
Acapulco, Guerrero, a 2 de enero de 2025.- En playa Tlacopanocha, no quedó un metro cuadrado de playa libre durante el mediodía de este miércoles, por la gran cantidad de familias que llegaron a reponerse de la resaca y otros a descansar un poco, luego de los festejos para recibir 2025. Los vendedores y prestadores aprovecharon para aumentar sus tarifas y precios.
Los visitantes, en su mayoría familias de Ciudad de México y Estado de México, aunque también había acapulqueños que llegaron a disfrutar de la tranquilidad de las olas de esa playa en la zona Tradicional de la ciudad, quienes ocuparon con sus propias sombrillas y sillas la zona frontal. Los que ya no alcanzaron sitio se fueron a playa Manzanillo, pese a que aún tiene embarcaciones en reparación.
Pero los visitantes que rentaron mobiliario como sombrillas, mesas y sillas, pagaron más. La gran afluencia provocó un aumento desmedido en la renta, que pasó de 200 a 300 pesos; además, los alimentos que se venden y cocinan en la banqueta, sin ninguna medida de higiene, subieron de precio.
Un plato de 10 camarones al ajillo o con salsa roja, y un pedazo de limón, se vendió en 200 pesos. El pescado frito, según el tamaño, estuvo entre los 150 y 200 pesos, sin ninguna guarnición. Un vaso mediano de ceviche, en 100 pesos, y un flan o crema en 25 pesos, este último habitualmente tiene un precio de 10 pesos.
En comparación, un restaurante establecido en la misma zona cobraba un pescado frito con sus guarniciones, tortillas y con la atención en un mesero, en 200 pesos. Un ceviche mediano en 90 pesos, una copa de campechana en 120 pesos, una orden de camarones al ajillo en 180 pesos y camarones empanizados con papas en 200 pesos.
La familia de Lucas Leonardo Ayala fue una de las primeras en llegar a esa playa, al mediodía, por lo que aún alcanzaron rentar una sombrilla, con su mobiliario, en 300 pesos.
El joven comentó que era la primera vez que pasaban un fin de año en Acapulco y opinó que la Gala de Pirotecnia, así como las figuras de los drones, fueron espectaculares.
Los ocho integrantes de la familia llegaron el lunes, luego de comprar un paquete turístico por 2 mil 500 pesos por persona, hospedados en un hotel de la zona Tradicional.
La familia regresó este jueves a Ciudad de México y sugirió a los prestadores turísticos moderarse en los precios de la renta del mobiliario, porque el hombre comentó que un día antes, en playa Tamarindos les cobraron una carpa para toda la familia en mil 500 pesos.
El señor Fidel Maya Olvera, quien visita Acapulco procedente de Santiago Tianguistenco, Estado de México, también se sumó al reclamo de los elevados precios de la renta del mobiliario de playa, así como criticó la mala atención de algunos prestadores de servicios turísticos.
El visitante, quien tiene años visitando Acapulco, por la cercanía, dijo que vio la ciudad con bastante avance en su reconstrucción, en comparación con diciembre de 2023, cuando decidió junto con los cinco integrantes de su familia venir a la ciudad, a pesar de que habían pasado escasos tres meses del impacto del huracán Otis.
Lamentó que le haya tocado ser atendido por personas sin la calidez y amabilidad que por años ha encontrado en la ciudad, pero reconoció que sólo son algunos y no la mayoría.
El hombre opinó que fue maravilloso ver el espectáculo de la pirotecnia desde el octavo piso del hotel Real Bananas, que está en el fraccionamiento Club Deportivo, donde la noche tiene un precio de 2 mil 800 pesos.
El visitante sugirió a los gobernantes poner mayor atención en la ciudad, con la seguridad, porque eso ha provocado que otras familias decidan no venir a Acapulco a vacacionar, por medio y temor de que les pase algo, no así a las que tienen generaciones viniendo a este destino.
Ambas familias llegaron a la zona de playa con sus hieleras y bebidas, además de frituras que compraron en las tiendas de conveniencia. Pese al aumento en los precios de los platillos que se vendían, compraron algunos para compartir entre todos.
Mientras que las familias de acapulqueños que llegaron a esa playa, pasadas las 2 de la tarde, que llevaban bebidas pero no el recalentado de la cena de fin de año, debido a que en Tlacopanocha no había un solo lugar, caminaron hacia Manzanillo.
En esa playa, pese a que había poco espacio en la arena, debido a que ahí continúan las embarcaciones en proceso de reconstrucción, las familias buscaron hasta el último espacio disponible. Ahí, los prestadores de mobiliario fueron más accesibles con los precios de la renta de las sombrillas, que estaba en 200 pesos.
Pero algunas familias prefirieron buscar un espacio en la sombra de las embarcaciones, donde tendieron sus toallas y se acostaron; mientras los más jóvenes jugaban con los pequeños en las calmadas aguas turbias y con pequeños restos de basura, que poco a poco fueron quedando en la arena, conforme el oleaje golpeaba con más fuerza por la tarde.
La seguridad en la zona estaba a cargo de los elementos de la Secretaría de Marina, que caminaban en la zona de playa y también en las áreas verdes, sobre el paseo del pescador.
Llegar al mediodía a las playas y salir por la tarde en esa área de la avenida Costera, fue para muchos un dolor de cabeza pues el tránsito estuvo bastante cargado, porque casi todos comenzaron a retirarse entre las 5:30 y 6 de la tarde, y el tráfico estaba a vuelta de rueda.
Texto: Jacob Morales Antonio / Foto: Jacob Morales


