
Del 9 al 14 de mayo del 2015 civiles armados de ese grupo y comisarios irrumpieron en la cabecera municipal y levantaron a unas 30 personas, según datos de la organización Siempre Vivos
Chilpancingo, Guerrero, 11 de mayo de 2020. El 10 de mayo del 2015, Alexandro Nava Reyes, abrazó y felicitó a su mamá Lucina Reyes Carrasco y salió a la calle, avisó que iba a ver a su novia. Sin embargo, no llegó a verla y tampoco regresó a su casa. Desde entonces se encuentra desaparecido y para doña Lucina los festejos por el Día de las Madres ya no volvieron a ser igual.
El día que desapareció Alexandro, de 21 años de edad, salió de su casa ubicada en el kilómetro 52 de la carretera Chilpancingo-Tlapa en Chilapa. Era domingo, como a las 8:20 de la noche.
Algunos testigos contarían después a doña Lucina que esa noche lo vieron amarrado, tirado en el suelo y sometido por policías comunitarios, de los autodenominados por la Paz y la Justicia, vinculados con el grupo delictivo Los Ardillos.
El lugar donde lo vieron fue donde ahora se encuentra la tienda Coopel, en la salida para Zitlala.
El 9 de mayo del 2015 ese grupo de civiles armados encabezados por varios comisarios de comunidades del lado sur de Chilapa, irrumpieron en la cabecera municipal y se mantuvieron allí hasta el 14 de mayo. De acuerdo a datos del colectivo Siempre Vivos en esos días levantaron a unas 30 personas. Todas siguen desaparecidas.
“Desde entonces, cada 10 de mayo no hay felicidad para mí, porque estoy esperando a mi hijo que se encuentran ausente y espero volverlo a abrazar”, exclamó ayer doña Lucina entre sollozos.
A Alexandro no le gustó estudiar, alcanzó a terminar sólo la secundaria, desde pequeño se inclinó por el trabajo, y a los 14 años ya sabía manejar vehículos.
Cuando desapareció trabajaba como chofer en un camión de la casa Marmolería y Materiales San Rafael de Chilapa.
“Mi hijo no se la pasaba en la calle, desde las 7 de la mañana que salía de la casa regresaba hasta las 7 u 8 de la noche. Se la pasaba todo el día entregando pedidos en la cabecera municipal y en comunidades del municipio”, contó ayer su madre.
La mayoría de las veces apenas llegaba, se bañaba, comía y se iba a ver a su novia, igual lo hizo el 10 de mayo del 2015, sólo que ese día ya no regresó.
Dos días después de que desapareció, sus familiares presentaron la denuncia ante el Ministerio Público del fuero común de Chilapa y antes de que terminara mayo, personal de la Procuraduría General de la República (hoy Fiscalía) fue a esa ciudad y también recibió la denuncia de los familiares de Alexandro.
Sin embargo, cinco años después doña Lucina no ha recibido ninguna información de su hijo ni de avances de las investigaciones.
“Nosotros seguimos esperando hasta la fecha, se llevaron a varios y no aparece ninguno, desde entonces cada 10 de mayo el regalo que nos damos las madres es una pala y un pico y nos vamos al cerro a buscar a nuestros hijos”.
Este año, a diferencia de los anteriores, no pudieron hacerlo por la emergencia sanitaria que obliga a todos a quedarse en casa, mientras que el año pasado sólo salieron a buscarlos un día, a pesar de que la jornada era del 9 al 14.
Lucina reprochó que el gobierno les negó el resguardo policiaco y se vieron en la necesidad de suspender la búsqueda al segundo día por el peligro que implica hacerlo solas.
Reclamó que las autoridades no investigan, pero que tampoco los apoyan con seguridad para que sean los familiares quienes busquen a sus desaparecidos.
“Ya se tardaron mucho, ya son cinco años y no nos han informado nada, y nosotros nos seguimos preguntando dónde están, dónde quedaron, llevamos cinco años exigiendo que nos los busquen. Los queremos encontrar como sea, queremos la localización y presentación de ellos”, exigió.
Dijo que cada vez que van a la PGR a México les dicen que están trabajando, “pero ya es mucho tiempo”, insistió.
Doña Lucina contó que en su caso presiente que va a encontrar a su hijo y que cree que no lo sacaron del municipio de Chilapa.
Ella tiene 55 años y Alexandro es el cuarto de siete hijos, sin embargo, dijo que los festejos cada 10 de mayo desde el 2016 ya no fueron igual, “no pueden ser igual mientras mi regalo de ese 10 de mayo siga siendo la desaparición de mi hijo”.
Dijo que los seis hermanos de Alexandro cada 10 de mayo lo recuerdan y le dan ánimos, le dicen que lo va a volver a ver, “y yo les digo que sea como sea pero quiero volver a ver mi hijo y que no me cansaré de buscarlo hasta encontrarlo, sea como sea, pero yo lo voy a seguir buscando”.
Texto: Zacarías Cervantes / Foto: El Sur


