4 septiembre,2025 6:07 am

Acapulco, su gente VI

Anituy Rebolledo Ayerdi

La Cruz Roja

La delegación de la Cruz Roja se establece en Acapulco en 1938 por iniciativa del Club Rotario, encabezado por el empresario hispano Marcelino Miaja y gracias a la solidaridad del doctor Felipe Valencia, quien ofrece su consultorio para atender las primeras emergencias.
Una vez obtenido el reconocimiento por parte de la Cruz Roja Internacional, se elige el comité que tendrá a su cargo la organización de la institución benefactora. Lo preside el propio señor Miaja, acompañado por los señores Israel Soberanis, Pedro Peña y Félix Muñúzuri. Este último asumirá el liderazgo a la muerte meses más tarde de don Marcelino.
Pasado el tiempo, el doctor Valencia se ve obligado a cerrar su consultorio y con ello sus servicios a la Cruz Roja. Se hablará entonces no sólo de la falta de solidaridad de los acapulqueños, sino de la absoluta indiferencia general de la población ante los problemas del puerto. Será entonces cuando el propio Valencia obtenga un espacio para primeros auxilios en el Hospital Municipal, dirigido por el doctor Arturo Catalán. Se sumarán inmediatamente los consultorios de los médicos Arturo Canales, Enrique Zamora, Felipe Barajas Lozano Velasco y Chacón.

Puesto de socorros

La urgencia de un puesto de socorros en Acapulco, dotado con quirófano, teléfono y ambulancia, obliga a los médicos comprometidos a despertar en la población el espíritu cívico. Se atreven a organizar una colecta pública con el lema “Lo que sea tu voluntad, es por tu salud y la de los tuyos”. El resultado sorprenderá a todos: ¡treinta y cinco mil pesos!, suficientes para construir la sede de la institución en el centro citadino, Independencia y Quebrada, atrás de la Catedral.

El Comité Auxiliar de Damas

Para el año de 1945, ya cercano el fin de la Segunda Guerra Mundial, en la que México ha sido país beligerante, la Cruz Roja del puerto cambia directiva y adopta el lema de Caridad y Patriotismo. Lo integran Eladio Fernández, Carlos Barnard, José S. Martino, Antonio Casís, Israel Soberanis, José María Sotelo, Agustín Montano, Carlos Adame y Obdulio Fernández.
Paralelamente, se instituye el Comité Auxiliar de Damas, integrado por las señoras Irene Villalvazo, Leticia de Fernández, Emilia de García, Lucía de Casís, Victoria de Tejado, Ana María de Fernández, Carmen de Martino, Carmen de Álvarez, Stella de Álvarez, Crisantema Montano, María Bretón, Nicolasa de Hudson, Rosa Muñúzuri, Dominga de Añorve, Caridad de Pardillo, Elena de Pardillo, la poeta Chachá Serrano, Ernestina de Barrera y Carmen de Pineda.

Médicos y ambulantes

El cuerpo médico lo formaron destacados profesionales de la medicina, entre ellos, Jorge Hoyos Estrada, Esteban Domínguez, Luis Gómez Sanguino, Arturo Catalán, Luis Salazar Pérez y Esteban Zamora.
Por lo que hace al cuerpo de ambulantes, lo fueron voluntarios: Hid y Abraham Charfén, Valentín Ramos, Enrique Campos, César Álvarez, Manuel Barrientos, Manuel Avilés, Néstor Díaz, Blandino Flores, Carlos Lavín, José Vela Rogelio Noriega, Tito Montañez, Aurelio Rubio, Jorge Reyeros, Juan Marroquín, Guillermo Flores, Casto E. García, Benjamín Cervantes, Tomás Guerrero, Guillermo Castro, Donato Valdez y Mario de la O Salinas.

El cachalote

Vecino de enfrente, tanto del cuartel de Bomberos como de la delegación de la Cruz Roja, en la calle Independencia número 5, quien esto escribe se incorporó a los 13 años como ambulante voluntario de la benemérita institución (en realidad, mandadero), con buenas y malas experiencias.
Aquel día, éramos dos en la banca de los voluntarios y fui yo a quien llamó Nacho, el chofer, de la ambulancia. “Es aquí cerquita, en el hotel Buenos Aires, el de Jacko Avayou, frente al cine Tropical. Un gringo se envenenó.
–Vámonos –dije, apretando el botón del doloroso ulular de la sirena.
Llegamos al hotelito –que no parecía serlo– y ya nos espera una señora (la del aseo) quien nos condujo al segundo piso. Subimos con dificultad por una angosta escalera de caracol. Yo llevo la camilla.
–Aquí es –nos informa la señora, mientras abre la puerta del cuarto. Sobre un angosto camastro yace un cuerpo voluminoso. ocupándolo todo.
–¡Puta, este cabrón debe pesar como quinientos kilos! –exagera Nacho. No lo hace, lo hace al predecir: “va a estar cabrón bajarlo”!
¡Y vaya que lo estuvo! Montarlo en la camilla no estuvo difícil, pues sólo fue cosa de rodarlo. Luego, con la ayuda de la propia señora del aseo, logramos empujar la camilla hasta la escalinata. “¡Gracias, seño, de aquí yo lo bajo!”, presumí.
¿Yo lo bajo?, ¡sí Chucha!, apenas logré levantar la camilla unos cuantos centímetros cuando, ¡chumbum, cataplun!, la camilla y su contenido vuelan hasta aterrizar con gran sonoridad en la planta baja. ¡Cataplum! ¡Chin! ¿y ora? Nacho ordena:
–¡Tú espérame aquí, yo voy al mercado por dos cargadores. Llegan estos, pero se niegan terminantemente a tocar “al muerto” aunque pronto cederán al ver dos “pachucos” (pesos).
¿Dijeron muerto? Fue hasta entonces que pregunté ¿en verdad está muerto? Y si es así ¿murió por el veneno o por el porrazo?
–A estas alturas eso qué importa –responde el chofer.
¡Cómo carajos no, contesté, y corrí en busca del paramédico que había recibido al “cachalote gringo”, como ya lo habíamos bautizado. El alma me volvió al cuerpo cuando me informó: “muerte por envenenamiento ”. ¡Uf!

La Canaco

La Cámara Nacional de Comercio de Acapulco es una más de las instituciones locales de muy antigua data (1924). Esto es, a tres años de la apertura de la carretera México-Acapulco, con la que el puerto abandonará su condición de “ínsula barataria”, dominada por hispanos apenas ayer conquistadores.
Promotor único de la organización comercial fue don Isaías Acosta, desempeñándose como tenedor de libros de La Valenciana, una céntrica tienda propiedad de don Aniceto Goraieb, un atildado escritor libanés, colaborador habitual de periódicos de la Ciudad de México. Tío, por cierto, de Said, creador del hoy emblemático Café Wadi.
Durante la asamblea constituyente, celebrada el 31 de julio de 1924 en un local de la calle San Juan (5 de Mayo) se puso de relieve la urgente necesidad de hacer un frente común para resistir la feroz acometida del comercio exterior, particularmente de la Ciudad de México. Presentes:
Dr. José Gómez Arroyo, Hugh Stephens, Manuel Muñú-zuri, Manuel Revilla, Alejandro Montano, Francisco Vela, Ramón Córdova, Rafael Pintos, Federico Pintos, William Mc Hudson, Emilio Casís, Guillermo Edwards, Lorenzo Sánchez, Manuel L. Radilla, Juan Manzanares, Luis Long y las representaciones de las empresas Hermanos Fernández y Cía.
Haciendo suyo el propósito enunciado, la asamblea votó por la primera directiva de la Canaco de Acapulco. Fue elegido presidente el propio Isaías Acosta, acompañado por los señores José Flores, Adolfo Argudín, Lorenzo Sánchez Morales, Francisco Vela, Félix Muñúzuri y Salvador Sabah. Fueron comisionados Adolfo Corona, Pascual Aranaga, Arturo García Mier, Alejandro Batani y Maximino San Millán.

Don Beyto, el “carretonero”

Acapulco no tuvo en los años 20 problemas con la limpieza de su calles y tampoco con el destino final de la basura. Ello como resultado de la arraigada costumbre de sus habitantes de barrer el frente de sus casas y dar un destino final a la basura acumulada. Lo hacían con la seguridad de que más tarde pasaría por ella don Alberto Jiménez, conocido simplemente como Don Beyto, “el carretonero”, por operar una carreta desvencijada jalada por una mula enteca.
La presunción de Don Beyto de no haber recibido jamás queja o censura por deficiencias en su servicio, provocaban sonrisas maliciosa de las señoras, sabedoras todas ellas de que el anciano era más sordo que una tapia. Guiaba su mula a punta de chasquidos. Así las cosas, el señor Jiménez no podrá escuchar más tarde las campanas de la primera unidad del servicio municipal de limpia, marca Reo, que lo releve en 1927, bajo la presidencia municipal de don Manuel López López.

El carretón

La denominación local de carretón para el vehículo recolector de basura, nace de la enorme “carreta” de madera jalada por mulas, con la que se inició en 1670 el servicio de limpia de la ciudad. Lo será, per sécula seculórum, no obstante que se trate de un vehículo de la Mercedes Benz 2025.