
Federico Vite
Por primera vez en 80 años, el premio Strega, el de mayor prestigio en Italia, presentó a tres de sus finalistas en México. La idea es que los lectores nacionales vayan teniendo en mente a los autores del país invitado a la próxima Feria Internacional de Libro en Guadalajara. Si usted es asiduo a este espacio, tendrá más claro el panorama de narradores italianos; desde hace algunos años he venido hablando de muchos de ellos (la mayoría aún no traducidos al español) para agrandar los marcos referenciales de la literatura escrita, publicada y distribuida en Italia, pero con resonancia en otras regiones del mundo.
El pasado 2 de julio, gracias a la Fundación Maria y Goffredo Bellonci, la embajada de Italia en México y el Instituto de Cultura en Italiano se animaron a presentar la punta del iceberg de la delegación de autores y editores que asistirán a la FIL de Guadalajara en noviembre próximo. Tres de los seis finalistas del Strega estuvieron en el Museo Antropología conversando sobre sus libros con lectores de México. Nos visitaron los candidatos más fuertes para obtener el galardón: Michele Mari, Matteo Nucci y Elena Rui. Los otros tres finalistas son Teresa Ciabatti, Alcide Pierantozzi y Bianca Pitzorno.
Este punto de intersección entre México e Italia también sepulta un poco una polémica reciente entre Mari y Ciabatti. Se trata de un asunto del que se pueden aprender muchas cosas. Grosso modo la vaina es así: en las giras que hacen los finalistas del Strega en Italia, los narradores trajeron a cuento a la escritora Michela Murgia (autora de Accabadora, fallecida el 10 de agosto de 2023) y se inició una polémica de grandes proporciones. De acuerdo con la versión de la periodista Natalia Distefano, la pugna inició de la siguiente manera: “No se trata de una discusión sobre la suerte de la novela italiana, ni una riña por votos ni complots. Es un durísimo encuentro frontal sobre cuestiones extrañas a la competencia, pero corre el riesgo de dejar marcas en el resultado final de la competencia.
Mari conversaba con su colega Elena Rui (nominada por Vedove di Camus, publicado por L’orma) y al fragor de la plática hizo una serie de aseveraciones ofensivas y mordaces sobre Michela Murgia. Estas palabras enfurecieron a Teresa Ciabatti, nominada al premio Strega por Donnaregina, (Mondadori)”.
Distefano recopiló algunas opiniones y supo que los comentarios fueron crueles y desagradables. Reproduzco la relatoría: “Michela Murgia era intransigente y agresiva porque era fea. Así es como descargaba su ira. Eso exclamó Mari con vehemencia. Además de lo mencionado, añadió: ‘Con su comportamiento agresivo hacía que los demás pagaran por su fealdad’. Ampliando la diatriba, Mari afirmó que ‘todas las mujeres insatisfechas que no son atractivas se vuelven irascibles’”.
Uno comprende que estas opiniones personales, aunque fueron hechas en privado, tienen consecuencias. Recuerde, la conversación era entre Mari y Rui, pero la escuchó Ciabatti. Así que ella tomó partido de inmediato. Distefano señala: “Fueron palabras inaceptables, especialmente para Ciabatti, quien había sido gran amiga de Murgia y una de las personas más cercanas (hasta el final) a la escritora sarda, fallecida de cáncer hace tres años. De hecho, el impacto personal de perder esa amistad resuena en la novela con la que Ciabatti compite en el certamen: Donnaregina. En consecuencia, dentro de la furgoneta donde también viajaba Matteo Nucci (nominado por Platone. Una storia d’amore), las hostilidades comenzaron entre Ciabatti y Mari. ‘Tus comentarios son inaceptables’, respondió Ciabatti, ‘y me han dolido profundamente’”.
Esta discusión llegó a las redes sociales, después a los periódicos y todo adquirió proporciones colosales. Al grado que Mari debió emitir un comunicado, mediante la oficina de prensa de la editorial Einaudi, en la que lamenta haber molestado a Ciabatti. Y precisó: “En relación con los rumores infundados que circulan sobre una disputa entre Teresa Ciabatti y yo, deseo aclarar que jamás hablé del aspecto físico de Michela Murgia, ni me habría atrevido a hacerlo”.
La Fundación Bellonci también emitió un boletín en el que indicaba que su postura era muy clara: “Reprobamos comentarios lesivos que denigran a las personas, porque ese no es el espíritu del premio Strega”.
La disputa se propagó como pólvora por el mundo literario, no sólo de Italia sino de Europa. Generó tensión entre los competidores, dimes y diretes entre reporteros y críticos literarios; pero sobre todo, deja mal parado a un hombre que no sabe o no entiende el porqué dijo lo que dijo. A estas alturas del partido, resulta inadmisible una aseveración de ese calibre. No se puede decir semejante barbaridad, sea uno escritor o no. No se puede decir eso. Es inadmisible. Bueno, los que iniciaron esa charla estuvieron en la Ciudad de México en días pasados. Tengo la impresión de que la visita a nuestro país concilió a los finalistas.
A pesar de todo, me parece que mañana –fecha en la que se da el fallo del premio– se le otorgará el Strega a Michele Mari por la novela I convitati di pietra (Einaudi). Él lidera la competencia con 280 votos; le sigue con 242 Matteo Nucci, autor de un libro de autoficción que mezcla memoria y ensayo, se titula Platone. Una storia d’amore, publicado por Feltrinelli; en el tercer puesto se encuentra Bianca Pitzorno con 195 votos; pugna por el premio con la novela La sonnambula (Bompiani); en el cuarto sitio se ubica Teresa Ciabatti: Donnaregina (184 votos); en el quinto lugar, con 170 votos, Alcide Pierantozzi: Lo sbilico (Einaudi), y en sexto está Elena Rui con Vedove di Camus (163 votos).
Para cualquier escritor de Italia el premio Strega es una meta soñada. Dicho de otra manera, representa un salto cuántico, pues deja al ganador en una posición cómoda en el Continente Literario. Otorga visibilidad y, por si fuera poco, concede la tan preciada aprobación de los lectores y de los colegas. Le permite también un poco de fama fuera del círculo literario. Andrea Bajani, ganador del Strega el año pasado con la novela L’anniversario (Feltrinelli), define mejor esta idea: “La televisión, la polémica. Las traducciones en todo el mundo. Pero sobre todo, ganar el Strega es como obtener un superpoder”.
Si le gusta leer autores de otros países, échele de vez en cuando un ojo a este espacio, ya les daré novedades de la narrativa italiana contemporánea.
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