
(Segunda y última parte)
Federico Vite
Decía que la novela La Portalettere (Italia, Casa Editrice Nord, 2023, 406 páginas), de Francesca Giannone, tiene virtudes que superan la intención mercantil del bestseller. Es decir, aunque hablo de un taquillazo literario que vendió en Italia 500 mil copias, y se ha traducido a 40 idiomas, este libro también posee virtudes inusuales para un producto diseñado con la única intención de vender.
Desde hace poco más de dos años, la ópera prima de Giannone no ha dejado de reeditarse, tanto en formato digital como impreso. ¿Por qué? Yo asumo que gracias a la vibrante emancipación de la protagonista: Anna. Aparte de lo mencionado en la primera parte de este artículo, esta mujer de los años 30 del siglo pasado también usaba pantalones, se cortó el pelo y se comportaba a contracorriente del canon social de aquella época. Pero me gustaría sumarle algunos aspectos que han hecho de este libro una interesante reflexión sobre las virtudes del feminismo en la vida social de una sociedad delimitada por el machismo.
Anna se encargó de hacer alianzas con grupos de apoyo, en Roma y otras ciudades italianas, en los que muchísimas mujeres se habían organizado para participar con énfasis en la vida política de Italia. El objetivo primordial era ejercer el voto, porque sólo mediante el sufragio lograrían trabajar a favor de la emancipación femenina en todos los flancos. Y lograron su cometido. El voto de las mujeres se hizo realidad. También debo destacar una coincidencia emblemática en este tema, porque en 2024 apareció el filme italiano C’e anche domani, dirigida por Giacomo Campiotti. Esta película ganó el beneplácito del público porque narra una historia en la que el derecho al voto femenino se representa como un acto de amor, claro, es un logro obtenido por el amor a un país y, en especial, por la necesidad de cambiar el gobierno machista de Italia. Así que el rechazo al gobierno machista, insisto, le dio a Giannone un tremendo acercamiento con el público. No es cuestión menor, no, porque recrear la historia y mostrarnos que la mujer tuvo un gran peso e influencia en la construcción de una sociedad moderna es en sí un logro. Y sería estúpido negarlo.
¿Cómo entender nuestro presente sin mirar un poco al pasado? Tanto Italia como México tienen en este momento una mujer como la responsable de los destinos de millones de ciudadanos. Eso no se logró por mero empuje, pero personajes como Anna ayudan a entender nuestro momento.
Aunque la trama rebosa de tópicos manidos por las historias de amor no correspondido, La Portalettere propone una resolución distinta a estos vínculos heterosexuales. La escena es más o menos así: una charla sube de tono, se convierte en una pelea verbal y él golpea a ella. Para una feminista, eso es inadmisible y al final de la historia una carta ayuda a comprender por qué el odio fue la única solución posible para un amor que bajó su intensidad y así quedó, sin posibilidad de hacer las paces, porque se cruzaron los límites. “Y eso es imperdonable”. Me agrada esta idea, es imperdonable cruzar los límites, no sólo de un vínculo efectivo, sino de una conversación, porque no sólo se conversa con palabras sino con el cuerpo. De ahí la importancia de erradicar la violencia de nuestra vida.
Otra buena forma de atender la melcocha de los bestsellers es gracias a las pequeñas variaciones en cuanto a la educación sentimental; por ejemplo, este volumen aborda la educación sentimental feminista. Anna apela a la realidad, no a la idealización de las princesas y con eso en cuenta suceden otras cosas en el relato, le pasan otras cosas a los personajes femeninos. Una escena entre tía y sobrina ilustra lo que comento. Anna inicia una pequeña revolución. “Sólo hay una persona en el mundo que puede salvarte”, dice Anna a Lorenza en un tono severo. ‘Eres tú la única que puede salvarte de ti misma. No hay un príncipe, ni habrá príncipes que puedan hacerlo, créeme. No hay un hombre que pueda salvarte. Tú misma debes hacerlo’”.
Destaco otro hecho, la protagonista es una buena lectora y asocia los buenos libros que lee con lo que ocurre en su vida. Los libros que lee reatroalimentan principios e ideales; es decir, leer es una actividad que complementa su existencia y le asiste en situaciones confusas y difíciles. Anna tiene mucho de los personajes que lee: se siente Emma de Madame Bovary; y Catherine, de Cumbres borrascosas. De hecho, bien podría definirse como una mezcla de ambas. Y aquí está cifrada la textura de la protagonista. Anna lee para espejear su vida en los libros que consulta.
Durante todo el relato hay desavenencias: primero, en el matrimonio; después en la sociedad. Pero el núcleo es el esposo, Carlos, quien acepta una propuesta del Partido de la Democracia Cristiana. Se convierte en el candidato a alcalde de Lizzanello. Ella se declara comunista y, en efecto, no vota por él; él gana la elección. ¿Qué sigue si el Partido de la Democracia Cristiana es misógino y hace a un lado a las mujeres? Un ligero distanciamiento, por principio; pero Anna entiende que su papel es jugar el juego de la democracia. Empieza a trabajar con analfabetas, les ayuda y se encumbra en la sociedad construyendo una Casa para Mujeres. No vive como la esposa de un funcionario público. Protagoniza la etapa de la reconstrucción de Italia y lo hace con seriedad, sin dramatismo. Decide emprender una nueva forma de florecimiento social en la que la sororidad es la punta de lanza. ¿Hay otra manera?
Giannone hace elipsis sobre la guerra. No hay batallas, ni relatos de daño, ni recreaciones de la masculinidad tóxica en una batalla, sino estragos y esos, aunque dolorosos, se sobrellevan con trabajo comunitario. La autora ilustra muy bien este aspecto del trabajo en la comuna. Logra crear la ilusión de un mundo mejor, logrado gracias al esfuerzo personal de cada personaje. Porque la única manera de socavar una guerra es construyendo la realidad con acciones pequeñas. Anna tiene la virtud de la lectura y ese placer se contagia, porque si el lector no conoce las obras mencionadas en el libro, sin duda, querrá leerlas de manera inmediata. La lectura y la política van de la mano.
El magnetismo de La Portalettere no está en lo rentable de los personajes, sino en detalles que hacen verosímil el placer de la lectura que experimenta Anna. Es la mayor virtud de la novela.
En una entrevista que Francesca Giannone le concedió al reportero Vincenzo Maruccio, la escritora habla de un hecho que me parece importante traer a la conversación, porque a pesar de que sus lectores son del siglo XIX, Anna es una heroína del siglo XX, una mujer moderna y una mujer moderna es libre y la libertad no es un tema sino una elección que implica responsabilidades. Giannone señala lo siguiente: “En Anna, su modernidad reside en que es una mujer libre; también quiere realizarse en el trabajo y en la comunidad, no sólo en el matrimonio. Se pone pantalones y hasta lleva con orgullo un gafete con la palabra “Cartero”. Encontré este gafete en un cajón de mi bisabuela y a partir de ahí empezó el redescubrimiento de esta historia que hoy se presenta como novela”.
Por encima de todo lo mencionado, el amor y la infidelidad de los personajes es un gancho para generar ventas, pero el valor literario de la novela está en saber contar una historia individual y transformarla en el rastro del cambio generacional. Es la huella profunda de unos pasos ascendentes. Parece sencillo escribir algo así, pero no lo es, aunque se trate de un blockbuster.
* La traducción de las frases entre comillas es mía.
@FederìVite


