13 marzo,2025 5:48 am

¡Agua para Acapulco!, fue la orden del presidente Manuel Ávila Camacho

 

Anituy Rebolledo Ayerdi

Pozos del rey

Pozos del rey se les llamó a los abiertos por la Corona española para abastecer de agua a la población de Acapulco. El primero se localizó en la plaza principal del puerto (hoy Álvarez) cedido mucho más tarde por el Ayuntamiento al hotel La Marina (donde hoy está el Bancomer) y clausurado a su cierre. El otro se localizó en el cerro El Grifo y sucumbirá ante el acoso de miles de buscadores de tesoros, convencidos de la legendaria versión de que había sido escondite de muchos piratas en fuga.
El Pozo de la Nación se llama así porque, al inaugurarlo, el gobernador Diego Álvarez Benítez rechaza con palabras altisonantes que no será uno más del rey, sino ¡el primer Pozo de la Nación! Y le da nombre al barrio. El evento se da en 1859, en medio de una epidemia de cólera morbus, lo que obliga al mandatario a decretar la apertura al público de todos los pozos privados de la ciudad. El hijo de don Juan Álvarez, nacido aquí cerca, en Coyuca, fue tres veces gobernador de la entidad, bajo las presidencias de Juárez, Lerdo y González.

La Poza

Un día cualquiera de 1850, don Domingo Balboa Berreatúa decide conectar los muchos hilos de agua bajando por el cerro de La Mira, derivándolos hacia un estanque de tres metros de profundidad, abierto por él mismo. Relevado más tarde por un alberca amplia y accesible con muchos beneficiarios. El gesto solidario de don Domingo será premiado por el Ayuntamiento con un solar, en el que cumplirá su deseo de una casita, desde que la que pueda vigilar que el suministro de agua sea gratuito.
Doña Francisca Reséndiz será la primera que solicite a don Domingo un pedacito de su amplio solar; desea lavar ropa. También lavandera, doña María Liborio será atendida por Balboa con una donación similar. La seguirán don Rodrígo García, éste en pos de un lugarcito para vender gollerías; doña Leandra Quevedo, don Juan Bracamontes y más y más.
Cuando acate don Domingo, su predio estará casi totalmente ocupado. Pero él, en lugar de buscar beneficios de ello, se proclamará el hombre más feliz del mundo, orgulloso de haber fundado el populoso barrio de La Poza, de Acapulco. Barrio del que, por cierto, doña Taca (Plutarca Maganda, madre del gobernador Alejandro Gómez Maganda) será venerable “abuela” de toda la chiquillería, a la que impartía la “doctrina” y preparaba para las primeras comuniones. De ella habla su nieto José Agustín, el enorme y prolífico escritor acapulqueño, fallecido prematuramente:
…Seguíamos pasando las vacaciones en Acapulco, en casa de mi abuelita Plutarca, que era católica hasta la ignominia; rezaba el rosario tres veces al día y nosotros teníamos que acompañarla en la sesión vespertina. Je je, en la mayoría de las ocasiones, apenas se aproximaba la hora rosarial, huíamos a casa de mi tía Tina, que acumulaba cuentos a montones. Sólo pocas veces mi abuelita advertía nuestra fuga. Mi mamá sí, pero nunca nos regañaba en serio.

Los aguadoras y aguadores

El propio ex gobernador Gómez Maganda, cronista memorioso y escritor de prosa elegante, reseña:
“Acapulco veía todas las mañanas a las mozas de piel morena y satinada yendo por agua al Pozo del Rey. Muy garbosas con sus latas en la cabeza y los pechos enhiestos empitonando el percal, detonante de sus vestidos de indianas”. (Acapulco en mi vida y en mi tiempo,1984).
Por su parte, don Manuel López Victoria, el cronista por excelencia de Acapulco, describe puntualmente al aguador de su tiempo.
“Vestía holgada camisa y apretado calzón de manta, ceñido en las piernas y en la cintura, Usaba zarape de colores chillantes sobre el hombro izquierdo, mientras que en la mano derecha llevaba siempre un cuarta o soga de buey para arrear al asno”. (Leyendas de Acapulco).

Aguas Blancas

La principal fuente de abastecimiento de agua para Acapulco fue el río de Aguas Blancas, conocido también como río Grande, para terminar siendo el Arroyo de La fábrica. Su agua azul clara (zarca) y liviana, se diferenciaba del agua de pozo por ser ésta pesada y algo salobre.
La misma estampa sobre aguadores y aguadoras recreada por Gómez Maganda y López Victoria, se reproducía también en otros pozos como el de la plaza Alvarez (donde estaba el Café Astoria), con brocal de seguridad para los usuarios de Petaquillas, El Venado, El Convento (en el viejo Palacio Municipal), Salsipuedes, en el Barrio Nuevo y Los Parazales (terminal de la Flecha Roja).

Los aguajes

Doña Hermelinda N, don Yuyo Castrejón, don Hermilo Hurtado y don Cleto Frías surtían de agua a las casas ricas y a las hospederías. Lo hacían con una poderosa recua de acémilas, operada por expertos burreros.
“¡Ya llegó el aguador… agua clara y liviana para beber!”, pregonaban los populares Maco y Chuy García.
Otras fuentes de agua para beber eran Los Tepetates, Los Higos, El Pocito, El Respaldo, Los Dragos, Los Tres Pocitos, La Pocita, El Chorrillo, y La Poza, por supuesto.

Agua para lavanderas

Para las lavanderas de ropa ajena. el Ayuntamiento reservó varios aguajes y entre ellos Los Llanitos (en el hoy Mercado Central), Playa Larga, Potrerillo, Los Naranjos y Manzanillo.

Las Cajas redonda
y del hospital

Con el nombre de Caja Redonda se conoció un enorme depósito de agua en el barrio de La Adobería. Pertenecía a la empresa estadunidense Pacific Mail y estaba destinada al aprovisionamiento de los buques cubriendo las rutas a partir de este puerto. Por su parte, la Caja del Hospital fue una obra muy celebrada del alcalde Cecilio Cárdenas, destinada a abastecer de agua por gravedad al hospital Juárez (Morelos), a partir del de Los Tres Pocitos (Las Crucitas).

Presidente Ávila Camacho

En los primeros años del presidente Manuel Ávila Camacho (1940-1946) se explora por primera vez la posibilidad de dotar a Acapulco de un sistema hidráulico y para ese efecto se convoca a todos los sectores de la población. Los primeros en responder son los hoteleros, con Antonio Díaz Lombardo a la cabeza (hotel La Marina); los fraccionadores encabezados por Alberto B. Pullen y los banqueros representados por Ernesto Amezcua.
El asunto toma forma cuando el presidente Ávila Camacho pone a cargo de la Junta de Mejoras Materiales de Acapulco al ex presidente de la República Emilio Portes Gil (1928-1930), a quien autoriza medio millón de pesos, vía Nacional Financiera, para empezar los trabajos con esta recomendación:
–¿Y sabe qué, licenciado Portes? Le autorizo mandar a chingar a su madre a quien pretenda imponerle, a mi nombre, compañía constructora o empresa de abasto. ¿Queda claro?
La advertencia tenía un destinario único y Portes Gil lo sabía. No era otro que Maximino Ávila Camacho, hermano del presidente y secretario de Comunicaciones y Transportes, quien ya había sentado sus reales en Acapulco. Se agandalla el islote que divide las playas Caleta y Caletilla, pisoteando la Constitución, y construye sobre él su residencia. El presidente Miguel Alemán pondrá las cosas en su lugar.

JFMMA

La Junta Federal de Mejoras Materiales de Acapulco queda finalmente integrada bajo la presidencia de Portes Gil, figurando como secretario don Francisco González; tesorero, Ernesto Amezcua; representantes del Ayuntamiento, don Efrén Villalvazo Alarcón, y del gobernador del estado, don Rafael Catalán Calvo. Don Rosendo Pintos Lacunza representará a los usuarios.

El proyecto

El proyecto fue presentado por los ingenieros Fernando Tejeda y Fortunato Dozal, este último vocal técnico del organismo. Ofrecía como mejor opción traer el agua por gravedad del río de Tixtlancingo, llamado también Hamacas, y Aguas Blancas al desembocar en el río Coyuca, en el punto conocido como El Chorro, en el municipio de Coyuca de Benítez, a 50 kilómetros de Acapulco y a mil 200 metros de altura.
El contrato, por un millón 950 mil pesos, se adjudica a la compañía Techo Eterno Eureka, propiedad del empresario español Manuel Suárez, en vías de convertir el cerro de La Laja, de su propiedad, en un fraccionamiento residencial tipo Meditarrenee. La penalización se fijó en mil pesos por día de retraso.
Agraviado por el hundimiento de tres barcos petroleros, México le entra a la guerra europea. Todos es difícil y problemático en el país y únicamente los traidores y especuladores cantan victoria. A la empresa Techo Eterno Eureka le cancelan las importaciones de tubería de acero para El Chorro, cuando sólo dispone de 3 mil metros para cubrir los 50 kilómetros que reclama la obra. La JFMM le autoriza utilizar asbesto y acero únicamente en las curvas, para evitar roturas.
Sucederá que cuando la obra lleve un avance de 80 por ciento, Manuel Suárez se presenta ante Portes Gil para botarle la obra. “La puta guerra que todo lo daña y encarece me obliga a ello. Ya se me acabó el dinero propio para seguir metiéndole a El Chorro, así que hasta aquí”, sentencia.
–¡Tratos son tratos, querido Manuel, a rajarte a tu tierra!, será la respuesta escueta de Emilio Portes Gil, quien inmediatamente da cuenta de la situación al presidente Ávila Camacho.
Será cuestión de horas para que produzca la reacción presidencial con este telefonema del propio mandatario:
–Que el ingeniero Dozal analice la situación y si es verdad lo que dice nuestro amigo Manuel, que se le otorguen los recursos suficientes para que la obra se termine y se entregue pronto a los acapulqueños. ¡Faltaría más que mi gobierno se hiciera cómplice de una injusticia tal! –sentencia.

El Chorro

El sistema hidráulico de El Chorro beneficiará a una población de 60 mil habitantes, a razón de 300 litros por persona. Su línea de conducción de 50 kilómetros será considerada entonces como la más larga del país.
¡Agua para Acapulco!, es hoy la orden de la presidente Claudia Sheinbaum.