertirme en alguien para volver un día a aquellas esquinas donde fui niña y disfrutar el calor, el asombro, la admiración de aquellos rostros familiares, de aquella gente sencilla. Y me rehice, he vuelto, y los rostros de la gente sencilla han desaparecido por completo”. Es entonces cuando la historia se transforma en una sinfín de calamidades que muestran el alma metálica del progreso y nos recuerdan que el ascenso en la escala social no es fácil para ninguno.
No deja de sorprenderme que en pocas páginas, Pavese condense el temor de alguien que logra salir de la pobreza y descubre, no sin azoro, que no a todos les sienta bien el dinero, ni la tranquilidad; hay personas que no soportan las cadenas de ser ellos mismos. Al final, Clelia toma una decisión importante que, sin duda, avalará el lector. Hay en este personaje todo eso que uno desea leer, atrevimiento, fortaleza, sagacidad y, por supuesto, emociones diversas, porque lidia con la burguesía de postguerra, entabla conversaciones hirientes, se deleita con los chismes y padece la ejemplar pedantería de los intelectuales snobs; en especial, lidia con mujeres guapas de corazón frío, chicas desesperadas y frívolas que encuentran en el cinismo la única forma de convivencia. Esta novela breve no tiene ni una sola arruga, se lee tan joven como cualquier libro en la mesa de novedades de este año. A mi juicio, este es el mejor Pavese, quien hace 76 años decidió irse de este planeta que aún le recuerda, valora y relee.
* Para la escritura de este artículo utilicé el ejemplar Tra donne sole (Italia, Einaudi, 2020, 238 páginas). La traducción de las frases entre comillas es mía.
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