
Silvestre Pacheco León
En memoria de Alex Serna, el joven y valiente defensor del medio ambiente en la Costa Grande.
Alguien debería preguntar al senador Félix Salgado Macedonio a cuenta de qué contraviene los acuerdos y disposiciones de su partido irrumpiendo en un proceso electoral que para él está prohibido, pues las consecuencias que puede tener su determinación de realizar por su cuenta una gira por el territorio guerrerense pueden afectar la pretendida unidad que se quiere fortalecer al interior de Morena, convirtiendo su actuación en una versión provinciana y no por eso menos dañina de lo que significó el inicio del porfiriato en el país cuando el entonces joven dictador oaxaqueño inició su larga dictadura apoyado por testaferros y miembros fieles de su entorno que le hicieron creer que era el destinado a gobernar el país con los métodos siempre eficaces de la represión a manos de sus sanguinarios colaboradores.
Aunque hasta la fecha ninguno de los aspirantes a la coordinación estatal de los comités por el cambio se ha quejado del daño que puede provocar la intromisión del senador con licencia en el proceso de selección, y hasta se ha dado el caso insólito de que uno de ellos, Marcial Rodríguez Saldaña le ha pedido a Félix su apoyo en la contienda, el hecho es que su actuación tiende a distorsionar un proceso electoral que se requiere terso y transparente.
El senador debería explicar a la militancia la razón que le mueve a indisciplinarse pasando por alto la determinación de su partido que le prohíbe inmiscuirse en el terreno que le está vedado tanto por las normas internas como por su propio historial político.
Acaso el senador piensa que más allá de sus partidarios los miembros de Morena miran bien que ahora se muestre interesado y comprometido con la defensa de la soberanía cuando sobran ejemplos de su distancia con las causas populares que tantos grupos han enarbolado en Guerrero durante el tiempo en que él, con fuero, desempeñaba los diversos cargos de representación que nunca utilizó, por ejemplo, apoyando a los familiares de los campesinos masacrados por órdenes del entonces gobernador Rubén Figueroa Alcocer en Aguas Blancas, municipio de Coyuca de Benítez, en la Costa Grande de Guerrero.
Los campesinos ecologistas de la sierra de Petatlán perseguidos y encarcelados nunca recibieron siquiera un saludo del entonces diputado.
Tampoco actuó siendo representante popular, como debía, cuando se produjo la matanza del ejército contra indígenas de El Charco en el municipio de Ayutla, en la Costa Chica.
Y menos apareció como activista al lado de los estudiantes normalistas y padres de familia que denunciaron la desaparición de sus 43 compañeros en septiembre del 2014 en la ciudad de Iguala.
Nunca se supo tampoco que encabezara las demandas campesinas de sus paisanos calentanos productores de maíz a pesar de que ellos sí aportan en serio a la fortaleza de la soberanía alimentaria. Bueno, ni siquiera ha dicho alguna palabra a favor de quienes en la escuela de la UAGro donde él estudió, desarrollaron una raza de cabras que se adapta mejor al calor calentano como muestra de las bondades que tiene el estudio y el compromiso de los profesionistas.
En Chilpancingo donde ha sentado su residencia el senador, montó el espectáculo de proteger a los perritos sin dueño como la acción más detestable de usar recursos públicos para promoverse particularmente.
Con qué cara o discurso el senador explicará en las plazas públicas de Guerrero la correlación que tiene la defensa de la soberanía frente a las amenazas de invasión militar del gobierno estadunidense bajo el argumento de que el gobierno mexicano está de colusión con los narcos cuando el senador no ha hecho nada por limpiar de esa lacra siquiera un municipio, de tantos que controla en el estado, como argumento que contradiga la actitud de Donald Trump.
Ante esta realidad irrefutable resulta importante descubrir ante la militancia de Morena lo que busca el senador tras su anunciado recorrido por el estado supuestamente en ayuda de la presidenta Claudia Sheinbaum en la defensa de la soberanía. El interés del senador por la defensa de la soberanía no es legítimo. Como todo adicto al poder, lo que busca es perpetuarse a través de sus testaferros pasando sobre quien sea. Quiere mostrar su fuerza para negociar con Morena todos los espacios posibles que le garanticen seguir mandando en el nuevo go-bierno hasta formalizar su in-vestidura a la que aspira para el año 2030. A eso obedece su actuación. Ni siquiera se propone en serio re-correr todo el estado, sino que solo lo hará en los municipios importan-tes donde tiene garantizado el poder de movilización por los gobiernos municipales adictos a su causa, al más puro y viejo estilo priista.
El festejo multitudinario del cumpleaños de su hija Celeste Sal-gado que se acaba de realizar en Iguala con la presencia de diputados, presidentes municipales y funcio-narios que militan en su grupo, es un paso más en ese objetivo porque el control del Congreso y del Poder Judicial lo tiene asegurado. Su lucha inmediata son las candidaturas de Iguala, Taxco, Chilpancingo y Acapulco más la lista de diputados plurinominales. Eso explica que placee en el puerto al oficial mayor del gobierno del estado, Ricardo Salinas Sandoval y al ex presidente del Congreso, Jesús Urióstegui en Chilpancingo.
Supongo que la dirección nacional de Morena estará al tanto de la situación y que se mantendrá en la línea de evitar el nepotismo, la reelección y el nefasto papel de las corrientes y grupos en el interior de ese partido. Por eso me parece inteligente que Ariadna Montiel acompañe al senador en alguna parte de su recorrido efímero para que constate por sí misma el propósito político del aspirante a dictador y lo alejado que está del conocimiento de la coyuntura política actual y de su pobre concepto de soberanía.


