31 diciembre,2025 5:27 am

América Latina rumbo a 2026: cinco elecciones presidenciales y un mismo dilema de gobernabilidad

 

Gaspard Estrada

 

El calendario electoral de 2026 coloca a Costa Rica, Perú, Colombia, Haití y Brasil ante elecciones presidenciales que, aunque responden a realidades nacionales muy distintas, comparten un trasfondo común: desgaste institucional, crisis de representación y presión geopolítica externa. Más que definir simples alternancias de poder, estos comicios funcionarán como termómetros del estado de la democracia en América Latina y de su capacidad para adaptarse a un contexto regional cada vez más inestable.
En Costa Rica, tradicionalmente vista como una excepción institucional en Centroamérica, la elección de 2026 se desarrolla bajo un clima de erosión del consenso político. El debilitamiento del sistema de partidos, la fragmentación legislativa y el malestar por el costo de vida han reducido el margen de maniobra del Ejecutivo. La campaña estará marcada por el debate entre preservar el modelo social costarricense o cambiar el sistema de previsión social de ese país hacia un modelo más privado, en un país en donde la confianza en las élites políticas ya no es incuestionable.
Perú llega a 2026 en una situación de crisis crónica. Desde 2016, ningún presidente electo ha logrado completar su mandato sin enfrentar procesos de destitución, renuncia o judicialización. Las elecciones presidenciales se proyectan como un episodio más de una inestabilidad estructural, donde el problema central no es la falta de elecciones, sino la incapacidad del sistema para producir gobiernos legítimos y funcionales. La fragmentación extrema del Congreso y la desconfianza ciudadana convierten la gobernabilidad en el principal desafío, independientemente del resultado.
En Colombia, las presidenciales de 2026 se caracterizarán por un referéndum a favor o en contra del gobierno de Gustavo Petro, el primer presidente de Colombia que hizo parte de un movimiento armado de ese país. El país enfrenta una evaluación ambivalente de las promesas de cambio: avances en inclusión social conviven con un deterioro en seguridad, una negociación inconclusa con actores armados y tensiones fiscales persistentes. La elección será marcada por la polarización entre por un lado, la viabilidad de un proyecto reformista en un Estado históricamente atravesado por el conflicto, y por el otro la voluntad de regresar a un orden anterior, mucho más enfocado en el combate a los grupos armados y en el acercamiento con los Estados Unidos.
El caso de Haití representa el escenario más crítico. Si las elecciones previstas logran concretarse, lo harán en un contexto de colapso estatal, control territorial de bandas armadas y una fuerte dependencia de actores internacionales. Más que una competencia política convencional, los comicios haitianos plantean una pregunta existencial: si es posible reconstruir legitimidad democrática sin un mínimo de seguridad y soberanía efectiva. La elección será observada no sólo como un proceso nacional, sino como un desafío regional e internacional.
Finalmente, Brasil concentra la mayor atención regional. Las presidenciales de 2026 estarán atravesadas por la disputa entre continuidad y ruptura tras un periodo de alta polarización. El país enfrenta una derecha fragmentada, una extrema derecha en proceso de redefinición y un oficialismo que depende de resultados económicos y sociales concretos para sostener su proyecto. Dada la centralidad de Brasil en América Latina, su elección tendrá efectos directos sobre la integración regional, la agenda ambiental y el posicionamiento frente a Estados Unidos y China.
Desde una perspectiva geopolítica, estas cinco elecciones ocurren en un momento de competencia estratégica entre potencias. Estados Unidos busca reforzar su influencia en seguridad, migración y estabilidad democrática, mientras China profundiza su presencia económica. Los resultados electorales influirán en los alineamientos externos, aunque la mayoría de los países intentará mantener márgenes de autonomía en un mundo cada vez más polarizado.
En conjunto, las presidenciales de 2026 no anuncian una nueva hegemonía ideológica en América Latina, sino una etapa de transición marcada por la fragilidad. El desafío común no será solo ganar elecciones, sino reconstruir gobernabilidad, legitimidad y capacidad estatal. En un continente donde votar ya no garantiza estabilidad, el verdadero interrogante de 2026 es si la democracia logrará adaptarse a las expectativas de sociedades cansadas de promesas incumplidas.

* Miembro de la Unidad del Sur Global de la London School of Economics (LSE)

X: @Gaspard_Estrada