
Existen diversas características por las que, a lo largo de la vida de una persona nacida en México, le podrán negar oportunidades. Estudiar, por ejemplo. O acceder a un trabajo digno. O ganar un sueldo justo, destaca el informe “Por mi raza hablará la desigualdad”.
El Sur / Ciudad de México, 7 de agosto de 2019. Una conferencia de prensa suele ser un acto predecible. Pero la mañana de este miércoles, durante la presentación del informe Por mi raza hablará la desigualdad, elaborado por Oxfam México, un hombre del público tomó el micrófono. Tenía una poblada barba gris, una cachucha de béisbol y unos anteojos sin montura que ocultaban sus ojos cordiales aunque nebulosos.
“Aquí se habla de discriminación, pero hay aspectos que no se están considerando –empezó, al tomar la palabra. El tema de la adscripción, hay que decirlo, es una variable que ha crecido mucho en lo que va del siglo. De 600 mil personas que registraba el censo del año 2000, autoadscritas a algún pueblo originario, hoy estamos más allá de los 17 millones. Esto es una acción individual pero tiene un matiz de comunalidad, de territorio. Y eso es algo que importa. Que pesa”.
El hombre, llamado Arturo Caballero y con más de 60 años de edad, provenía de San Pedro Cuajimalpa, uno de los casi 40 pueblos originarios en Ciudad de México. Durante hora y media había escuchado a Patricio Solís del Colegio de México; Tania Cruz, coordinadora de Apoyo Solidario por la Equidad; Claudia Ramos, editora de México Desigual en Animal Político, y el director ejecutivo de Oxfam México, Ricardo Fuentes Nava, preguntándose cuál sería la solución al tema de la discriminación en una sociedad tan históricamente racista y clasista como la mexicana.
“En este siglo han ocurrido algunas cosas importantes en materia de derechos para los pueblos originarios –continuó el hombre de la barba. Pero no se habla de los derechos colectivos y de la discriminación que se hace al no respetar o violar estos derechos colectivos conquistados en este siglo por los pueblos originarios. ¿Cómo combatimos la discriminación? Reconociendo que los pueblos originarios tienen un modelo de desarrollo distinto al que se impone desde el sistema económico y el estado. Que tienen capacidad de autogobernarse. Ahí está el racismo, pues”.
El público irrumpió en aplausos.
Nadie que hable lengua indígena puede acceder a la universidad
México es un país que discrimina: esto es un hecho. Significa que existen diversas características por las que, a lo largo de la vida de una persona nacida en México, le podrán negar oportunidades. Estudiar, por ejemplo. O acceder a un trabajo digno. O ganar un sueldo justo.
El informe de Oxfam Por mi raza hablará la desigualdad rescata una frase popular que se usa en el beisbol como metáfora para describir la existencia de quienes nacen con beneficios sin haber trabajado por esos méritos: “Nació en tercera base y piensa que conectó un triple”. Es decir: si se nace hombre, con piel blanca y en una familia rica es mucho más fácil acceder a una buena educación y alcanzar un bienestar económico; en cambio, si se nace mujer, con piel oscura, en una familia pobre y que habla una lengua indígena, las posibilidades se reducen.
Contar con alguna de estas características provoca exclusión. Pero la discriminación es acumulativa. Esta es una de las principales razones por la cual México fue calificado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en 2013 como el segundo país más desigual entre sus afiliados.
“Quizá la condicionante más grave –explicó Patricio Solís– es la de género: las mujeres tienen 42 por ciento menos posibilidades de alcanzar un nivel superior de riqueza, lo cual aumenta en 60 por ciento en el caso de mujeres afrodescendientes. Para las mujeres que se autodefinen como indígenas sin hablar una lengua originaria las posibilidades se reducen a 68 por ciento, y a 71 por ciento para aquellas que sí”.
Solís puso otro ejemplo: ninguna persona que hable sólo una lengua indígena puede acceder a la educación media superior. Para hacerlo tiene que aprender español.
“Políticas con dientes” contra las prácticas discriminatorias
Las conclusiones del estudio son duras. “México debe detener las prácticas discriminaciones actuales y debe resarcir las desventajas creadas históricamente por siglos de procesos discriminatorios”.
Estas políticas deben ser punitivas: castigar a quienes incurran –empresas o particulares– en prácticas que excluyan a ciudadanos por su color de piel, autoadscripción indígena o afromexicana o género. “Políticas que tengan dientes”, enfatiza Solís.
Existen varios ejemplos en el mundo. Malasia, por ejemplo, con un pasado colonial que también provocó grandes brechas económicas entre los blancos y los bumiputra, el grupo étnico originario de ese país. Para combatir la desigualdad se creó en 1971 la Nueva Política Económica. Durante dos décadas los bumiputra fueron beneficiados con políticas de educación, vivienda y empleo que, medio siglo después, no sólo han reducido la desigualdad sino que ha marcado la pauta de otras decisiones políticas.
En México, en cambio, van décadas de políticas de combate a la pobreza y todas han fracasado visiblemente. Los estados que hace 12 o 18 años estaban marcados por la marginación social y la pobreza, continúan con los mismos problemas.
Los datos mostrados por Oxfam coinciden con la información que difundió el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) apenas el lunes pasado: las mujeres indígenas y de zonas rurales son las que están más expuestas a vivir en condiciones de pobreza y a las que se les niegan más oportunidades a lo largo de su vida.
“Tenemos que entender no sólo que esto es un problema que requiere de políticas públicas bien pensadas y asertivas, sino que es una discusión que tenemos que llevar a todos los ámbitos. Hablar de racismo va a generar conflicto siempre, eso hay que tenerlo claro”, concluyó Patricio Solís.
“Por otro lado, las élites jamás van a estar de acuerdo con este discurso. Pero necesitamos sumar a esta discusión a la clase media y a los sectores populares: que entiendan sus propios privilegios y trabajar, juntos, como sociedad, en que este sea un tema cada vez más discutido. Que la exigencia sea cada vez más grande hasta que el estado no tenga otra alternativa que atender el tema”.
Texto: Carlos Acuña / Foto: Cuartoscuro
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