25 agosto,2026 9:12 am

Feminismo ante la emergencia: la lucha de Tlali contra los desastres ambientales en Guerrero

La ONG recibió de Feminist Opportunities Now 300 mil pesos para desplegar brigadas médicas y alimentos a comunidades afromexicanas y trabajadoras afectadas en la Costa Chica y Acapulco por fenómenos meteorológicos intensos

Ciudad de México, 25 de agosto de 2026. El 24 de septiembre de 2024, casi un año después de la llegada del súper huracán Otis a Acapulco, el ciclón tropical John alcanzó la Costa Chica de Guerrero. Aunque fue menos devastador, sus lluvias torrenciales causaron deslizamientos de tierra y otras graves afectaciones. La asociación civil Tlali Bienestar y Conservación logró reconstruir su sede destruida en San Marcos y desplegar brigadas de ayuda humanitaria para comunidades afromexicanas gracias a un financiamiento de 300 mil pesos otorgado por la iniciativa internacional Feminist Opportunities Now (FON).

De acuerdo con la directora de Tlali, Paola Marlene López Franco, este logro representa el punto más reciente de una organización que nació en 2013, cuando un grupo de jóvenes egresadas de la UNAM decidió encarar el desempleo en las ciencias sociales e incidir en un territorio golpeado por la violencia de género, el abandono institucional y la escasez crónica de servicios médicos.

Lo que en sus orígenes surgió como un acompañamiento enfocado en la biología marina y la investigación de algas en lagunas costeras, derivó en un trabajo social tras constatar las condiciones de marginación en la región. En esa franja costera, donde la migración predominantemente masculina hacia Estados Unidos deja poblados habitados en su mayoría por niñas, niños, adolescentes y mujeres de la tercera edad, la agrupación fue transformando su intervención conforme a las necesidades del territorio, relata López Franco: pasaron de proyectar cineclubes y dar talleres infantiles a capacitar a mujeres en liderazgo político para prevenir la violencia, hasta convertirse, por urgencia de las propias comunidades, en una red de respuesta inmediata frente a las emergencias de salud y los desastres del cambio climático.

Las demandas de las mujeres reconfiguraron las prioridades de la organización hacia la supervivencia cotidiana. “Tú llegas pensando en la cuestión identitaria o en el empoderamiento político, pero cuando hablas con la gente en el territorio, las mujeres te dicen claro: ‘a mí háblame de las medicinas, háblame del trabajo y de proyectos productivos’”, cuenta a El Sur López Franco, de 33 años.

En un contexto regional marcado por la falta crónica de infraestructura pública, dice, la ausencia de médicos y la escasez de insumos básicos en los centros de salud obliga a las familias a enfrentar situaciones extremas.

“Siempre que hablábamos de qué hacer para mejorar la comunidad –continúa– salía el tema de la salud. Aquí te pica un alacrán y te mueres de algo tan tonto porque llegas a la clínica y no tienen el antídoto o sólo te dan la receta”. Ante esa realidad, Tlali comenzó a trasladar especialistas, en brigadas médicas comunitarias, a zonas rurales de difícil acceso.

Respuesta comunitaria al cambio climático

A la histórica marginación de la Costa Chica se ha sumado, en los últimos años, el impacto sistemático de fenómenos meteorológicos intensos, menciona López Franco. La recurrencia de desastres naturales como los causados por los huracanes Otis, John y Erick ha dejado al descubierto la fragilidad de la infraestructura habitacional y la acelerada erosión costera. “Playas icónicas como Boca del Río o Revolcadero registran un desplazamiento del mar que ha destruido viviendas, templos y comercios locales, dejando a cientos de familias sin patrimonio ni fuentes de ingreso sustentadas en el turismo informal”.

En este escenario de crisis ambiental, expone la socióloga, las mujeres asumen la carga principal del cuidado de infancias, adolescentes, personas adultas mayores y enfermas, al tiempo que buscan conseguir alimentos y agua potable tras el colapso de los servicios básicos.

En septiembre de 2024 el paso de John provocó inundaciones masivas durante casi una semana continua en la Costa Chica. “El fenómeno destruyó por completo la oficina operativa que Tlali mantenía en el municipio de San Marcos, Guerrero. Nos dejó sin espacio físico de trabajo”, recuerda López Franco.

Para hacer frente a la contingencia, Tlali postuló a la “ventanilla de emergencia” de Feminist Opportunities Now (FON), un programa financiado por la Agencia Francesa del Desarrollo (AFD) e impulsado en la región por Médicos del Mundo Francia. A través de esta modalidad, la organización mexicana obtuvo un recurso flexible de 300 mil pesos que permitió una doble intervención: la reconstrucción de su sede y la ejecución de brigadas de ayuda humanitaria directa en los municipios de San Marcos y Florencio Villarreal.

Los fondos se destinaron a la compra de medicamentos, la realización de estudios clínicos, la entrega de alimentos e insumos de primera necesidad, junto con la distribución de ropa y calzado acopiados en Ciudad de México. La ayuda se extendió a las mujeres lavanderas del barrio La Fábrica, en Acapulco, un grupo altamente afectado por el impacto económico del cambio climático.

“Con la emergencia nos dimos cuenta de hasta dónde han llegado los liderazgos que hemos formado. Las mujeres que tomaron nuestros talleres años atrás fueron las que nos ayudaron a organizar a las familias y a ubicar los puntos de entrega”, destaca la especialista.

Por otra parte, dice que la operabilidad de las ONG como Tlali en zonas rurales enfrenta severas trabas administrativas derivadas de la fiscalización estatal. “El tema fiscal nos complica muchísimo el trabajo porque operamos en zonas donde nadie te factura. El gobierno nos trata como si fuéramos delincuentes y nos cuenta peso por peso, lo que encarece mucho nuestra labor”.

Tlali ha reorientado su agenda hacia la elaboración de planes comunitarios de gestión del riesgo y la protección de medios de vida para prevenir el impacto de futuras catástrofes: “Nosotras buscamos preparar a las personas para que tengan más conciencia de lo que implica estar en un desastre y que el impacto sea menos fuerte. No nos gusta el asistencialismo de regalar cosas sin un sentido de desarrollo comunitario, sino estar al pendiente para apoyar a las mujeres en los peores momentos”, concluye la entrevistada.

Esquema flexible y descolonizador

El acompañamiento otorgado a Tlali en Guerrero forma parte de una estrategia diseñada por Feminist Opportunities Now, un programa internacional que concluye cuatro años de operaciones en México y que propone un modelo de cooperación “descolonizador y volcado a la sostenibilidad de las organizaciones de base”, de acuerdo con Chiara Santoro, de 37 años, encargada de FON para América Latina y coordinadora del programa desde Ciudad de México.

Financiada por la AFD mediante el Fondo de Apoyo a las Organizaciones Feministas (FSOF), la iniciativa destinó recursos y soporte técnico a 23 agrupaciones mexicanas situadas en regiones azotadas por la violencia y la marginación.

El proyecto, iniciado en 2022 con cobertura en 10 países de América Latina, África y Asia, representó una apuesta innovadora para Médicos del Mundo, organización orientada a la atención médica de urgencia. “Para nosotros este proyecto es un honor porque se aleja del esquema humanitario clásico. Buscamos financiar de manera flexible a organizaciones nacientes o pequeñas que habitualmente no logran acceder a los fondos de los grandes donantes internacionales”, explica a El Sur Chiara Santoro.

La estructura operativa de FON, detalla, tiene tres pilares fundamentales: la asignación de recursos económicos bajo principios feministas, el acompañamiento técnico continuo y la articulación de redes de protección e incidencia política. A diferencia de las subvenciones tradicionales, agrega, FON flexibilizó los requisitos de elegibilidad para permitir la participación directa de colectivas que carecen de figura jurídica legalmente constituida.

Asimismo, creó esquemas con el respaldo fiscal de organizaciones ya consolidadas que actúan como puente para que el dinero llegue a colectivas no registradas ante la Secretaría de Hacienda.

El plan de acompañamiento, trazado a partir de un autodiagnóstico elaborado por las propias agrupaciones, se mantuvo activo a lo largo de los cuatro años de duración del programa, con independencia del tiempo específico de cada subvención económica. Esta dinámica abarcó formación en gestión financiera, planeación estratégica, seguridad, comunicación interna y desarrollo de presupuestos mínimos para garantizar la supervivencia institucional.

“El dinero sin acompañamiento realmente puede ser un problema si no se instala en una estructura sólida; hemos visto organizaciones destrozadas por dinero tirado por donantes sin un soporte técnico posterior”, remarca Santoro.

La urgencia de sostener el financiamiento

La cobertura geográfica de los 23 proyectos respaldados en México por FON llegó a entidades con dinámicas de violencia social y territorial, como Guerrero, Chihuahua, Baja California, Puebla, Estado de México, Ciudad de México, Morelos, Guanajuato, Veracruz, San Luis Potosí y Chiapas.

Las subvenciones se centraron en el combate a las violencias de género: el trabajo de Tlali en Guerrero, el activismo artístico y la resignificación del dolor frente a las desapariciones en Ciudad Juárez mediante la colectiva Colectivarte, o los peritajes de antropología forense con perspectiva de género que ejecuta el Equipo Mexicano de Antropología Forense (EMAF).

El programa también impulsó a colectivas dedicadas a la autonomía económica y la defensa del territorio, como Mujeres de la Tierra y Mujeres de la Periferia en Milpa Alta, Cdmx, dedicadas al cultivo del maíz tradicional como herramienta de sanación para sobrevivientes de violencia; a redes comunitarias como la Red de Organizaciones para la Defensa de los Derechos Humanos de las Mujeres Indígenas y la Equidad de Género (Rodmi) en la Sierra de Puebla, y grupos enfocados en la defensa de los derechos sexuales, reproductivos y agrarios de las mujeres rurales e indígenas.

El tercer pilar del proyecto apostó por el tejido de alianzas interregionales para romper el aislamiento que suelen enfrentar las defensoras en sus territorios. “Las organizaciones hacen un trabajo que muchas veces ni deberían hacer ellas, sino el Estado –enfatiza Santoro. “Ellas ponen la cuerpa en primera línea para enfrentar situaciones gravísimas, donde ser lideresa o luchar por los derechos humanos implica un riesgo real de vida”.

Miediante intercambios metodológicos y encuentros presenciales, FON vinculó a 43 colectivas de México y Colombia para construir redes de apoyo permanente que trasciendan la vigencia de la ayuda internacional.

Frente al cierre del programa previsto para septiembre de este año, la representación del consorcio internacional hace un llamado a los organismos multilaterales y a la cooperación global para no abandonar el financiamiento flexible a las organizaciones de base en un contexto de creciente incertidumbre presupuestal.

Guillermo Rivera / El Sur